El explorador y el faraón

Los apuntes de Howard Carter, el descubridor de la tumba de Tutankamón, reviven la fiebre por la egiptología.

Vía NewsWep

El 6 de noviembre de 1922, el conde de Carnarvon, George Herbert, recibió un telegrama. “Finalmente hemos hecho descubrimiento maravilloso en Valle. Tumba magnífica con sellos intactos. Recubierta hasta su llegada. Felicidades”. La enviaba Howard Carter, el arqueólogo a cargo de las exploraciones que el conde financiaba en el Valle de los Reyes, al norte de Luxor, en Egipto.

Tres semanas después, lord Carnarvorn llegaba a Egipto desde su natal Inglaterra. El viaje no era extraño para él, pues la nación africana se había convertido en su segundo hogar debido a una prescripción médica que le aconsejaba escapar del frío invierno británico.

El 24 de noviembre Carter y Herbert comenzaron a descender por la escalera que el arqueólogo había encontrado bajo las chozas de los esclavos que habían construido la tumba de Ramsés VI. Se encontraron con una puerta, en la parte superior tenía el sello de un chacal con nueve esclavos con las manos atadas, símbolo de que estaban ante una tumba de la realeza. En la parte inferior, los jeroglíficos de un segundo sello se podían traducir como “Tutankamón”.

La excavación siguió por dos días más, hasta alcanzar una segunda puerta. La oscuridad era absoluta, pero Carter pudo realizar un agujero en una de las equinas de la puerta, prendió una vela para comprobar que había oxígeno suficiente para continuar, la posó sobre el agujero y ahí estaba.

A medida que mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles de la habitación interior emergieron lentamente de las tinieblas, extraños animales, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro”, narra Carter en sus memorias sobre aquel momento. El arqueólogo quedó pasmado y preso de una sorpresa que le robó el habla. “¿Puedes ver algo?”, preguntaba un impaciente lord Carnarvon.

Sí, cosas maravillosas”, respondió Carter.

Habían encontrado la tumba prácticamente intacta de un faraón. Lo más cerca que puede estar un hombre de viajar en el tiempo. Más de 3.200 años al pasado, hasta el Antiguo Egipto, para ser precisos.Howard Carter (a la izquierda) y Lord Carnarvon juntos en la puerta de la tumba de Tutankamón en una fotografía tomada el 16 de febrero de 1923. / Instituto Griffith / Universidad de Oxford

FIEBRE POR LA EGIPTOLOGÍA

El descubrimiento de Carter, y su impecable estrategia de difusión al respecto, convirtió a este hallazgo no solo en uno de los más importantes hitos en la historia de la arqueología universal, sino además en un fenómeno social.

Un contrato de exclusividad por 5 mil libras esterlinas de la época con “The London Times” permitió que el diario británico llevara a la audiencia detalles a los que pocas veces un medio de comunicación podía tener acceso en este tipo de eventos. Las riquezas encontradas al interior de la tumba, además, aportó datos invaluables que permitían entender aún mejor a la antigua sociedad egipcia.

Portada de The London Times publicada en enero de 1923 sobre el descubrimiento de la tumba del faraón. Carter y el diario británico firmaron un contrato de exclusividad por 5 mil libras esterlinas de la época. / The London Times

El descubrimiento de la tumba de Tutankamón supuso un antes y un después en la egiptología y la percepción general sobre el estudio del pasado”, comenta a El Comercio Antonio Javier Morales, profesor de Egiptología de la Universidad de Alcalá y director del Middle Kingdom Theban Project en Deir el-Bahari, Luxor, Egipto.

La tumba de Tutankamón constituía un descubrimiento único porque, entre otras cosas, se encontraba casi intacta, cosa que no había ocurrido en el Valle de los Reyes en un siglo y que permitía estudiar al detalle la figura de un rey que, además, ocupaba un puesto muy particular en la historia del Egipto de la Dinastía XVIII y la época imperial”, explica.

Carter, su asistente Arthur Callender y un trabajador egipcio miran a través de una de las puertas que daban al sarcófago. / Instituto Griffith / Universidad de Oxford

Hijo del faraón Akenatón, Tutanjatón -su nombre original que significaba “Las formas vivas de Atón”- gobernó entre los años 1334 y 1325 antes de Cristo, un periodo conocido como del Imperio Nuevo en la historia egipcia. Tenía apenas 8 o 9 años cuando llegó al trono con el nombre de Tutankamón, que se traduce al español como “imagen viviente de Amón”.

El faraón murió muy joven, se estima que apenas a los 18 años, y las posibles causas varían desde un accidente en carruaje hasta una posible malaria. De su reinado, destaca principalmente la decisión de revertir la reforma lanzada por su padre en la que se adoraba únicamente la imagen del dios Atón y devolver la tradición politeísta egipcia.

(Akhenaton) prohibió y persiguió otros cultos que no fueran el del disco solar Atón y desarrolló toda una nueva ideología basada en el poder vivificador de la deidad atoniana. El rey y la familia real se convirtieron así en los únicos mediadores entre el dios y la humanidad. Tras un intento fallido de revolución religiosa que no llegó a cuajar, Tutankamón cambió su nombre, volvió a la religión tradicional y se convirtió en un auténtico renovador de la religión casi-herética impuesta por su padre”, explica Morales.

Dentro de esa reforma, además de aumentar su cercanía hacia los diferentes templos del Antiguo Egipto, Tutankamón restituyó a Tebas como capital.

El descubrimiento de su tumba no solo supuso la revelación de su existencia, un mejor conocimiento de la época y la comprensión de su papel como restaurador de la religión tradicional, sino que también nos permitió conocer más aspectos de la producción artesanal del periodo, las tradiciones religiosas y rituales de los reyes y la fascinación de los antiguos egipcios por la seguridad e intimidad del cadáver de sus reyes, verdaderos dioses en la tierra que debían disfrutar de todo lujo de objetos personales (ajuar funerario), rituales tradicionales y textos mágicos (inscripciones en las paredes, sarcófago, ataúd, caja de canopos con sus órganos internos tras la momificación, joyas, jarras, etc.) para poder alcanzar la vida eterna en el más allá”, agrega el experto.

Una multitud se reúne a las puertas de la tumba de Tutankamón mientras el equipo de trabajo retira un gran objeto, posiblemente un sillón. / Instituto Griffith / Universidad de Oxford

LA FIGURA DE CARTER

Sin duda la genialidad del descubrimiento de la tumba de Tutankamón alcanzó ese nivel por el papel que cumplió Howard Carter. El arqueólogo destacó tanto en su metódico y meticuloso trabajo como en la fantástica campaña de difusión que emprendió para dar a conocer el hecho.

El misterio y la magnificencia del descubrimiento alimentó, incluso, una serie de leyendas en torno a la figura de Tutankamón, llegándose a hablar de la maldición del faraón. Lo que ciertamente resultó siendo un recurso de algunos medios de comunicación por explotar el tema ante la impotencia por la exclusividad de la que gozaba “The London Times”.

Eso, por un lado, supuso que The Times pudo ofrecer información privilegiada, cercana y muy detallada que animó a los lectores y seguidores del fenómeno del descubrimiento. Por otro lado, sin embargo, también supuso que periódicos como The New York Times tuviese que inventarse historias y anécdotas, lo que contribuyó al crecimiento de esta leyenda arqueológica y, entre otros, al surgimiento de la famosa historia de la “maldición de Tutankamón”, señala Morales.

Carter, Callender y un trabajador egipcio envuelven una de las estatuas centinelas que resguardaban la tumba del faraón en noviembre de 1923. / Instituto Griffith / Universidad de Oxford

Pero volviendo al trabajo de Carter, el arqueólogo procuró registrar todos los detalles posibles durante su exploración. En total, se llegaron a catalogar 5.398 objetos durante una década de trabajo incesante en la tumba.

Howard Carter había estado dibujando durante sus campañas anteriores y, de hecho, muchos de sus dibujos, esquemas, borradores o acuarelas han sido utilizados para conocer más monumentos de la época (que hoy en día no se encuentran en las mismas condiciones) e incluso para entender la fauna y flora de su época, así como de la época faraónica que él gustaba representar”, acota el experto.

El más simbólico de los objetos encontrados fue, sin duda, la máscara mortuoria del faraón, hecha con más de seis kilos de oro. Pero también destacan un manto de piel de leopardo, cuatro tableros de juego, seis carros, 30 jarras de vino y 46 arcos.

La máscara de oro macizo que cubría a la momia del faraón. La pieza, compuesta enteramente del metal precioso, pesa unos 6 kilos. / Instituto Griffith / Universidad de Oxford

Además, destaca Morales, los trabajos en torno a Tutankamón reunieron a lo largo de los años a profesionales especializados en restauración, química, fotografía, cerámica, arquitectura, dibujo y filología.

En cierto modo, el descubrimiento de la tumba de Tutankamón no encuentra parangón en la historia de la arqueología”, asegura el experto. “No solo por su singularidad y por el modo en el que se realizó el descubrimiento y se llevó a cabo la transferencia de las noticias desde el yacimiento hasta los periódicos y los hogares e instituciones, sino también por la condición de “tumba intacta” y por todo el ajuar funerario que nos permitió recuperar. Quizás los trabajos de estudio de Pompeya y la recuperación de la ciudad así como de los pocos restos humanos que la erupción del Monte Vesubio permitió recuperar, el descubrimiento del ejército de ocho mil soldados de terracota del primer emperador chino, Qin Shi Huang o el estudio de la ciudad de Cnosos de la Edad del Bronce en Creta podrían ser ejemplos similares, pero sin la misma publicidad e impacto, que el descubrimiento de la tumba del rey-niño”.

HISTORIA VIVA

El último miércoles el Griffith Institute de la Universidad de Oxford, con motivo de los 100 años del descubrimiento, inauguró una muestra donde se exponen las notas y dibujos de la tumba realizados por Carter.

La exposición, instalada en la Weston Library de la universidad británica pero también disponible en su página de internet, estará abierta hasta febrero del 2023.

El Instituto Griffith precisa que los apuntes de Carter fueron depositados en la institución por la sobrina del arqueólogo, Phyllis Walker, poco después de que él falleciera en 1939.

En la exposición se pueden encontrar desde diagramas de la tumba y los accesos a la misma elaborados por el mismo Carter hasta relatos alternativos, fotografías de los objetos y de los trabajos de excavación.

Diagrama dibujado por Howard Carter de la antecámara de la tumba de Tutankamón, donde detalla la ubicación de los objetos ahí encontrados. / Instituto Griffith / Universidad de Oxford

La colección es excepcional, puesto que no solo se trata de elementos formales como sus notas, diarios y estudios, sino que también nos muestran un Carter interesado en el arte, en la iconografía, en los pigmentos, en las formas naturales de las aves y de las plantas, que nos induce a pensar que sus estudios de los objetos y restos encontrados en la tumba de Tutankamón son muy perspicaces, apropiados y precisos”, destaca Morales.

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