
La Copa del Mundo FIFA 2026 ya se perfila como seria competidora en la puja por el protagonismo arbitral que ostentan algunas de sus ediciones previas.
Por Rafael Laborian para NLI
Quienes antaño fueran los “hombres de negro” tienen su propia historia en los mundiales. Del excéntrico vasco José María Ortiz de Mendíbil y el cuate Edgardo Codesal a nuestros Horacio Elizondo y Ángel Sánchez, por ejemplo, diversas circunstancias hicieron que los árbitros quedaran en la memoria futbolística por sus shows, pifias, rectitud, parcialidad descarada o aciertos.
El localismo arbitral que ya se insinúa en esta Copa Mundial 2026 tiene a su abanderado desde 2002: el ecuatoriano Byron Moreno –aparece en el video anterior, con prontuario incluido-, un cara de piedra antológico. Y no le faltaron ni faltan escoltas, por cierto.
Aparte del localismo, la historia y el presente mundialistas hacen sospechar que en el secretísimo fuero interno de no pocos de los réferis internacionales se esconden convicciones non sanctas: supremacismo, antipatías, odios raciales y un sinfín de taras del ego que contaminan de las formas menos pensadas encuentros de alto voltaje competitivo.

Esta vez, en USA, el protagonismo arbitral, en vísperas del inicio del torneo, comenzó de manera desacostumbrada, con un internacional FIFA como víctima y no como victimario. El archisonado caso de Omar Abdulkadir Artan no registra antecedentes. Y la pobreza de espíritu del colectivo de sus colegas para evitar solidarizarse con un par humillado sin razones deportivas enciende alarmas.
FIFA, desde luego, no es garantía de imparcialidad ni firmeza ante las arbitrariedades de los organizadores o bochornos de sus colegiados. Porque hablando de bochornos, ya comentamos aquí, en NLI, el de Garay Reyes, tempranero si los hubiere promediando fase de grupos.

También comentamos la oscura sospecha de simpatía por las potencias futbolísticas del jordano Adham Makhadmeh, que no acusó recibo de la artimaña que los españoles usaron -con sistematicidad rotativa de infractores- para evitar los peligros de contragolpe de los correctísimos jugadores de Cabo Verde.
Con descaro trasandino o disimulo estilo oriente medio, localismo y simpatías ya pisaron el césped. Incluso Szymon Marciniak, juez del partido de Argelia contra Argentina, quedó en la mira: los dirigentes argelinos comunicaron su disconformidad a FIFA ante el presunto cholulismo del polaco.
Para ellos, Lionel Messi, que impactó con los tapones sobre el gemelo del defensor Aïssa Mandi, debió haber sido expulsado por “plancha”; y dos presuntos codazos sobre Ibrahim Maza y Anis Hadj Moussa quedaron impunes. «Sabemos que Argentina fue superior, pero no podemos permanecer en silencio ante una injusticia», expresaron.
Por suerte los argelinos no pusieron como ejemplo de anti-cholulismo a nuestro querido Horacio Elizondo, a quien no le tembló la tarjeta roja cuando se vio en el trance de expulsar en una final nada menos que a una cuasi-leyenda, Zinedine Zidane, en la final de la Copa del Mundo 2006 disputada en Berlín entre Francia e Italia.
Como broche de oro, en una mezcla de localismo de auto-controlada intensidad, lo ridículo y lo insólito, hizo su aparición El Tío Calambres teutón, quizá un representante solapado de ese arquetipo que en tiempos idos se mentaba como “el alemán chistudo”.
El árbitro alemán Felix Zwayer -que no carece de prontuario- dirigió el partido Estados Unidos vs. Australia con bien disimulado localismo y solamente se vio en el trance de hacerse el que no vio –con la muda solidaridad del VAR- un penal y recurrir al “siga, siga” que tantas satisfacciones le dio a nuestro querido Francisco Lamolina.
Dicha en áspero tono germánico, sin ese dejo pícaro de Pancho, la frasecita les quitó a los australianos las ganas de perseverar en la protesta. Sin embargo, tanta corrección estilo Oceanía parecería que dejó a don Félix con la sangre en el ojo: lo hirieron quizá la sombra del anonimato y el puñal del papel secundario.
Ni un tumulto, ni una protesta airada e insistente… ¡Nada! Tal vez hasta haya envidiado a su par chileno, Garay, ayer nomás devenido en primer actor. Para colmo, mientras seguía rumiando sus cuitas de ignoto, el segundo tiempo transcurría sin pena ni gloria.
😂
El caso es que Swayer, que como todo buen alemán tiene en España su corazoncito vacacional, adivinamos que evocó a Luis Aguilé para mejorarse el ánimo con melodías peninsulares. Y allí apareció la pegadiza canción El Tío Calambres, y con la canción la idea. El partido se iba pero aún tenía tiempo de salvarse de ser un don nadie.
No lo pensó dos veces: primero, con viveza escénica para el disimulo, amonestó a un norteamericano y, tras cartón, se tiró al piso y acusó un calambre. Lo asistió un futbolista australiano. Él hubiera preferido a un local y no a uno de sus híper-correctos ofensores, pero bueno, algo es algo.

Sea como fuere, se retiró con la frente alta, sin resentimientos, como un Klaus Kinski de silbato y pantalones cortos que marcha por la alfombra verde al encuentro de Herzog en el Lumen Field de Seattle.
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Mammmitttaaa!
Que los africanos vayan poniendo las rastas en remojo!!
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