Descubren en la Patagonia a una mujer enterrada en una canoa hace 900 años

Este es el primer hallazgo de un entierro en una estructura de canoa en la Patagonia argentina, pertenece a la cultura mapuche, y es el ejemplo más austral de todo el continente.

Por Alcides Blanco para Noticias La Insuperable

Reconstrucción de la posición del cuerpo y artefactos asociados

Las canoas construidas con un solo tronco fueron ampliamente utilizadas en todo el continente americano. En muchas sociedades cuyo modo de vida giraba en torno al agua, ya sea marina o lacustre, los entierros en canoas formaban parte de un conjunto de costumbres funerarias denominadas “entierros acuáticos”.

Según indica un trabajo publicado ayer en la Revista Plos One, un grupo de científicos argentinos y chilenos, dirigidos por Alberto E. Pérez, del Departamento de Antropología, Universidad Católica de Temuco, en Chile dio en la patagonia argentina, con el enterramiento en canoa más antiguo de toda la zona austral del continente americano. La investigación fue realizada por científicos de la Universidad de Río Negro, Universidad Católica de Temuco, Universidad Austral de Chile, y Equipo Chileno de Antropología Forense y Derechos Humanos.

En el cono sur de las Américas, específicamente en el Noroeste de la Patagonia (Argentina) y La Araucanía (Chile), los registros históricos, etnográficos y arqueológicos mencionan tres modalidades de enterramiento terrestre. Describen que la canoa-ataúd se coloca en árboles o se cuelga de postes, mientras que algunas se cubren con tierra para crear túmulos.

Los primeros registros sugieren entierros en canoa en tumbas excavadas en áreas de importancia social. Con base en una reinterpretación de los contextos arqueológicos de los sitios funerarios de Padre Las Casas y Gorbea en el centro sur de Chile, algunos investigadores han cuestionado la existencia de entierros en canoa o la idoneidad del término. Afirman que los contextos arqueológicos de la región son ambiguos, ya que solo mencionan huellas de suelo, cambios de color del suelo y vestigios de madera que son insuficientes para distinguir un ataúd de una canoa. Por ejemplo, ninguno de estos vestigios y estructuras presenta aspectos estructurales o de diseño que sugieran que fueran aptos para su uso en el agua, como proa y popa.

Pero el hallazgo fue sorprendente. El entierro en canoa surgió durante las excavaciones entre 2012 y 2015 en Newen Antug, un sitio arqueológico en las estribaciones patagónicas. El sitio se encuentra en las afueras de San Martín de los Andes, frente a algunos hoteles.

Newen Antug está a aproximadamente 800 metros de un lago, algo que los autores del estudio creen que puede estar relacionado con el método de entierro simbólico. La mujer es conocida como “Individuo 3”; otros dos cuerpos humanos fueron encontrados previamente en el mismo sitio. Esos restos son más recientes, datan de alrededor de 1.482 e.c. (era común), hace poco más de 500 años, y no fueron enterrados en canoas. Pérez dijo que los individuos 1 y 2 probablemente fueron asesinados, como lo demuestran los traumatismos en sus esqueletos y las extremidades amputadas.

El cráneo junto a una jarra

La «individuo 3», en cambio, data de alrededor de 1.142 e.c., antes de que los españoles llegaran a América del Sur, y tenía entre 17 y 25 años cuando murió, aunque los investigadores no están seguros de qué acabó con su vida.

Restos de madera con la cara carbonizada

Una jarra grande se encontraba junto a su cabeza. Aunque gran parte de la canoa (o wampo) alrededor del cuerpo se había podrido, aún quedaban cerca de 600 fragmentos de madera. Al observar los fragmentos bajo un microscopio, el equipo determinó que la madera era cedro chileno y que parte estaba carbonizada. Eso da crédito a la suposición de que alguna vez fue una canoa, ya que los relatos históricos detallan que los indígenas sudamericanos fabricaban canoas quemando la madera interior.

Aunque la práctica es bien conocida en Chile, esta es la primera evidencia de ella en Argentina. También es el entierro en canoa más al sur conocido en Sudamérica.

Se cree que el entierro en canoa simboliza el viaje que realiza el difunto hasta su último lugar de descanso. Los entierros en barcos en tierra también eran comunes en otras culturas, quizás los más famosos se encuentran entre los vikingos.

El uso de recipientes funerarios de madera trabajada, tipificados como ‘canoas’ (Mapudungun wampo), está bien establecido en el repertorio arqueológico de la cultura mapuche. Este método de enterramiento data de 1280 ± 80 dC. En el siglo XIX y principios del XX era el procedimiento predominante para el entierro indirecto, incluidos los registros de la vertiente este de los Andes. Las referencias persisten en la memoria oral de las comunidades etnográficas.

El wampo, también llamado trolof en mapudungun, está hecho de un tronco de árbol, generalmente roble o pellín (Nothofagus obliqua), partido en dos y ahuecado en dos formando dos secciones de ataúd. Uno contenía el cadáver y el otro servía de tapa.

A principios del siglo XX, el entierro del Cacique Huilío Lienan en el eltun o cementerio en 1904, “el wampo esperaba junto a la fosa recién excavada” y se utilizó para cubrir el cadáver y las ofrendas funerarias. El eltun estaba claramente marcado por la presencia de cruces “latinas” o “griegas”, y “toscas figuras [antropomórficas] de madera tallada” y canoas funerarias “que colocan sobre la tumba como una lápida”.

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