Lanzan el libro «Ciencias y pandemia: Una epistemología para los derechos humanos»

Se trata de una compilación, donde investigadoras e investigadores del CONICET de distintas disciplinas debaten sobre el derecho a la ciencia en el contexto de la crisis sanitaria.

A dos años de la pandemia del COVID-19, científicas y científicos del CONICET, en colaboración con activistas, organismos internacionales  y autores/as de diversas disciplinas de las ciencias sociales y naturales, analizaron la gestión de la situación epidemiológica desencadenada por la enfermedad del coronavirus con un enfoque de derechos, en un libro compilado y dirigido por Juan Pablo Bohoslavsky, becario postdoctoral del CONICET en el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Derechos, Inclusión y Sociedad (CIEDIS). El trabajo, que se titula Ciencias y pandemia: una epistemología para los derechos humanos, propone miradas que cruzan la epidemiología, la medicina, la economía, los derechos humanos, la sociología, el feminismo, el transporte y la movilidad, la ética y la filosofía del derecho, la educación, las políticas públicas, la ecología, la salud mental, y la democracia.

Cabe destacar que el derecho a la ciencia se encuentra reconocido expresamente en convenciones internacionales e interamericanas de derechos humanos. El mismo hace referencia al acceso de todas las personas a los beneficios de la ciencia, tanto básica como aplicada, a la oportunidad de contribuir a la actividad científica, y a la participación en la toma de decisiones. “Sin embargo, es un derecho que ha permanecido de algún modo dormido por décadas, aunque se ha activado recientemente”, explica Bohoslavsky. El libro compilado por el científico postula que existe un elemento esencial del derecho a la ciencia que es usualmente invisibilizado: la interdisciplinariedad. “Esto es así, no sólo por la interdependencia e indivisibilidad de todos los derechos humanos, sino también por la interdependencia de los componentes del universo mismo, incluidos los virus, las personas y la economía”, puntualiza el investigador.

Para Bohoslavsky y los autores y autoras involucrados en la obra, el abordaje de la pandemia fue caracterizado por una estrechez científica que priorizó el enfoque biomédico y dejó al margen consideraciones sociales. “Esto implicó un alto costo epistémico al pensar e implementar respuestas frente a la pandemia”, resalta. “En otras palabras, el enfoque prevalente ha pasado por alto que la pandemia es un fenómeno complejo, en el cual lo social y político desempeñan un papel tan importante como lo biológico”, continúa el científico.

Uno de los hitos sanitarios en la lucha contra la epidemia del virus del Ébola en 2014 fue la intervención de antropólogas/os para abordar junto a las comunidades locales una de las ocasiones críticas en la transmisión del virus, que eran precisamente los ritos funerarios”, sostiene Bohoslavsky. “Una pandemia es algo demasiado complejo como para dejarlo solo en manos de médicas, epidemiólogas y virólogos”, agrega.

Interdisciplinariedad

Según el coordinador del libro, es difícil saber en qué medida el reduccionismo epistémico que caracterizó el abordaje de la pandemia se debe a la conocida visión epistemológica positivista que concibe las ciencias naturales como modelo de conocimiento y relega las ciencias sociales a una posición subordinada. Precisamente, el libro intenta probar que la pandemia y sus consecuencias exigen un abordaje interdisciplinario. “Conecta la práctica científica con el contexto histórico y social en el cual el conocimiento es generado y, de manera más específica, ofrece herramientas que captan los determinantes sociales de la salud, que constituyen el pilar de la epidemiología crítica”, sostiene Bohoslavsky.

Sin embargo, esto no ocurrió sólo en Argentina. En el 2021 la Comisión Interamericana de Derecho Humanos debió exhortar al gobierno panameño a que suspendiera la medida sanitaria de asignación de días para poder circular por la vía pública en función del género “hombre” o “mujer”, ya que tenía implicaciones discriminatorias contra las disidencias. Bohoslavsky recuerda otro episodio que marcó el comienzo de este libro: en los primeros meses de la pandemia se autorizó en Argentina a las personas con discapacidad a circular por las vías de uso público para amortiguar los efectos del confinamiento, y desde la Agencia Nacional de Discapacidad se les recomendó que vistieran el color azul en alguna prenda de su ropa o una cinta azul en el brazo. Esto facilitaría, presumiblemente, el control policía-sanitario en la vía pública. No obstante, a los pocos días fue necesario revertir esa exigencia por las connotaciones discriminatorias. “Era una consecuencia de la falta de pluralismo epistémico”, subraya.

Una mirada con enfoques de derechos humanos

De los aportes del libro se desprende que el diálogo interdisciplinario no solo es algo deseable, sino posible, como se demuestra a partir de la interacción entre investigadoras e investigadoras de las ciencias naturales y sociales. Abordar la pandemia del virus COVID-19, sostiene Bohoslavsky, no sólo demanda conocimiento biomédico, sino también entender cómo, por qué y para qué nos relacionamos, qué hicimos para que apareciera el virus y cómo esta enfermedad cambió nuestras vidas. “También es necesario aceptar que la producción científica y las decisiones estatales que se basan en la ciencia no pueden estar por encima de los derechos humanos, si es que priorizamos la sostenibilidad de una vida digna en la Tierra”, reflexiona el científico.

Para los autores, sin un abordaje interdisciplinario no es posible responder a las grandes amenazas que se ciernen sobre la humanidad, como el cambio climático y las extremas desigualdades. “Un enfoque de derechos humanos es imprescindible si no queremos limitar nuestra existencia a meramente sobrevivir. Esta lección debe traducirse en políticas científicas y diseños institucionales que aseguren un abordaje interdisciplinario de los grandes desafíos que enfrentamos”, finaliza el investigador.

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1 Comment

  1. Partiendo del supuesto científico del libro comentado, el primer paso para trabajar desde lo epistemológico, debería ser definir la terminología con la que se va a hacer el abordaje. En forma más sencilla: ponernos previamente de acuerdo en el significado de las palabras a utilizar y sus connotaciones. Esto sobre todo en un país como Argentina en donde la expresión «derechos humanos» significa cosas hasta distintas y discutibles para amplios sectores de la sociedad, incluidos académicos, notables, políticos y expertos varios. Un debate previo pues, como los tantos otros pendientes que tenemos…
    Ah, no puse académicas, políticas y expertas por cuestiones de espacio. Con notables no tuve problemas…

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