Descubren los restos de un ictiosaurio de 18 metros

Los ictiosaurios eran grandes reptiles marinos con aspecto de pez y delfín. Durante el Triásico, evolucionaron a partir de reptiles terrestres aún no identificados que volvieron al agua, en un proceso análogo al que debieron sufrir delfines y ballenas.

Por Alcides Blanco para Noticias La Insuperable

Uno de los investigadores junto al cráneo de Cymbospondylus youngorum – Martin Sander

Un equipo internacional de investigadores ha descubierto en las montañas de Nevada (EE.UU.) los restos de un ictiosaurio, un reptil nadador, de hace 244 millones de años que alcanzaba unos 18 metros de longitud, rivalizando en tamaño con algunas de las ballenas modernas más grandes. Solo su cráneo, que pudo ser recuperado en muy buen estado de conservación, era tan grande como un piano.

Los ictiosaurios estuvieron entre los primeros vertebrados en invadir los océanos después de la extinción masiva del Pérmico-Triásico hace 252 millones de años, que causó la desaparición de tres cuartas partes de todas las especies terrestres y alrededor del 95% de todas las del océano. Estos animales, sin embargo, persistieron durante la mayor parte del Mesozoico, hasta hace unos 90 millones de años cuando desaparecieron probablemente por el cambio climático.

A pesar de ser muy temprana, la nueva especie (Cymbospondylus youngorum), descrita en la revista ‘Science‘, ya era excepcionalmente grande. Para los investigadores, lo más interesante es que evolucionó solo unos 2,5 millones de años después de la aparición de Cartorhynchus, el pariente más antiguo de los ictiosaurios, hallado en China, que no era más grande que un ordenador portátil. Por lo tanto, la historia evolutiva temprana de los ictiosaurios parece mostrar un rápido aumento del gigantismo, con C. youngorum como el vertebrado más grande de su tiempo, ya sea en mar o en tierra.

Mientras a las ballenas les llevó alrededor del 90% de sus 55 millones de años de historia evolucionar hasta convertirse en los gigantes oceánicos que conocemos hoy, los ictiosaurios evolucionaron a tamaños similares en el primer 1% de sus 150 millones de años de historia. La velocidad del gigantismo de los ictiosaurios podría ser incomparable entre los vertebrados marinos.

Los hallazgos sugieren que las redes alimenticias marinas del Triásico podían sustentar criaturas tan masivas, a pesar de la ausencia de muchas especies tras la extinción del Pérmico. Con seguridad, los cadáveres de ictiosaurios hundidos sirvieron como sustrato para las comunidades del fondo marino en la forma en que lo hacen las ballenas hoy en día.

«La historia de los ictiosaurios nos dice que los gigantes oceánicos no son características garantizadas de los ecosistemas marinos, lo cual es una valiosa lección para todos nosotros en el Antropoceno», escriben Lene Delsett y Nicholas Pyenson en un artículo que acompaña al estudio en ‘ Science’, «especialmente si queremos mantener la presencia de los gigantes oceánicos supervivientes entre nosotros que contribuyen a nuestro propio bienestar».

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