De Núremberg a Houston

El terroríficamente violento historial de la selección portuguesa de futbol está latente y la frustración ante Congo podría revivirlo en un mundial que da para todo.

Por Rafael Laborian para NLI

Veinte años atrás, en la Copa Mundial de Fútbol Alemania 2006, el encuentro de octavos de final entre Portugal y Países Bajos se ganó el mote de «Batalla de Núremberg» por la violencia que lo llevó a marcar un récord: el partido con más tarjetas en la historia de los Mundiales. El árbitro ruso V. Ivanov mostró 16 tarjetas amarillas y 4 tarjetas rojas -dos por bando-, todas más que justificadas.

El duelo quedó en la historia negra del futbol. Desde FIFA, a través de Blatter, intentaron culpar al árbitro para no tomar medidas disciplinarias acordes con la gravedad de los hechos; después, tarde por supuesto, tuvieron que disculparse con Valentín Ivanov: las imágenes grabadas del partido eran contundentes y mostraban a holandeses y portugueses como verdaderos trogloditas del siglo XXI. Un renacimiento de bóeres y negreros, digamos.

PARTIDO COMPLETO: Portugal vs. Países Bajos | Copa Mundial de la FIFA 2006

Los lusos terminaron ganando 1-0 por el gol de Maniche a los 23 minutos, marcado antes del peor tramo de la guerra que el encuentro significó. Portugal, a pesar de todo, avanzó a cuartos de final y eliminó a Inglaterra. Para FIFA fue algo así como un “aquí no ha pasado nada”. Porque parecía que, como antecedente, ya estaba olvidada la trompada del 2002, en el Mundial Corea-Japón, que le dio João Pinto al árbitro que osó expulsarlo, nuestro compatriota Ángel Sánchez.

Y las tropelías de la semifinal contra Francia en la Eurocopa de 2000 también: empujones e insultos de grueso calibre al cuerpo arbitral que UEFA sancionó con severidad. Y los muchos escándalos e inconductas que desde 1986, huelga en pleno Mundial de México incluida, que la selección mayor y la sub-20 protagonizaron sin rubor ni demasiadas sanciones.

Más adelante el sanguinario Pepe (Képler Laverán Lima Ferreira), que jugando para su seleccionado se contenía bastante, no pudo más y en Brasil 2014 le dio un tremendo cabezazo en la frente a Müller, que estaba sentado en el piso. Había empezado a desinhibirse en Sudáfrica 2010, claro, ocasión en la que “operó”, entre otros, a Felipe Melo.

En 2018 y 2022 los árbitros los tuvieron cortitos y los portugueses pasaron bastante desapercibidos. Pero un mal presagio en la antesala de este E-M-C lo dio CR7: perdió los estribos –una rareza- en las Eliminatorias al Mundial que ahora está disputando. Cristiano Ronaldo tuvo que ser expulsado por propinarle un tremendo codazo al irlandés Dara O’Shea.

El árbitro catarí que  ayer en Houston dirigió RD Congo vs Portugal, Abdulrahman Al-Jassim, se curó en salud: frente a la primera falta alevosa amonestó al agresor luso, Bernardo Silva. Y sobre el final del partido, con los portugueses soliviantados ante el empate, les paró a dos de sus defensores los pies con sendas amarillas.

Pero en un Mundial signado por el racismo, la intolerancia, los prejuicios y la connivencia de FIFA con las arbitrariedades –y quién sabe qué obscuros intereses- que condicionan la equidad deportiva, que aflore la violencia de los reincidentes no sería nada raro. Todo quedará librado a la firmeza de los árbitros que, la verdad, nadie de a pie sabe qué condicionamientos deberán sobrellevar a medida que el torneo avance.


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