En la frontera entre tierra y agua: el hallazgo arqueológico que está cambiando la forma de estudiar el pasado

Durante décadas, la arqueología tuvo un límite técnico casi infranqueable: la orilla. Allí donde terminaban los métodos terrestres y comenzaban las dificultades del trabajo subacuático, enormes fragmentos de la historia humana quedaban literalmente sumergidos en una “zona ciega”. Ahora, un equipo de investigadores británicos logró desarrollar una técnica capaz de reconstruir con precisión milimétrica esos espacios híbridos entre tierra y agua, abriendo una nueva etapa para la arqueología mundial.

Por Alcides Blanco para NLI

El avance fue publicado recientemente en la revista científica Advances in Archaeological Practice (Cambridge University Press) bajo el título At the Water’s Edge: Photogrammetry in Extreme Shallow-Water Environments, firmado por los investigadores Stephanie Blankshein, Felix Pedrotti, Fraser Sturt y Duncan Garrow. El trabajo se centra en un viejo problema arqueológico: cómo estudiar zonas de aguas extremadamente bajas donde ni los métodos terrestres ni las tecnologías marinas tradicionales funcionan correctamente.

Los autores llaman a ese espacio la “white ribbon” o “franja blanca”: un territorio lleno de restos históricos, estructuras humanas y sedimentos culturales, pero difícil de registrar con exactitud. En lagos, costas y márgenes fluviales, esas áreas fueron fundamentales para las sociedades antiguas. Allí se construyeron aldeas, puertos, islas artificiales y sistemas de explotación económica. Sin embargo, durante años quedaron parcialmente fuera del alcance científico.

El laboratorio arqueológico oculto bajo el agua

La investigación tomó como caso de estudio los crannogs escoceses, antiguas islas artificiales construidas hace siglos en lagos de Escocia. Estos sitios arqueológicos presentan una complejidad particular: una parte de las estructuras permanece sobre el nivel del agua y otra continúa sumergida, obligando a combinar tecnologías aéreas, terrestres y submarinas.

El equipo desarrolló una metodología basada en fotogrametría estereoscópica de alta resolución. En términos simples, utilizaron cámaras sincronizadas capaces de tomar miles de fotografías desde distintos ángulos para reconstruir modelos tridimensionales extremadamente precisos. Lo notable es que lograron hacerlo en condiciones consideradas muy difíciles: aguas turbias, vegetación acuática, sedimentos en suspensión y distorsiones ópticas provocadas por la luz sobre la superficie del agua.

Lejos de recurrir a equipamiento inaccesible o multimillonario, los investigadores eligieron cámaras GoPro Hero 9 montadas sobre una estructura liviana de doble lente. Esa decisión no fue menor: demostraron que es posible alcanzar niveles de precisión comparables a los relevamientos terrestres profesionales utilizando herramientas relativamente económicas y adaptables.

Los resultados sorprendieron incluso dentro del campo especializado. Según el artículo, el margen interno de error alcanzó apenas entre 1 y 5 milímetros, un estándar que cumple con los requisitos de precisión arqueológica de alta escala utilizados en relevamientos científicos avanzados.

Una nueva manera de reconstruir la historia humana

La importancia del hallazgo va mucho más allá de Escocia. Más de la mitad de la población mundial vive cerca de ambientes acuáticos y gran parte de las civilizaciones históricas se desarrollaron precisamente en esas fronteras entre tierra y agua. Eso significa que miles de sitios arqueológicos alrededor del planeta podrían beneficiarse de este nuevo sistema de documentación.

La técnica permite integrar relevamientos submarinos con drones aéreos y sistemas GPS de alta precisión, generando modelos 3D continuos que unen lo emergido con lo sumergido. En otras palabras: por primera vez se puede estudiar un sitio arqueológico anfibio como una sola unidad espacial coherente y no como dos mundos separados.

El artículo también destaca un aspecto político y económico pocas veces mencionado en la ciencia arqueológica: la accesibilidad tecnológica. Las soluciones tradicionales para estudiar ambientes subacuáticos suelen depender de equipamiento extremadamente costoso, reservado para universidades o centros de investigación con presupuestos millonarios. El método presentado por el equipo británico busca romper esa barrera mediante herramientas más baratas, reproducibles y fáciles de implementar.

En tiempos donde el cambio climático y la erosión costera amenazan innumerables patrimonios históricos alrededor del mundo, la posibilidad de documentar rápidamente estas zonas vulnerables adquiere una relevancia enorme. La arqueología del futuro, parece, ya no tendrá que detenerse en la orilla.


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