Antes de convertirse en uno de los compositores fundamentales de la música popular argentina, Fito Páez fue el corazón creativo detrás de una etapa decisiva de Juan Carlos Baglietto. Entre 1982 y 1985 escribió doce canciones que marcaron a la Trova Rosarina, acompañaron el regreso de la democracia y revelaron a un autor que ya tenía una identidad propia.
Por Carlos Alberto Resurgián para NLI

Hubo un tiempo en que Fito Páez todavía no era Fito Páez, al menos no para el gran público. No llenaba estadios, no tenía discos multiplatino bajo su nombre y todavía no había construido una carrera solista que lo transformaría en uno de los músicos argentinos más influyentes de las últimas décadas. Era simplemente un joven rosarino de pelo largo, sentado detrás de un piano, escribiendo canciones que parecían demasiado grandes para su edad.
Ese joven apareció en escena dentro de una revolución silenciosa: la Trova Rosarina, un movimiento que llevó desde Rosario una nueva forma de entender la canción argentina, mezclando rock, poesía urbana, tango, folclore y una mirada profundamente generacional. En ese núcleo estaban Juan Carlos Baglietto, Silvina Garré, Rubén Goldín, Adrián Abonizio, Jorge Fandermole y Fito Páez.
Pero fue alrededor de Baglietto donde Fito encontró su primera gran plataforma. No solamente era el tecladista de la banda: era también compositor, arreglador y una de las principales usinas creativas de aquel sonido nuevo.
El nacimiento de un compositor: “Tiempos difíciles” y la irrupción de una generación
En 1982 apareció Tiempos difíciles, el primer disco de Juan Carlos Baglietto. El álbum llegó en un momento extraordinario y complejo: Argentina todavía estaba bajo dictadura, el país atravesaba la Guerra de Malvinas y el rock nacional comenzaba a ocupar un lugar cultural que hasta entonces le había sido negado.
Allí apareció por primera vez ante millones de oyentes la pluma de Fito Páez.
Las canciones que aportó fueron:
- Aunque mañana no estés
- Puñal tras puñal
- Sobre la cuerda floja
- La música del Río de la Plata (junto a Baglietto)
- La vida es una moneda
No eran simplemente canciones nuevas: eran postales de una época. Había melancolía, desencanto, búsqueda de identidad y una sensibilidad urbana que escapaba tanto del rock tradicional como de la canción romántica convencional.
“La vida es una moneda” fue probablemente la primera gran demostración del talento compositivo de Fito. Una canción que hablaba del paso del tiempo, de las decisiones y de esa sensación de estar caminando sobre un mundo incierto. En la voz de Baglietto adquirió una dimensión enorme y se convirtió en uno de los himnos de aquella generación.
El impacto del disco fue inmediato: Tiempos difíciles se convirtió en un fenómeno comercial y cultural, alcanzando niveles de ventas extraordinarios para un debut argentino.
“Actuar para vivir”: Fito empieza a mostrar su universo propio
Ese mismo año llegó Actuar para vivir, el segundo álbum de Baglietto, con una nueva tanda de composiciones de Páez:
- Actuar para vivir
- Tiempos difíciles
- De plenilunio
- Pa’ trabajar
El disco mostró que lo de Fito no había sido una casualidad. Había un universo artístico definido: personajes solitarios, ciudades grises, preguntas existenciales y una manera muy particular de construir melodías.
Además, Fito no era un músico invitado: formaba parte del núcleo sonoro de la banda. En aquel álbum participó como tecladista, realizó arreglos y hasta tuvo una participación vocal en algunos pasajes.
“Actuar para vivir” es una canción clave porque anticipa muchas obsesiones que aparecerían después en la obra solista de Páez: la resistencia frente al dolor, la necesidad de seguir adelante y la vida entendida como una pelea permanente.
Era un Fito todavía joven, pero ya con una voz autoral reconocible.
1983: “Tratando de crecer”, la primera gran declaración personal
El tercer capítulo llegó con el disco Baglietto (1983).
Allí aparecieron dos composiciones fundamentales:
- Tratando de crecer
- Un loco en la calesita
La primera es casi una declaración de principios. El título parece resumir toda aquella etapa: una generación intentando salir de la oscuridad, reconstruirse y encontrar un lugar después de años difíciles.
“Tratando de crecer” también funciona como una anticipación del propio camino de Fito. Poco después comenzaría su carrera solista y dejaría de ser “el tecladista de Baglietto” para convertirse en protagonista.
Pero todavía faltaba una obra más.
“Modelo para armar” y la despedida de una etapa
En 1985, Juan Carlos Baglietto publicó Modelo para armar, un disco que encontró a la Trova Rosarina atravesando una transformación y a un Páez que ya había editado con éxito su primer disco. Ya no era aquella irrupción inesperada que había sorprendido al país con Tiempos difíciles, sino un movimiento artístico consolidado que empezaba a abrir nuevos caminos. Allí apareció la última gran composición de Fito para esta etapa junto a Baglietto: “Las cosas tienen movimiento”, ubicada como cierre del álbum.
- Las cosas tienen movimiento
Y quizás no haya título más perfecto para explicar la propia historia de Fito dentro de la obra de Baglietto.
Porque si algo tuvo aquel vínculo creativo fue justamente movimiento. Fito llegó como un joven tecladista y compositor rosarino, casi desconocido para el gran público; se convirtió en una de las piezas fundamentales del sonido de Baglietto; dejó doce canciones que definieron una época; y luego comenzó a correrse hacia el centro de la escena para construir su propia carrera.
Las cosas se movían también para él.
El Fito que había escrito “La vida es una moneda”, “Tiempos difíciles” o “Tratando de crecer” ya no era exactamente el mismo que componía “Las cosas tienen movimiento”. Había atravesado una etapa de aprendizaje, había compartido escenario con grandes músicos y ya estaba preparando el salto definitivo hacia su propia identidad artística.
Pero la salida de Fito del universo Baglietto no significó una ruptura. Fue una evolución natural. Como si la propia canción anticipara que ningún artista puede permanecer quieto: las influencias entran, las sociedades creativas se transforman, los caminos se separan y, muchas veces, aquello que parecía un final termina siendo el comienzo de algo más grande.
Baglietto fue la primera gran voz que llevó las canciones de Fito al país. Fito fue una de las principales razones por las que aquellas canciones tenían una identidad distinta. Después cada uno siguió su camino, pero esa sociedad quedó como uno de los capítulos más importantes del rock argentino.
Y como la canción que cerró aquella etapa parecía anunciar: todo estaba en movimiento.
Las doce canciones que anunciaron al artista que vendría
Antes de Giros, antes de Ciudad de pobres corazones, antes de El amor después del amor, Fito Páez ya había dejado una obra fundamental.
Las doce canciones que escribió para Baglietto entre 1982 y 1985 fueron:
- Aunque mañana no estés
- Puñal tras puñal
- Sobre la cuerda floja
- La música del Río de la Plata
- La vida es una moneda
- Actuar para vivir
- Tiempos difíciles
- De plenilunio
- Pa’ trabajar
- Tratando de crecer
- Un loco en la calesita
- Las cosas tienen movimiento
No fue solamente un aporte a la carrera de Juan Carlos Baglietto. Fue mucho más: fue la presentación en sociedad de uno de los grandes compositores argentinos del último medio siglo.
Porque antes de ser Fito Páez, antes de convertirse en leyenda, hubo un joven rosarino que escribía canciones detrás de un piano mientras una voz llamada Baglietto las llevaba al país entero.
Y ahí empezó todo.
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