Revelan el misterio de los huesos pintados en la ciudad más antigua del mundo

Un equipo internacional proporciona nuevos conocimientos sobre cómo los habitantes de la «ciudad más antigua del mundo» en Çatalhöyük (Turquía) enterraron a sus muertos. Sus huesos fueron parcialmente pintados, excavados varias veces y vueltos a enterrar. Los hallazgos brindan información sobre los rituales funerarios de una sociedad fascinante que vivió hace 9000 años.

Por Alcides Blanco para Noticias La Insuperable

Çatalhöyük, ubicada en la Anatolia Central, en la actual Turquía es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Oriente Próximo, con una ocupación que se remonta a hace 9000 años. Este asentamiento neolítico, conocido como la ciudad más antigua del mundo, cubre un área de 13 ha y cuenta con edificios de adobe densamente agregados. Entre otros enigmas por resolver, las casas de Çatalhöyük presentan las huellas arqueológicas de actividades rituales que incluyen entierros intramuros con algunos esqueletos con rastros de colorantes y pinturas murales.

La asociación entre el uso de colorantes y actividades simbólicas está documentada entre muchas sociedades humanas pasadas y presentes. En Oriente Próximo, el uso de pigmentos en contextos arquitectónicos y funerarios se vuelve especialmente frecuente a partir de la segunda mitad del IX y VIII milenio antes de Cristo. Los sitios arqueológicos del Cercano Oriente que datan del Neolítico han arrojado una gran cantidad de evidencia de actividades simbólicas complejas, a menudo misteriosas. Estos incluyen tratamientos funerarios secundarios, recuperación y circulación de partes esqueléticas, como cráneos, y el uso de pigmentos tanto en espacios arquitectónicos como en contextos funerarios.

Un estudio publicado este mes en la revista Scientific Reports dirigido por E. M. J. Schotsmans, del Laboratorio de Antropología de la Universidad de Bordeaux, en Francia, proporciona el primer análisis del uso de pigmentos en contextos funerarios y arquitectónicos de este sitio neolítico.

Según Marco Milella, miembro del Departamento de Antropología Física, Instituto de Medicina Forense de la Universidad de Berna e integrante del equipo, «estos resultados revelan interesantes conocimientos sobre la asociación entre el uso de colorantes, los rituales funerarios y los espacios habitables en esta fascinante sociedad«.

Ejemplos de uso de pigmentos funerarios en Çatalhöyük. (a) Fotografía in situ del esqueleto 32818 con una franja de cinabrio y una concha con cinabrio depositada en el hombro derecho (Fotografía de J. Quinlan); (b) Detalle de la franja de cinabrio (Fotografía de M. Milella); (c) Imagen microscópica del hueso frontal del esqueleto 22196 que muestra una capa de cinabrio con fitolitos sin teñir en la parte superior (Fotografía de E. Schotsmans); (d) ‘Aplicador’ de hueso con un trozo de pigmento azul recuperado con el esqueleto 16308 (Fotografía de J. Quinlan); (e) ‘Paleta’ de concha Unio con cinabrio (22194.X6) (Fotografía de R. Veropoulidou); (f) el individuo 21884 fue enterrado sobre su lado derecho con los elementos esqueléticos del lado superior e izquierdo del esqueleto teñidos más intensamente con pigmento rojo (Fotografía de J. Quinlan); (g) La rótula derecha del esqueleto 21884 estaba más teñida en su lado medial (Fotografía de E. Schotsmans); (h) La decoloración parcial de la cabeza femoral izquierda confirma que el individuo 21884 estaba flexionado y carnoso cuando se aplicó el ocre, dejando la parte principal de la cabeza femoral sin teñir (Fotografía de E. Schotsmans).

Convivir con los muertos.

Marco Milella formó parte del equipo antropológico que excavó y estudió los restos humanos de Çatalhöyük. Su trabajo consiste en tratar de hacer «hablar» a los esqueletos antiguos y modernos. Establecer la edad y el sexo, investigar lesiones violentas o tratos especiales del cadáver y resolver acertijos esqueléticos son actividades rutinarias del Departamento de Antropología Física.

El estudio muestra que el ocre rojo fue el más utilizado en Çatalhöyük, presente en algunos adultos de ambos sexos y niños, y que el cinabrio y el azul/verde se asociaron con machos y hembras, respectivamente. Curiosamente, el número de entierros en un edificio aparece asociado con el número de capas posteriores de pinturas arquitectónicas. Esto sugiere una asociación contextual entre la deposición funeraria y la aplicación de colorantes en el espacio doméstico. “Eso quiere decir: cuando enterraban a alguien, también pintaban en las paredes de la casa”, dice Milella.

Además, en Çatalhöyük, algunas personas «se quedaron» en la comunidad: sus elementos óseos fueron recuperados y circulados durante algún tiempo, antes de ser enterrados nuevamente. Este segundo entierro de elementos óseos también estuvo acompañado de pinturas murales.

Misterios neolíticos

Solo algunos individuos fueron enterrados con colorantes, y solo una parte de estos permaneció en la comunidad con sus huesos circulantes. Según Marco Milella, “los criterios que guiaron la selección de estos individuos escapan a nuestra comprensión por ahora, lo que hace que estos hallazgos sean aún más interesantes. Nuestro estudio muestra que esta selección no estuvo relacionada con la edad o el sexo”.

Lo que está claro, sin embargo, es que la expresión visual, la actuación ritual y las asociaciones simbólicas fueron elementos de prácticas socioculturales compartidas a largo plazo en esta sociedad neolítica.

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