Legislativas 2021. Una elección clave

Todo parecía indicar que las legislativas 2021 no serían determinantes, sin embargo el sorpresivo resultado de las PASO desató un poderoso y complejo entramado de intereses económicos y políticos ocultos. La elite cree que el ciclo del gobierno está agotado y apuesta por una transición.

Por Walter Darío Valdez Lettieri

Imagen: Gentileza Taquion

Lejos del “barro” local, el presidente Fernández consiguió hoy, uno de los mayores logros de su gestión. El G 20 incluyó en su documento final, una mención donde recomienda al Fondo Monetario Internacional, revisar su política de sobre tasas a países deudores, aspecto planteado en la cumbre por Argentina y que, de concretarse, permitiría al país ahorrar unos USD 10.000 millones en concepto de intereses de deuda y gozar de una poderosa bocanada internacional de aire fresco.

Dicho logro pone de manifiesto que es posible negociar con cierta dureza ante nuestros acreedores externos. No solo por nuestra propia fortaleza, valentía y patriotismo, que los hay, sino más aún porque, las naciones más poderosas del mundo no desconocen que hay límites locales ante los ajustes fiscales sugeridos y que en definitiva, el peronismo siempre pagó deudas y funcionó en hechos, como una válvula de escape capaz de motorizar la indignación popular, tornándola esperanza.

Sin embargo, en este lado del mundo, el clima político se enrareció. A pesar que aún resta conocerse el veredicto definitivo de las urnas ante lo que alguna vez el presidente Fernández, equivocado y muy arriesgado, postuló como un plebiscito de su gestión, el poder real, operando desde los márgenes y las sombras, da rienda suelta a un espíritu conspirativo y desestabilizante.

Desde las PASO, pero especialmente desde hace un par de semanas, crecen las operaciones que buscan desgastar al gobierno nacional y, sobre todo, condicionar el rumbo de sus políticas durante los dos años que aún restan para culminar su mandato legítimo y democrático.

Sin ir más lejos, el pasado viernes, con gran insistencia y clara intencionalidad, circularon entre banqueros, empresarios, inversores y el poder político local, diferentes “papers” de análisis político y económico cuyas conclusiones, en términos generales, son casi las mismas.

Gobierno “débil y derrotado” coalición oficial “inestable y endeble, cuya supervivencia dependerá del resultado electoral” ciclo político “agotado” necesidad de “reformas estructurales y consensos de largo plazo” donde prime la “moderación” y NO la radicalización que el establishment, al mejor estilo marcartista asocia al kirchnerismo y tilda de “comunista” y “antiempresaria”.

Dichos informes reservados, en cuya redacción se aprecia claramente la mano de periodistas avezados, ofrecen un inocultable espíritu destituyente el que, en rigor, pretende marcar la cancha donde se disputará un incierto partido, cuyo final legítimo debiera ser 2023, pero que la elite sin sonrojarse pretende abreviar.

De cara al fututo mediato, y desde una perspectiva política, el poder real pretende (e imagina) una Argentina donde queden marginados del escenario político, los 2 principales referentes que polarizan al electorado: léase Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner y que a partir allí, se establezcan nuevos consensos y liderazgos que marquen la agenda 2023/31 y sean asumidos como propios, por el resto del espinel  políticamente moderado que dispute en el futuro, una sucesión presidencial: el peronismo “responsable” (gobernadores/intendentes/CGT) y toda la oposición, con excepción, claro está, de las expresiones de izquierda.

Tales consensos, cuidadosamente instalados por la derecha local, serán legitimados mediante un aparente “sentido común” que avalado presuntamente por la mayoría de nuestra sociedad, buscará consolidar el modelo agroexportador, las rentas del sistema financiero y el desarrollo de minúsculos nichos exportadores de conocimiento.

El objetivo económico es concreto y evidente. Dado que Juntos ya les comunicó que no disponen de ningún “Remes” a la vista, se pretende que sea el actual gobierno nacional quien asuma en lo que le resta de mandato, el costo político, electoral y social derivado del cumplimiento de los “deberes” económicos recesivos que reclaman.

Megadevaluación, reforma laboral, reducción del déficit fiscal y baja de impuestos, entre otros, requisitos indispensables para cerrar un acuerdo con el FMI, organismo que bien vale recordar, nunca aportó soluciones sino que es origen de nuestros problemas y artífice de la consolidación de las desigualdades a escala global.

Si en su negociación con el organismo multilateral de crédito, Argentina no logra imponer ciertos límites a las exigencias del fmi y firma un acuerdo diseñado según los habituales lineamientos básicos que rigen en la institución, el “plan” consolidará un fogonazo inflacionario de consecuencias sociales penosas y sumamente peligrosas.

Y cabe preguntarse: Si es derrotado en Noviembre (más de diez puntos de diferencia a nivel nacional) Qué perspectivas de éxito tiene realmente el gobierno nacional en dicha negociación? Nuestra frágil memoria no debería pasar por alto que el FMI, con cierta complicidad de la elite local, es una institución que ya se ha llevado puesto a más de un gobierno democrático, negándole asistencia cuando más la necesitaba…

El fondo monetario no actúa solo ni es el único villano en esta historia. El organismo que encabeza Kristalina Georgieva es, en primera instancia, el ámbito donde los países centrales establecen las reglas de juego que los dependientes deben aceptar si pretenden “insertarse en el mundo” promesa que nunca se transforma en realidad, pues los mercados estadounidense y europeos jamás eliminan su protección al ingreso de mercancías industrializadas y de alto valor agregado, producidas en naciones dependientes.

Asimismo, esta arquitectura económica global, profundiza la dependencia y pérdida de soberanía de la periferia, la cual, negocia ante los grandes bloques comerciales, de manera independiente y sin formar un frente común, recortando su margen de maniobra y la posibilidad de acceder a entendimientos económicamente justos y socialmente inclusivos.

En segundo lugar, el fmi es parte de una arquitectura financiera internacional establecida y promovida por el conjunto de acreedores globales y que ha sido diseñada por dichos sectores, en su propio beneficio.

Los datos no dan lugar al error ni a interpretaciones falaces de la realidad: Desde que asumió en Diciembre 2019, el gobierno que encabeza el pdte. Fernández, Argentina pagó al FMI US$ 4.174 millones. De ellos US$ 2.282 millones se abonaron en concepto de intereses y US$ 1.892 millones para honrar capital, desembolsos que se realizaron usando reservas líquidas del BCRA y que, al no recibir el país ingreso de dólares “frescos” redujeron el margen de maniobra económico del gobierno de Frente de Todos.

Es tan complejo el panorama que nada permite presagiar que un acuerdo con el fmi, le permita al país recuperar la “confianza” perdida en los mercados financieros mundiales, porque el motivo de dicha “desconfianza” es principalmente político y en segunda instancia económico.

A coro y en prime time, voceros de la elite afirman buscando confundir y sembrar mayor incertidumbre, que tras la elección el gobierno se radicalizará e “irá por todo” pero vale analizar, si no lo hizo hasta ahora, con una composición en ambas cámaras que le es favorable, menos podrá hacerlo desde diciembre, cuando, si el resultado de las PASO se repite, sus bloques parlamentarios tendrán menos integrantes tanto en Diputados como en la Cámara de Senadores.

A tal punto llegó la jugada que la propia Cristina Fernández de Kirchner aclaró días pasados, desde un lugar emblemático como la ESMA y en un mensaje donde bajó línea ante la juventud de La Cámpora, que el capitalismo es «el sistema más eficiente» y que para “bajarle el precio, la acusan de ser de izquierda pero que ella en realidad NO es de izquierda ni Kirchnerista, sino peronista.

Sus palabras, que sorprendieron a más de un militante, se alinean con cierto malestar que, según aseguran algunas fuentes del oficialismo generó en Cristina y gran parte del gobierno, el discurso que el pasado 17 de Octubre, pronunció Hebe de Bonafini en Plaza de Mayo, donde la referente de Madres cuestionó al pdte, y repudió el pago de la deuda al fmi.

La existencia de aquellos dos actos y en especial sus notorias diferencias de enfoque y sustrato político, abonó las especulaciones en torno a una hipotética ruptura de Frente de Todos, según el resultado de las próximas elecciones. La lógica indica que , en la medida en que Juntos se mantenga unido, la coalición de gobierno también debería hacerloPero el peronismo, cuyo menú es rico en matices pero también en sapos y traiciones, ha dado muestras suficientes a lo largo de su rica su historia, de su debilidad por priorizar liderazgos a proyectos y apostar siempre a ganador.

Por eso, debemos volver al principio de esta nota y repetir que la elite pretende dividir al peronismo, para que retome las banderas que supo levantar durante los noventa. Por ello, lo que a priori parecía una elección más, casi sin importancia, de pronto emerge ante la sociedad como un comicio de trascendencia capital, sobre todo para los sectores populares, los necesitados y postergados de siempre.

Inútil es negar que el gobierno nacional, en parte por inacción, pereza y sobrestimación de lo que imaginaba traccionaría por sí sola su marca, aportó lo suyo para haber llegado a este nivel de desgaste y descrédito electoral. También que, con el diario del lunes siempre es más fácil, haber consentido que Alberto Fernández sea quien encabece la boleta en 2019 quizá resultó un error no deseado aunque probablemente por la certeza de conocer solo con los votos kirchneristas era imposible evítar la reelección de Mauricio Macri.

Pero a la vez es necesario no olvidar que el país debió afrontar una pandemia inimaginada que trastocó los planes de la coalición y que sumada a la “pandemia macrista” derrumbó la economía y generó el germen de la derrota: un descontento social que barrió con el simple llamado a la esperanza y la “vida que queremos” Nunca es fácil “vender” esperanza cuando la pobreza alcanza al 40% de la sociedad y ella percibe incluso que el futuro será peor aún.

Un par de semanas nos separan de una elección que, al igual que la acontecida a mediados de 2001, definirá como se estructurará “la política” ante la nueva crisis de acumulación que padece nuestro país. Frente de Todos se entusiasma y aferra a ciertas encuestas que advierten que, en Provincia de Buenos Aires, la brecha en favor de Juntos se está acortando, pronóstico que avala la tesis de los más optimistas: dar vuelta la elección aún es posible.

Y necesario.

Gentileza: Macondo 2021

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