Una pericia vinculada a Jésica Cirio reveló imágenes de los Cuadernos de Centeno ocultas bajo material borrado y abrió nuevos interrogantes sobre la polémica causa judicial.
Por Redacción de NLI

Una pericia judicial sobre material audiovisual vinculado a Jésica Cirio produjo una aparición tan insólita como inquietante: debajo de imágenes que habían sido borradas aparecieron registros de los cuadernos de Oscar Centeno, la supuesta prueba central de una causa que desde hace años acumula cuestionamientos sobre su origen, manipulación y tratamiento judicial. La coincidencia temporal resulta especialmente llamativa: entre ambos episodios existen ocho años de diferencia.
El hallazgo fue revelado este sábado por Página/12, en un informe firmado por Raúl Kollmann, que plantea la necesidad de que la Justicia investigue cómo llegaron esas imágenes a esos archivos y, sobre todo, qué relación puede existir entre ambos conjuntos de material. No se trata de afirmar que una cosa explique automáticamente la otra, sino de hacerse una pregunta elemental ante una evidencia que, por lo extraordinaria, merece ser examinada con todas las garantías.
Una aparición que vuelve a poner a los Cuadernos bajo la lupa
La llamada causa Cuadernos nació en 2018 a partir de las anotaciones atribuidas al chofer Oscar Centeno, quien registraba supuestos recorridos para trasladar dinero. Aquellos escritos fueron convertidos en una pieza fundamental de una investigación que involucró a empresarios y exfuncionarios y que tuvo como uno de sus principales objetivos a Cristina Fernández de Kirchner.
Pero desde entonces, la autenticidad y el tratamiento de esos documentos fueron objeto de fuertes controversias. Una pericia caligráfica difundida en 2023, por ejemplo, determinó que Jorge Bacigalupo, quien había tenido los cuadernos bajo su custodia antes de que llegaran a la Justicia, había realizado escrituras sobre ellos. Aquello abrió una discusión de enorme gravedad sobre posibles adulteraciones.
La cuestión no es menor. Cuando una investigación judicial se construye alrededor de una determinada prueba, cualquier duda razonable acerca de su integridad obliga a extremar los controles. No alcanza con repetir durante años que una evidencia es contundente: debe poder resistir una revisión técnica, independiente y transparente.
Y ahora aparece una nueva pieza en un rompecabezas que ya era suficientemente complejo.
¿Qué hacían esas imágenes allí?
Según la información publicada por Página/12, durante una pericia realizada sobre imágenes relacionadas con Jésica Cirio aparecieron, por debajo de material borrado, imágenes correspondientes a los cuadernos de Oscar Centeno. La diferencia temporal señalada por el artículo es de aproximadamente ocho años.
El dato adquiere particular relevancia porque el material audiovisual examinado está relacionado con el conocido episodio de las imágenes de Cirio en las que aparecen grandes cantidades de dólares en un vestidor. Ese material había generado, a su vez, investigaciones judiciales y una intensa disputa pública alrededor de Martín Insaurralde y su patrimonio.
La aparición de imágenes de los Cuadernos dentro de ese universo digital no demuestra por sí misma una conexión delictiva. Eso sería sacar una conclusión que la prueba todavía no permite sostener. Pero sí plantea un interrogante concreto: ¿cómo terminaron allí esas imágenes y quién las incorporó, almacenó, copió o manipuló?
Precisamente por eso, la información publicada señala que se pide investigar la coincidencia.
Y hay algo particularmente importante: una pericia no debería ser utilizada para confirmar una hipótesis previamente elegida, sino para determinar qué ocurrió realmente. Si el material encontrado es auténtico, deberá establecerse su procedencia. Si fue incorporado posteriormente, deberá determinarse cuándo, cómo y por quién. Y si existió algún tipo de manipulación, deberá establecerse su alcance.
La Justicia frente a una prueba que exige explicaciones
El caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión que excede largamente a nombres propios y enfrentamientos partidarios. La Justicia argentina tiene una obligación básica: preservar la integridad de las pruebas.
Los expedientes judiciales pueden durar años. Durante ese tiempo circulan documentos, teléfonos, computadoras, copias, pericias y respaldos digitales. Cada transferencia de un elemento probatorio debería quedar documentada y poder ser reconstruida. En materia de evidencia digital, además, la trazabilidad resulta fundamental para determinar que un archivo no fue modificado o incorporado en un momento posterior.
Por eso, el hallazgo informado este sábado merece atención. No porque permita automáticamente reescribir la historia de la causa Cuadernos, sino porque agrega una pregunta que la Justicia debería responder con precisión.
¿Por qué aparecen imágenes de los cuadernos de Centeno debajo de imágenes borradas relacionadas con Jésica Cirio, separadas por ocho años de diferencia?
La respuesta no puede quedar atrapada en operaciones mediáticas, consignas políticas ni defensas automáticas de ningún sector. Si no hay relación entre los materiales, la investigación debería demostrarlo. Si existe una explicación técnica, debería conocerse. Y si alguien manipuló, incorporó o utilizó documentación de manera irregular, deberá responder por ello.
La causa Cuadernos arrastra desde hace años controversias sobre sus pruebas y procedimientos. La nueva aparición no resuelve ninguna de esas discusiones, pero sí agrega un elemento que exige ser esclarecido. En una democracia, la verdad judicial no puede depender de qué resultado político produzca una prueba, sino de que esa prueba sea legítima, verificable y obtenida conforme a derecho.
Porque cuando una evidencia aparece donde nadie esperaba encontrarla, la respuesta no debería ser mirar para otro lado.
La respuesta debería ser investigar.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
