La primera gran victoria

El 9 de septiembre de 1947 se abrió el camino para que las mujeres pudieran ejercer su derecho al voto, que pudo concretarse cuatro años años después. Un recorrido por la lucha de las sufragistas y el rol de Evita en esta conquista que es un hito en la historia feminista argentina.  

Por María Alicia Alvado para Quirón

Eva Duarte de Perón en Olivos se dirige a las militantes justicialistas. Fotos AGN

Con simulacros de votos, miles de telegramas dirigidos a los despachos legislativos, congresos internacionales y protestas callejeras, las sufragistas argentinas ya llevaban más de 40 años reclamando por su derecho al voto cuando el 9 de septiembre de 1947, el Congreso sancionó la ley 13.010 de sufragio femenino, un hito de la vida democrática de la Argentina y del movimiento de las mujeres.

Tuvieron que pasar cuatro años -11 de noviembre de 1951- para que millones de mujeres estrenaran por primera vez este derecho cuando fueron las elecciones presidenciales y legislativas, en el marco de las cuales, y por primera vez también, decenas de mujeres se postularon y resultaron electas a diferentes cargos.

Primer ensayo del voto femenino en el año 1920. Foto AGN

Durante estas cuatro décadas de espera, las mujeres habían visto pasar la sanción de una ley de voto “universal” (Saénz Peña) -que sin embargo excluía a la mitad de la población-, la reforma del Código Civil de 1926 -que las igualaba en derechos en muchos aspectos con los hombres pero no en materia de elegir y ser elegidas-, una media sanción de ley nacional –que quedó cajoneada en Senadores- y al menos 22 proyectos de ley que naufragaban uno tras otro por falta de voluntad política.

“El movimiento sufragista en Argentina surge con la fundación del Consejo de las Mujeres por parte de la primera mujer en obtener el título de médica, Cecilia Grierson,  que lo crea al regresar del Segundo Congreso Internacional de Mujeres en Londres”, explica la historiadora Araceli Bellota a Quirón.

La autora de Julieta Lanteri y El peronismo será feminista o no será nada recuerda que esta organización derivó hacia 1904 en la Asociación de Universitarias Argentinas que organizó el Primer Congreso Femenino Internacional que se llevó a cabo en Buenos Aires en 1910, con el reclamo sufragista como uno de sus ejes centrales.

Un año después, el 26 de noviembre de 1911, la también médica Julieta Lanteri se convierte en la primera mujer latinoamericana en emitir un voto, al participar de las elecciones legislativas de la ciudad de Buenos Aires aprovechando la imprecisión de una convocatoria de reempadronamiento.

“Ella se presenta a un concurso para ayudante de cátedra en la Facultad de Medicina y la rechazan porque había nacido en Italia y no tenía carta de ciudadana. Entonces tramita la ciudadanía y cuando en 1911 la ciudad convoca a un reempadronamiento resulta que ella cumplía todos los requisitos para votar porque era mayor de edad, profesional, vivía en Buenos Aires y pagaba impuestos”, sigue Bellota.

La insólita escena de una mujer votando tuvo lugar solo porque los agarró desprevenidos a los funcionarios al solicitar su inscripción en el padrón por vía judicial, pero cuando quiso repetir esa situación ya no pudo, porque a través de una nueva ordenanza municipal se había establecido que el enrolamiento tomaría como base la conscripción militar obligatoria. “Ella pidió ser enrolada ante los registros militares y ante el ministerio de Guerra, pero la rechazaron”.

Cuando el año siguiente se aprobó una ley de sufragio universal, la denominada Ley Saénz Peña, las mujeres siguieron quedando afuera. Bellota explica que “el voto femenino no fue un tema de discusión durante el debate a pesar de que dos años antes había tenido lugar en Buenos Aires el Primer Congreso Femenino Internacional y de lo que había trascendido la acción de Julieta Lanteri del año anterior”.

Mujeres votando por primera vez en 1951. Museo Evita- Archivo Nacional de la Memoria

En 1918 se fundan diferentes organizaciones con el impulso al voto femenino como principal denominador: la Unión Feminista Nacional encabezada por Alicia Moreau de Justo y la Asociación pro Derechos de la Mujer de Elvira Rawson de Dellepiane.

Pero también se funda el partido Feminista Nacional que en 1920 postula a Julieta Lanteri como diputada nacional, quien se transformó así en la primera mujer en candidatearse a un cargo electivo, aprovechando que ni la Constitución Nacional ni la ley electoral incluían interdicciones de género. “Las leyes decían que las mujeres no podían votar pero no decía que no podían ser elegidas, con ese argumento se presentó a elecciones generales”.

Alicia Moreau creó en 1907 el Comité Pro Sufragio Femenino. Foto AGN

En esos comicios en que cosecharon poco más de mil adhesiones de votantes masculinos, el Comité Pro Sufragio Femenino creado por la socialista Alicia Moreau en 1907, la acompañó organizando un “simulacro” o “ensayo” de voto.

Bellota explica que se armaban las mesas para mujeres junto a las de varones durante el comicio para visibilizar la injusticia y las mujeres concurrían a votar, pero esos resultados no eran tenidos en cuenta para el cómputo de resultados; aunque ellas no pasaban desapercibidas para la prensa que “les tomaban el pelo y les recriminaban sobre el supuesto mal que hacían a la democracia jugando al voto”.

Pero antes de 1947 hubo una provincia que permitió votar a las mujeres.“En la ciudad de San Juan había voto femenino desde 1862 cuando se instituyó el voto femenino calificado que a partir de 1914 se amplía a sin calificación. Esta política tuvo continuidad durante la gobernación de (Federico) Cantoni, que en 1927 otorga a las mujeres los mismos derechos políticos que los varones a través de una reforma de la constitución provincial”, recuerda la historiadora, que atribuye a Domingo Faustino Sarmiento y su “normalismo” las medidas que “posibilitaron la irrupción de la mujer en el espacio público en San Juan a través del magisterio”.

En 1932, por primera vez un proyecto de sufragio femenino, el presentado por el diputado socialista Mario Bravo, logra media sanción de diputados pero el Senado nunca lo trata y pierde estado parlamentario. “El Senado representaba el conservadurismo de las provincias, igual que lo sigue siendo ahora como quedó demostrado con la ley del aborto en 2018”, argumenta la historiadora.

Hubo que esperar 33 años desde entonces para que el sufragio “universal” también incluyera a las mujeres, a pesar del ejemplo cercano de otros países latinoamericanos como el vecino Uruguay, que había habilitado el voto femenino en 1927. ¿Por qué? “Falta de voluntad política”, resume Bellota.

Participación de las mujeres en el acto multitudinario en Plaza de Mayo, donde se anuncia la Ley 13.010. Foto AGN

“Tuvo que llegar el peronismo con su clara decisión de hacer realidad el voto femenino, ya evidente desde el discurso de asunción a la primera presidencia de Juan Domingo Perón, que plantea la necesidad de dar participación política a las mujeres”, destaca y remarca las enormes distancias con el radicalismo que hasta la sanción del voto femenino no admitió afiliadas en su partido a pesar de que ellas habían participado de todas las revoluciones.

Para cuando Juan Perón accedió a la presidencia, el país se había comprometido a dar ese paso con la firma de las Actas de Chapultepec rubricadas un año antes, en 1945. No obstante, el gobierno peronista iba a elegir avanzar con decisión en ese sentido, lo que quedó claro desde el discurso de asunción y se confirmó en la cruzada protagonizada por Eva Perón.

“Eva no hizo más que tomar la posta de las luchas anteriores pero estuvo en el momento justo y el lugar adecuado y lo hizo como parte de un movimiento que incluyó a las mujeres en un proyecto de país. Entonces ya no fueron solo las mujeres las que peleaban por sus derechos con apoyo del gobierno, sino un movimiento entero que luchaba por los excluidos, entre ellos las mujeres. Y por esa razón fue el peronismo que lo pudo llevar adelante”, analiza Bellota.

Sin embargo, algunas de las históricas referentes feministas que venían militando el sufragio femenino no estaban de acuerdo con equiparar totalmente los derechos políticos de hombres y mujeres de una sola vez como proponía el proyecto oficial,  propugnaban proyectos gradualistas que inicialmente solo habilitaran a ellas a participar de comicios locales.

“Paradójicamente, las mujeres que habían participado en la lucha por el voto, cuando irrumpe el peronismo, quedan de la vereda de enfrente porque nada querían aceptar que viniera del peronismo”, cuenta la historiadora para quien ahí esta clave hay que entender los cuestionamientos de Eva al feminismo.

“Cuando Evita decía no soy feminista, estaba diciendo no soy Alicia Moreau, las radicales, las socialistas que la habían atacado desde que entró en esta lucha”, interpreta la historiadora. Es que “en Argentina este debate estuvo cruzado por el antiperonismo”, porque, de lo contrario, “no tiene ninguna lógica” que Alicia Moreau o Elvira Rawson no apoyaran el proyecto oficial.

Por otra parte, analiza Bellota, el feminismo de Eva “se corrobora en los hechos” que la muestran siempre “militante” en la ampliación de derechos y negándose a asumir un rol meramente “decorativo” como correspondía hasta entonces a las esposas de los presidentes. “Lo de Eva fue brutal, porque ya que la mujer del futuro presidente se subiera a un tren en campaña pero que además fuera actriz y muy joven, implicaba comenzar a dar vuelta todo como una media. Y cuando Perón alcanza la presidencia y la quieren encorsetar en el rol de primera dama, ella no lo permite. ¡Y encima después se manda semejante fundación de ayuda social que nunca más se volvió a repetir!”.

Evita enferma emitiendo su voto. Foto AGN

Para la sobrina nieta de Eva Perón y diputada Nacional, Cristina Álvarez Rodríguez, una de las cosas más admirables en su tía abuela es haber elegido ser una militante política en esa época “con todas las dificultades que las mujeres aún hoy tenemos para abrirse paso en este ámbito, siendo que le hubiera sido cómodo ser primera dama”.

Finalmente, la norma se aprobó el 9 de septiembre de 1947 tras un arduo debate legislativo donde los detractores recurrieron a argumentos “impactantes, desde el inferior peso del cerebro de las mujeres hasta que las familias se iban a separar por las discusiones que generaría la participación política de las mujeres”, explica la diputada.

Tras haberla militado en actos, discursos radiofónicos y hasta con su presencia en el recinto a la hora de la votación, Eva Perón protagonizó el acto de promulgación de la ley de sufragio femenino el 23 de septiembre de 1947 donde ofreció un memorable discurso ante una multitud efervorizada.

“Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos una larga historia de lucha, tropiezos y esperanzas. ¡Por eso hay en ella crispaciones de indignación, sombras de ocasos amenazadores, pero también, alegre despertar de auroras triunfales!…Y esto último, que traduce la victoria de la mujer sobre las incomprensiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional, sólo ha sido posible en el ambiente de justicia, de recuperación y de saneamiento de la Patria, que estimula e inspira la obra de gobierno del general Perón, líder del pueblo argentino”, dijo entonces.

De estreno, las mujeres concurrieron masivamente a las urnas el 11 de noviembre de 1951. “Fue un día de júbilo, con largas colas de mujeres nerviosas donde pudo verse a personajes populares como Mirtha Legrand, Tita Merello y Zully Moreno votando felices”, rememora Bellota.

Eva fue “alma y nervio del voto femenino en la Argentina -analiza Álvarez Rodríguez- cuyo objetivo iba más allá de posibilitar ese ejercicio cívico y apuntaba a la integración plena de las mujeres a la vida política y pública del país.

Según el historiador Hernán Toppi, el padrón pasó de 3.405.173 electores a 8.613.998 en 1951 por la incorporación de las mujeres, que en más de un 90% concurrieron a emitir su voto. “Pero no solo en este aspecto se vio el impacto del voto femenino; también lo encontramos en la arena representativa. Ingresaron al Congreso Nacional las primeras parlamentarias: 23 en la Cámara de Diputados (15,4% del total) y 6 en el Senado (20%). Estas cifras aumentaron en 1955, con 34 diputadas (21,7% del total) y 8 senadoras (22,2 %)”, escribe en su trabajo monográfico reciente.

“Ocurre que internamente el PJ tenía un protagonismo de mujeres muy fuerte y las listas se conformaron con un 33% aportado por sindicatos, otro 33% por el partido peronista femenino y el resto por la rama masculina, que eran los tres conductores del movimiento. Por supuesto que esto no se dio por ley de cupos sino por el entusiasmo de las compañeras de todo el país”, cuenta Álvarez Rodríguez.

Distintos estudios sobre la proporción de mujeres ocupando cargos como diputadas o legisladoras, permiten advertir que ese porcentaje de participación cae abruptamente tras el golpe de 1955 y hay que esperar hasta mediados de los 90 o principios de los 2000, tras la ley de cupo de 1991, para encontrar una proporción de mujeres superior al 20%.

Con sus altibajos, a partir de 1947, “no nos detuvimos más y la paridad de hoy la tenemos que militar constantemente para que se haga efectiva cada día y las mujeres sigamos inaugurando espacios que aún les están vedado”, cierra la diputada.

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