Nuestra incierta belleza

Un informe premonitor que supera el medio siglo de antigüedad inspira un acontecimiento itinerante coronado por conversatorios de imprevisible alcance.

Mientras construíamos juntos la imagen del
mundo que queríamos crear, nuestro ánimo
mejoró, nuestros rostros se suavizaron, nuestros
cuerpos se revitalizaron, ganamos energía,
claridad y solidaridad.
[i]

Donella H.  Meadows

Por Silvina Belén para Noticias la Insuperable ·

En septiembre se presentó en Austria, en el Chateau Rouge de Viena. En Buenos Aires recorrió espacios heterogéneos y convocó públicos porteño, del conurbano y, seguramente, pronto lo hará con el de distintas zonas del país. Se trata de una singular creación de la artista argentina Vera Czemerinski.

Meadows, nuestra belleza, caracterizada de manera concisa como una conferencia escénico-performática –o como performance escénica de activismo ambiental- que se inspira en Los límites del crecimiento (1972), de Donella y Dennis Meadows, desde hace dos años  se representa en escenarios y espacios idóneos para generar el acontecimiento teatral que declara fines de divulgación científica y educativos pero, en realidad, va mucho más allá.

La problemática socio-ambiental y de la biodiversidad, el cambio climático, hoy bajo el prepotente manto del negacionismo oficial, en esta década clave para los escenarios críticos planteados en Los límites del crecimiento, pueden mantenernos tanto en la angustia de la incertidumbre como en la indiferencia. A veces, incluso, en la ilusión de suponer que los dueños del mundo evitarán el postrer estallido de la crisis socio-ambiental que minimizan o ignoran en su discurso.

O en la tentación de desertar, en el sentido en que lo plantea Bifo Berardi. O  también, en la inercia propia de sobrevivir sin cambiar ni  las más ínfimas costumbres a pesar de saber que el  progreso material indefinido, el consumo sin freno ni lógica, en su avance arrasador e indolente, pasará  su horrible factura ecológica más temprano que tarde.

En este marco, el título Meadows, nuestra belleza, a simple vista, podría resultar contradictorio. En la propuesta escénica abundan los interrogantes que acicatean la inacción pero, sin embargo, no hay un regodeo en la catástrofe ni en la enumeración de datos ominosos. Tampoco una puerta al milagro, por supuesto: ni golpes bajos ni optimismo irreflexivo.

Quienes se esfuerzan por mantener en itinerancia esta propuesta, por dar sin costo para el público calidad teatral, señalan que la obra “Tiene lugar en un escenario o espacio vacío, y es ejecutada por una narradora y una artista visual. Establece un paralelo entre las proyecciones que la humanidad mostraba hace medio siglo en el informe Los límites del crecimiento y la trayectoria de vida de una historia individual.”.

Subyace no tanto la idea de construir una visión esperanzadora o una respuesta para conjurar las fuerzas destructivas, sino más bien la intención de orientar las miradas hacia una búsqueda para trascender la parálisis de la constante incertidumbre o la resignación al apocalipsis inexorable de un mundo cegado, sin remedio, en el consumismo automatizado.

Su creadora, Vera Czemerinski –dramaturga, directora, actriz, productora, …-, nació en el año de publicación del “Informe Meadows”: 1972.  Ella misma resalta esta coincidencia como disparador interno del proyecto que la involucra, que parte desde una interioridad que expresa a través de su dramaturgia e itinerancia escénica de la obra que nos ofrece como metáfora de una problemática que no debería reducirse en exclusiva al lenguaje científico.

Como mujer de teatro, rescata el convivio en su valor ritual para construir comunidad en un contexto en el que la virtualidad de pantalla lleva al artificio de exorcizar la incertidumbre, los miedos y la zozobra, con la profundización del individualismo y, en consonancia, el acrecentamiento de las fobias a la presencialidad.

Czemerinski no reniega del progreso, ni de las facetas tecnológicas que mejoran la existencia, ni propone ludismos excéntricos: hay una amenaza latente para cuerpos y almas cuyo anclaje real se fortalece en vez de declinar; las TIC pueden ser parte del problema o de la solución. Hacia qué lado se incline la balanza mucho dependerá, quizá, de los límites que sepamos ponerle a la virtualidad y del reencuentro comunitario.

En tiempos de terraplanismo, negación de lo evidente y fanatismos ideológicos que encubren espurios intereses, ni la comatosa razón universal ni las evidencias científicas cuentan con el vigor necesario para sembrar la simiente de un cambio de rumbo a favor de los objetivos realmente valiosos para individuos y sociedades. El memento mori ya no invita a la reflexión ni a la acción.

Así las cosas, el camino de la intervención artística en un convivio ampliado –enseguida veremos por qué- parecería ser unos de los pocos que resta explorar en el marco actual de cerrazón inducida por extremismos reaccionarios que capturan estados nacionales, invierten cuantiosos recursos en imponer sentidos comunes e intervienen el éter a través de la manipulación de emociones y el incentivo de la violencia.

Del ecodrama al biodrama

Como anticipamos en el resumen, al acontecimiento netamente teatral le sigue un epílogo en forma de conversatorio con el público. Bien visto, no debería separarse del acontecimiento más que por una ínfima cesura hacia la continuidad. Este es un aspecto estructural de muchísimo peso en la poética de Vera Czemerinski, en una dramaturgia que valoriza tanto la voz narrativa como el silencio.

Desde nuestro punto de vista, el conversatorio amplía el convivio e, incluso, ayuda a redondear el aspecto –que ampulosamente podríamos calificar de- aristotélico que tiene una obra que a muchos espectadores les genera temor, angustia e impotencia ante una imaginada situación universal de sin salida que desespera.

Pero, como decíamos, si en Meadows subyace la idea de orientar la mirada a una búsqueda que implique trascender la parálisis de la incertidumbre, la inercia, la resignación a lo inevitable, quedaría a medio camino si finalmente se impusiese el temor sin piedad, ni purga, para cuerpo y alma. Aparece, entonces, la necesidad de la catarsis que para algunos espectadores podría llegar en el conversatorio.

Así como en la poética de Czemerinski hay algo de brechtiano que aflora en la narrativa de la voz, en la narrativa de la imagen que una artista plástica construye en tiempo real durante la representación, en el didactismo, en los interrogantes explícitos y en el llamado a la reflexión, también hay algo, o bastante, de aristotélico: imposible no imaginar personajes implícitos peores, iguales o mejores que nosotros, errores trágicos o reconocimientos. Todo flota en una atmósfera dramática más cercana a la gran tradición teatral de lo que aparenta.

Sin personajes encarnados en un cuerpo en acción que dialoguen un conflicto, la obra entronca con la tradición del ecodrama que, al menos para ciertas visiones críticas, inicia Henrik Ibsen con Un enemigo del pueblo. Y en nuestro entorno de poder político hecho régimen de imposición cultural, los enemigos son personas como Donella, que revive en virtud de la voz narrativa, y Dennis Meadows.

Donella

En el conversatorio, catártico quizás para unos, de profundización de toma de conciencia de razones histórico-políticas tal vez para otros, también hay lugar para el biodrama. Al fin y al cabo, el convivio sigue en pie. La experiencia personal que evoca el acontecimiento, conflictiva o dolorosa humanamente, puede surgir del espectador que trueca en persona biodramática de un enriquecido Meadows, nuestra belleza.

En itinerancia con Brecht y Aristóteles

Brecht y Aristóteles, incluso Ibsen, asoman discretos en esta obra del teatro independiente. La experimentación y, al final, la ansiada innovación, no necesariamente implican un quiebre radical con las concepciones dramáticas, renegar de la impronta textual o poner patas arriba toda creencia escénica.

A veces el rescate de lo esencial también innova: vale mucho saber dar la justa vuelta de tuerca. Mirar atrás y adelante sin prejuicios le ha dado hasta hoy a las artes del teatro la fuerza para crecer sin límite ni daño, algo que no puede decirse del crecimiento indiscriminado que el capitalismo a ultranza pretende llevar hasta las últimas consecuencias.

Desde un principio, Vera Czemerinski se propuso darle a su obra la posibilidad de adaptarse al territorio, de ir al encuentro de públicos que habitan zonas culturales o geográficas diversas. Por ende, Meadows, nuestra belleza, no se identifica con una sala o un espacio teatral de ciclo: puede representarse en un festival, en ese y aquel lugares que puedan convertirse en escenario, en una huerta urbana, en alguno de los salones del Instituto Superior Joaquín V. González, en un espacio vienés o, en fin, allí donde los espectadores llamen.

 —

C O N T A C T O: meadows.nuestra.belleza@gmail.com

Equipo MNB: VERA CZEMERINSKI, Autora y Performer; GABRIELA GIUSTI, Performer; NATALIA SALMORAL, Performer; LORENA DAMONTE, Performer; BELÉN PARRILLA, Performer; BÁRBARA KAPLAN, Artista Visual; DEBORA DEJTIAR, Artista visual; SOFÍA ESCARDÓ, Música original; SANDRA AGUILAR, Música original. JUAN ANDRÉS ROMANAZZI, Dirección Escénica. AGOSTINA ZAROS, Productora.

Imagen top: fotografía de Vale Monti


[i] «ENVISIONING A SUSTAINABLE WORLD», written for the Third Biennial Meeting of the International Society for Ecological Economics, October 24-28, 1994, San José, Costa Rica.  Published in Getting Down to Earth, Practical Applications of Ecological Economics, edited by Robert Costanza, Olman Segura and Juan Martinez-Alier. Island Press, Washington DC, 1996.


Descubre más desde Noticias La Insuperable

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

4 Comentarios

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta