¿El Mundial 2026 puede convertirse en el primero amenazado por el cambio climático?

El fútbol mundial se prepara para una Copa del Mundo histórica, con 48 selecciones, 104 partidos y sedes repartidas entre Estados Unidos, México y Canadá. Pero un reciente estudio científico encendió una alarma que ya no puede esconderse debajo de la alfombra: el calor extremo podría transformar al Mundial 2026 en uno de los eventos deportivos más peligrosos de las últimas décadas.

Por Amparo Lestienne para NLI

La investigación fue elaborada por la organización científica World Weather Attribution y concluye que aproximadamente uno de cada cuatro partidos podría disputarse bajo condiciones consideradas riesgosas para la salud de jugadores, árbitros y espectadores. En algunos casos, incluso, los niveles de temperatura y humedad superarían el umbral recomendado para suspender encuentros.

El enemigo invisible: el “WBGT”

El estudio no mide solamente la temperatura tradicional. Los científicos utilizaron un indicador llamado WBGT (Wet Bulb Globe Temperature), que combina calor, humedad, radiación solar y viento para calcular el estrés térmico real sobre el cuerpo humano. Ese índice es el que utilizan organismos deportivos internacionales para definir cuándo una competencia deja de ser segura.

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Según el sindicato internacional de futbolistas FIFPRO, cuando el WBGT supera los 26°C deben aplicarse pausas obligatorias para hidratación y enfriamiento. Por encima de 28°C, directamente se recomienda postergar o cancelar partidos. El informe advierte que al menos cinco encuentros del Mundial 2026 podrían alcanzar ese nivel extremo.

Las ciudades más comprometidas serían Miami, Kansas City y Nueva Jersey, donde se jugará la final. Varias de esas sedes poseen estadios abiertos y sin climatización integral, algo que multiplica el riesgo tanto para futbolistas como para el público.

Un fútbol más lento, menos intenso y físicamente agotador

Los investigadores sostienen que el problema no será solamente sanitario. También podría cambiar la forma de jugar al fútbol. El calor excesivo reduce la capacidad aeróbica, acelera la fatiga muscular y obliga a los equipos a bajar el ritmo para conservar energía. Algunos especialistas ya anticipan partidos “más lentos” y conservadores, con menos presión y menor intensidad física.

La situación preocupa especialmente porque el torneo se disputará entre junio y julio, en pleno verano boreal. El propio informe compara las condiciones proyectadas para 2026 con las del Mundial de Estados Unidos 1994 y concluye que el riesgo de calor extremo prácticamente se duplicó debido al calentamiento global generado por la actividad humana.

Además de los futbolistas, los científicos remarcan que los hinchas podrían quedar todavía más expuestos. Fan zones, largas caminatas bajo el sol, filas interminables y estadios abiertos crean un escenario particularmente riesgoso para personas mayores, niños o quienes padezcan enfermedades cardiovasculares.

El debate que FIFA ya no puede evitar

FIFA anunció que implementará pausas de hidratación, zonas de enfriamiento y asistencia médica reforzada. Sin embargo, buena parte de la comunidad científica considera insuficientes esas medidas y reclama replantear completamente el calendario internacional del fútbol.

La discusión ya no pasa solamente por el espectáculo deportivo. El Mundial 2026 aparece como un símbolo de un problema mucho más profundo: el impacto del cambio climático sobre actividades masivas que hasta hace pocos años parecían intocables.

Porque el mensaje del estudio es contundente. El calor extremo dejó de ser una amenaza futura. Ahora también juega los mundiales.


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