Medios afines a la derecha

Con un total de 11 horas de aire, Juntos fue el partido político con mayor cantidad de referentes entrevistados en radios y TV de AMBA, durante el lunes post electoral. En segundo lugar Frente de Todos con 648 minutos y tercero La Libertad Avanza con 153 minutos de aire. Los datos, relevados por la consultora Ejes de Comunicación, muestran el claro posicionamiento político opositor que asumió la prensa hegemónica, tras las Legislativas 2021.

Por Walter Darío Valdéz Lettieri

Según un relevamiento cuantitativo elaborado por la consultora Ejes de Comunicación durante el Lunes 15 de Noviembre, la alianza opositora Juntos, con una exposición total de 11 horas de aire, resultó ser el espacio político con mayor cantidad referentes entrevistados por emisoras de radio y canales de TV de AMBA. El segundo lugar correspondió al oficialista Frente de Todos con 648 minutos y el tercero a La Libertad Avanza con una participación de 153 minutos de aire, relegando al último lugar a los dirigentes del Frente de Izquierda Unidad, Myriam Bregman y Alejandro Vilca con apenas 73 minutos de participación.

El trabajo muestra que Martín Tetáz de Juntos, con 11 salidas en Radio y TV y 110 minutos de exposición pública, fue el dirigente más consulado por los medios hegemónicos monitoreados, seguido de Javier Milei con 7 salidas que sumaron un total de 94 minutos de aire. Patricia Bullrich ocupó el tercer lugar con 5 apariciones y 83 minutos mientras que en cuarto lugar figuró José Luis Espert, con la misma cantidad de salidas, pero con menos tiempo de aire (72 minutos) Victoria Tolosa Paz, diputada electa por Frente de Todos se ubicó recién en el puesto 5º, con 4 salidas y un total de 65 minutos de “éter”.

Mientras el show televisivo priorizó los testimonios opositores de Bullrich (78 minutos) Espert (66 minutos) Tetáz (58 minutos) Diego Santilli (52 minutos) y relegó al oficialista Daniel Arroyo (43 minutos) al quinto lugar entre los más requeridos, la radiofonía de AMBA se mostró algo más pluralista al optar por Milei (80 minutos) Tetáz (52 minutos) el Gobernador Axel Kicillof (39 minutos) Juan Grabois (36 minutos) y Carolina Losada (35 minutos) como los 5 dirigentes más entrevistados tras las Legislativas 2021.

Aunque justo es reconocer que en esta oportunidad los medios hegemónicos se mostraron algo más amplios en relación a como lo hicieron hasta las elecciones, comportamiento que oportunamente analizamos en nuestro artículo Pensamiento Unico la batalla por la construcción de sentido, se mantuvo intacta más allá de haber culminado la campaña electoral.

El fenómeno correlaciona con lo que técnicamente se conoce como la teoría de la «agenda setting» Propuesta por los profesores estadounidenses Maxwell McCombs y Donald Shaw, describe un proceso según la cual, las audiencias se nutren «libremente» de las cuestiones (issues) ofrecidas por los medios de comunicación, como materia prima para construir y estructurar su propia agenda. De este modo, la agenda de los medios se transforma «mágicamente» en agenda y opinión pública induciéndola cuanto menos, a transitar un camino que culmina en el «en que debe pensar».

Ahora bien, cabe preguntarse ¿quiénes y en base a qué elementos diseñan la agenda mediática? A priori es un territorio donde despliega su labor la sociología política, ámbito que intensifica su trabajo y relevancia, en las cercanías de todo proceso electoral a nivel global, pues son los medios (y hoy las redes sociales) el campo de batalla donde los diferentes candidatos pujan por captar voluntades dentro del electorado.

No obstante, la ciencia social referida, apenas si participa en el encuadre (framing) de aquella agenda, pues en última instancia son los propios accionistas controlantes de los medios, que paralelamente suelen tener también intereses societarios diversificados en organizaciones financieras, energéticas, tecnológicas, etc. quienes «sugieren» el famoso Qué? Cómo? Cuándo? Dónde? y Por qué? a la opinión pública. Y no lo hacen por simple altruismo, sino por motivos netamente económicos y corporativos, por tanto eminentemente políticos.

En rigor no cabe esperar otra conducta por parte de quienes confunden deliberadamente libertad de prensa con libertad de empresa y, en su fuero más íntimo, prefieren la consolidación de un modelo económico neoliberal monitoreado y dependiente del Fondo Monetario Internacional (FMI) que ha fracasado ya en cuatro oportunidades durante los últimos 50 años, ya sea en manos de gobiernos autoritarios como lo fue la última dictadura militar (1976/83) como electos por el voto popular: tales los casos del menemismo (1989/99) la Alianza (1999/2001) y el macrismo (2015/19).

Son precisamente esos medios de comunicación, quienes premeditadamente «formatearon» audiencias para las cuales la política no es la mejor herramienta para transformar la realidad, sino una casta que se abroquela en torno a sus privilegios, gastos superfluos y donde reina la corrupción, aspectos obviamente repudiables y que desde ya merecen un abordaje y ejemplar castigo judicial y social, el cual muchas veces no llega, dada la complicidad de medios y tribunales para con la defensa de los intereses que enarbolan las elites.

“La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria. El resultado es una mezcla de enfado y miedo” opina el lingüista, filósofo, politólogo y activista Noam Chomsky, quien responsabiliza directamente al neoliberalismo hegemónico por semejante deterioro. «La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie».

Como también ya hemos dicho, el “nado sincronizado” e interesado de los medios, que en la práctica ofician como voceros del poder real en Argentina, no justifica en absoluto los magros resultados económicos que tiene para mostrar la Administración Fernández, pero sin dudas, en una época caracterizada por la confluencia de una crisis sanitaria, económica, medioambiental y social que afecta al mundo entero, la influencia de los medios de comunicación tiene su relevancia y su porque.

Bien lejos en el tiempo han quedado los postulados del filósofo Emanuel Kant, quien en su artículo de 1784 ¿Qué es la ilustración? postulaba: «La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro»

Aquella imaginada sociedad racional e independiente, en virtud de su saber y su fácil acceso al conocimiento empírico, en la actualidad apenas si se reduce a una formulación pertinente solo en el ámbito de la historia y la teoría. Hoy, a pesar del desarrollo científico y tecnológico (¿o en virtud de él?) el conocimiento está al alcance de nuestras manos, a un simple click, sin embargo vivimos en una democracia que, apenas formal y cuya legitimidad (triste es reconocer) parece atravesar por una etapa de franca decadencia, forjó individuos desencantados, pesimistas, egoístas, “sociedades líquidas” pueblos de memoria frágil y a los que directamente poco y nada les interesa tenerla.

Ese quizá sea el más nefasto y perverso «aporte» que puedan atribuirse los sesgados medios de comunicación de masas, tanto en Argentina como en el mundo entero. Ya no su apego por la calidad profesional, la rigurosidad en el tratamiento de datos ni la pulcritud en el uso del lenguaje, este último un aspecto del que en el pasado se jactaban los periodistas y editores, sino su capacidad para construir una posverdad, donde como bien define la Real Academia Española se produce una «Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales«

Un colectivo social que juzga y se comporta individual, social y políticamente a partir de sus emociones, que prefiere esquivar al pensamiento crítico (sino al propio pensamiento) y que, al informarse, se contenta con recibir material previamente “rumiado” por presuntos especialistas y analistas que, a pesar de ser interesados y en muchos casos haber sido notables protagonistas del pasado reciente de nuestro país, se los considera independientes e infalibles, por el simple hecho de confirmar los prejuicios que anidan en sus audiencias.

Aquí, es el “kirchnerismo” quien más padece los efectos de la construcción de dicha posverdad, siendo recurrentemente señalado y estigmatizado como único responsable del atraso, la falta de libertades y la decadencia de la “República”, a pesar de haber gobernado respetando la Constitución Nacional, la propiedad privada y las elecciones libres, bases de la democracia liberal hegemónica en el llamado “mundo libre”.

Comunicadores y analistas tamizan todo su análisis político, buscando solo complacer a su opositora audiencia. Tal encuadre, sesgado e intencional, siempre concluye en la inminente desaparición de aquel espacio («pase a retiro» que quizá merezca alguno de sus dirigentes) desoyendo que aproximadamente un 30% la sociedad lo avala al sufragar. Sus consideraciones, que insisto se pretenden objetivas, soslayan que los sectores sociales que lidera el kirchnerismo, son en su gran mayoría los excluidos y postergados en la pirámide de ingresos. Aquellos que el libre mercado descarta y a los que niega respeto por sus derechos sociales y ciudadanos.

Chomsky nos ayuda a completar la idea de un modo contundente: «El neoliberalismo existe, pero solo para los pobres. El mercado libre es para ellos, no para nosotros. Esa es la historia del capitalismo. Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas, pero con los valores invertidos. Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege».

Tal exclusión, hace de dichos sectores postergados, un núcleo duro que, en tanto el crecimiento económico no les sea inclusivo, siempre será netamente opositor de quienes pregonan que solo el mercado, es capaz de «organizar» de manera eficiente y justa a nuestra sociedad.

Un conglomerado social al que poco le importa la construcción de sentido que impulsan los medios, pero que, aún cuando entre sus principales pecados pueda percibirse cierto grado de soberbia por creerse invencibles, deja afuera de “la tribu” al 70% restante de la sociedad.

Y es allí, en ese 70% de «terreno fértil» donde operan despiadadamente los medios de comunicación y las redes sociales, propagando su interesada posverdad, cuya consecuencia directa es consolidar el rechazo social y electoral para con la fuerza que, aún con sus inconsistencias, mejor representa la defensa de los intereses de los más humildes.

«La democracia es la dinámica del desacuerdo» nos dice Jacques Ranciére, filósofo y profesor de política y estética francés, al tiempo que, en su obra, destaca y concluye que el conocimiento no es un valor exclusivo de las elites ni de quienes tienen acceso a la educación superior.

Aún cuando estas se presenten socialmente como abanderadas de una verdad absoluta e irrefutable y no contaminadas por “la política” a quienes falazmente repudian, en realidad su principal objetivo es acceder al manejo político de los resortes de decisión del estado, para aplicar un programa de gobierno en beneficio propio y de sus sectores vinculados.

El neoliberalismo, casi como si se tratase de un credo religioso, promete el bienestar futuro solo en la medida en que la sociedad acepte digerir un trago amargo y un enorme e inmediato costo social, que solo padecen las amplias mayorías populares, a quienes recomienda paciencia y les vende «esperanza» para que sepan aguardar mansamente por un presunto “derrame” que nunca llega.

Como bien afirma el también filósofo francés Louis Althusser, en su obra «Ideología y aparatos ideológicos del Estado» escrita en 1970, cuentan para ello con ávidos “profesionales de la ideología” que escondiendo la propia, buscan construir una sociedad «no ideológica».

Voceros que cual músicos que brindan cotidianamente un “concierto dominado por una partitura única: la de la ideología de la clase actualmente dominante que integra en su música interés general como nacionalismo, moralismo y economicismo” describe Althusser, contribuyendo a erosionar la defensa de los intereses propios de los sectores populares, instándolos a aceptar “lo posible” como único modo de afrontar la crisis poniendo en riesgo de este modo, las propias bases de la convivencia democrática y plural.

Un intento que padecemos a diario, a pesar de que la realidad los contradiga y desnude que detrás de todo sujeto aparecen las ideologías, pues para que el objetivo que se propone la elite llegue a buen puerto, debe darse ante todo un postulado básico: que sigan existiendo trabajadores «pacientes» y «moderados».

Para explicarlo permítanme citar una vez más y a modo de cierre a Louis Althusser: “La condición sine qua non de la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo radica en la reproducción de su «calificación» sino también en la reproducción de su sometimiento a la ideología dominante, o a la «práctica» de esa ideología” que claramente atenta contra sus propios intereses.

Gentileza: Macondo 2021

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