Cadillac atraviesa un duro debut en la Fórmula 1 2026: sin puntos, con problemas de fiabilidad y cambios en su conducción, mientras Pérez y Bottas intentan rescatar el proyecto.
Por Ignacio Elfratini para NLI

Cadillac llegó a la Fórmula 1 rodeada de expectativas. El respaldo de General Motors, el peso histórico de una de las marcas más reconocidas de la industria automotriz estadounidense y una dupla de pilotos integrada por Sergio “Checo” Pérez y Valtteri Bottas parecían configurar una combinación destinada, al menos, a evitar el fondo de la parrilla. Sin embargo, la realidad de las primeras carreras de 2026 fue bastante diferente. El nuevo equipo todavía no logró sumar puntos y quedó atrapado en una situación que expone una de las grandes verdades de la categoría: en la Fórmula 1, el dinero, el prestigio y los nombres importantes no alcanzan cuando todavía falta construir un auto competitivo.
La llegada de Cadillac tiene, además, una particularidad. No se trata simplemente de una nueva escudería que apareció de la nada, sino de la entrada de un gigante industrial estadounidense a una categoría que se convirtió en una plataforma global de enorme valor comercial y tecnológico. General Motors apuesta a largo plazo y, en esta primera etapa, Cadillac utiliza unidades de potencia Ferrari mientras trabaja en el desarrollo de su propio motor. El proyecto, por lo tanto, está atravesando simultáneamente dos procesos: competir en el campeonato y construir las herramientas necesarias para convertirse en un fabricante integral de Fórmula 1.
Un debut mucho más complicado de lo esperado
La elección de Pérez y Bottas parecía uno de los puntos fuertes del proyecto. El mexicano llegaba después de varias temporadas en Red Bull, con victorias, podios y experiencia en la lucha por campeonatos, mientras que el finlandés había sido durante años piloto de Mercedes y consiguió múltiples triunfos junto al equipo alemán. Dos corredores acostumbrados a competir con autos capaces de pelear adelante se encontraron, de repente, intentando sobrevivir en el fondo de la parrilla.
La diferencia entre el piloto y la máquina quedó expuesta desde las primeras carreras. Cadillac tuvo dificultades para encontrar velocidad y, todavía más preocupante, sufrió problemas de fiabilidad que terminaron convirtiéndose en uno de los principales obstáculos del proyecto. Un auto lento puede, con desarrollo y trabajo, transformarse en un auto competitivo. Pero cuando además no consigue completar las carreras, la acumulación de información y kilómetros necesarios para progresar se vuelve mucho más difícil.
El problema tampoco se limita a una cuestión de potencia. La Fórmula 1 moderna exige una estructura técnica gigantesca, capaz de trabajar simultáneamente en aerodinámica, simulación, neumáticos, estrategia, puesta a punto, desarrollo y confiabilidad. Los equipos consolidados cuentan con décadas de conocimiento acumulado y procedimientos perfeccionados a lo largo de cientos de Grandes Premios. Cadillac está intentando construir todo eso mientras ya tiene que competir todos los fines de semana.
Y esa diferencia se nota.
Pérez y Bottas, experiencia de sobra para un auto que todavía no responde
Los resultados de la primera parte del campeonato muestran una situación particularmente incómoda. En las primeras once fechas, Cadillac no consiguió transformar la experiencia de sus pilotos en puntos para el campeonato, mientras que los abandonos y los problemas de rendimiento se acumularon. El mejor resultado de Bottas había sido un decimotercer puesto en China, mientras que Pérez también sufrió dificultades para convertir sus actuaciones en resultados concretos.
En Mónaco apareció una de las pocas oportunidades para romper la sequía. Pérez llegó a terminar décimo, lo que le habría permitido conseguir el primer punto de Cadillac en la categoría, pero una penalización posterior modificó el resultado. El episodio resumió de alguna manera la temporada: incluso cuando el equipo encuentra una pequeña ventana para acercarse a la zona de puntos, algo termina impidiendo que el esfuerzo se traduzca en una recompensa deportiva.
Bottas, por su parte, reconoció que la experiencia en Cadillac le permitió comprender todavía más la dimensión del trabajo que realizan las estructuras consolidadas. Los problemas de fiabilidad fueron uno de los aspectos que más lo sorprendieron. Y allí aparece otra diferencia fundamental: los grandes equipos no solamente tienen autos rápidos, sino que cuentan con una capacidad enorme para diagnosticar problemas, corregirlos y evolucionar rápidamente entre una carrera y otra.
Para un piloto acostumbrado a Mercedes o Red Bull, ese contraste debe resultar particularmente duro. No alcanza con tener un corredor capaz de manejar rápido: si el auto no genera confianza, si la estrategia no acompaña o si la máquina no llega a la bandera a cuadros, el talento queda atrapado en el garaje.
La verdadera carrera de Cadillac recién está comenzando
Por eso, definir a Cadillac simplemente como “el peor equipo de la Fórmula 1” puede ser correcto si se observa exclusivamente la tabla de posiciones, pero resulta insuficiente para comprender el proceso. Cadillac está pagando el precio de ser una estructura nueva en una categoría donde la experiencia tiene un valor extraordinario.
La escudería todavía está construyendo su identidad y sus mecanismos internos. Tiene que desarrollar infraestructura, incorporar especialistas, perfeccionar los procesos de trabajo y establecer una metodología propia. Y debe hacerlo mientras compite contra organizaciones que llevan décadas haciendo exactamente lo mismo.
La situación llevó incluso a un cambio importante en la conducción del proyecto. Graeme Lowdon dejó su puesto como jefe de equipo y fue reemplazado por Marcin Budkowski, un ingeniero con experiencia en Ferrari, McLaren, la FIA y Alpine. La modificación se produce en pleno receso de verano de la Fórmula 1 y representa una señal de que Cadillac busca acelerar la transformación de una estructura que todavía está lejos del rendimiento que pretende alcanzar.
El movimiento también muestra que General Motors entiende que el desafío no pasa solamente por poner dinero. La Fórmula 1 requiere conocimiento específico, capacidad técnica y una organización capaz de transformar enormes cantidades de información en decisiones concretas. El presupuesto puede comprar instalaciones, contratar ingenieros y desarrollar tecnología, pero no puede comprar instantáneamente la experiencia colectiva que otros equipos acumularon durante décadas.
La apuesta, por lo tanto, debe medirse con otra vara. Cadillac no tiene por qué convertirse inmediatamente en un equipo de punta. Su primer objetivo debería ser construir una base sólida, reducir los abandonos, acercarse progresivamente a la zona de puntos y aprender a desarrollar el auto durante la temporada. Después vendrá el verdadero salto competitivo.
El proyecto tiene, además, una carta fundamental para el futuro: General Motors trabaja en su propia unidad de potencia, lo que permitirá que Cadillac deje de depender de Ferrari y avance hacia una identidad tecnológica mucho más completa. Si logra combinar ese motor con una estructura técnica madura y una organización deportiva eficiente, la situación podría cambiar radicalmente en los próximos años.
Por ahora, sin embargo, la realidad es otra. Cadillac tiene un nombre enorme, una compañía gigantesca detrás, dos pilotos experimentados y una inversión considerable. Pero en la pista todavía ocupa el lugar que ningún fabricante quiere ocupar: el fondo de la Fórmula 1.
La paradoja es que justamente ese fracaso inicial puede ser parte del precio de entrada. Porque Cadillac todavía no está demostrando cuánto puede hacer como equipo consolidado. Está demostrando, antes que nada, cuánto le cuesta convertirse en uno.
Y en la Fórmula 1, donde cada décima de segundo representa meses de desarrollo y millones de dólares de inversión, aprender a competir también es una carrera.
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