Nunca se van

Para volver a verlas o para descubrirlas: jamás es tarde porque siempre retornan a los escenarios argentinos.

Por Alfonsina Madry para NLI

No son obras clásicas canónicas ni hacen gala de universalidad indiscutible, pero si no están en cartel es simplemente porque se han tomado un merecido descanso. O las esperamos para volver a disfrutarlas, o las descubrimos pero nos suenan, o nos las perdimos muchas veces pero confiábamos en que nos darían otra oportunidad. Son, sí, de singular manera, clásicas en el teatro independiente.

La permanencia de La lección de anatomía (Carlos Mathus, 1972) sería el ejemplo más notable aunque, con tantos récords, podría convertirse en el árbol que impide ver el bosque: treinta y seis años ininterrumpidos de representaciones, un regreso con gloria a partir de 2017 –actualmente en el Empire, sábados y domingos- y su paso por los escenarios de muchos países de habla hispana son marcas pocas veces igualadas.

La lección de anatomía

Sin embargo, con pergaminos menos impactantes pero con peso específico en la escena alternativa, obras tan disímiles como De la mejor manera, Hijo del campo o Querido Ricardo, por citar solamente algunas, bien podrían considerarse dentro del grupo de las que no se van o, sin pretensión académica, darles la informal categoría de clásicas del circuito vernáculo -o en vías de serlo-.

Incluso,  mutatis mutandis, versiones de los clásicos canónicos como la ayer referida aquí, en NLI, de Mauricio Kartun de El zoo de cristal, suelen estar entre las buenas costumbres de la escena argentina.

Dejamos aparte, claro, las obras de los autores que ya se consideran clásicos del teatro independiente hasta en el ámbito académico, que no son pocas. Griselda Gambaro, Carlos Gorostiza, Ricardo Halac, Tato Pavlovsky, Tito Cossa, Daulte, Tolcachir, el mismo Kartun y otros dramaturgos –el etcétera sería bastante largo- son hoy por hoy indiscutibles y siempre representados.

Ahora mismo están en cartel, como siempre,  muchas de sus creaciones: Criminal, de Javier Daulte; La madonita y La vis cómica, de Mauricio Kartun; La nona, Gris de ausencia y La ñata contra el libro, de Tito Cossa; La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tolcachir, y La Malasangre, de Griselda Gambaro (en Buenos Aires y en Rafaela).

Con esta salvedad, pasemos a hacer un repaso de las que vuelven, comenzando por dos ya nombradas. De la mejor manera, de Jorge Eiro, Federico Liss y David Rubisntein, regresa el 2 de mayo al Rodney bar, como de costumbre, para dar inicio a su sexta temporada.  Querido Ricardo, de Belén Cañas, ya volvió: se representa los sábados en Fandango Teatro.

El paraíso perdido, de César Brie, estará todos los domingos hasta fines de mayo en Dumont 4040. Pundonor, de Andrea Garrote, vuelve el 17 de mayo al Teatro Picadero. La moribunda, de Tortonese y Urdapilleta, seguirá en Ítaca hasta fines del mes próximo, y también La Pilarcita, de María Marull, y La paciencia (fatídica sindical), de Macarena García Lenzi, ambas en El camarín de las musas.

Como ya se sabe, para confirmar fechas y horarios, consultar fichas técnicas y acceder a información general sobre cada espectáculo, la vía idónea es una visita a Alternativa Teatral.



Descubre más desde Noticias La Insuperable

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario