Cerimedo, de la Casa Rosada a una cárcel de máxima seguridad en Bolivia

La Justicia boliviana ordenó trasladar a Fernando Cerimedo al penal de máxima seguridad de Chonchocoro, donde deberá cumplir seis meses de prisión preventiva por una causa de presunto enriquecimiento ilícito. El consultor argentino permanece además investigado por la tentativa de femicidio de su expareja. Mientras su situación judicial se agrava y su actividad política digital comienza a investigarse también en Chile, en Buenos Aires el Gobierno intenta tomar distancia de quien asesoró a Javier Milei y registró al menos 13 ingresos a la Casa Rosada durante la actual gestión.

Por Luis Bulnes Valdez para NLI

El cerco judicial alrededor de Fernando Cerimedo, uno de los operadores digitales que acompañó el crecimiento político de Javier Milei y que durante años se movió entre campañas electorales, medios de ultraderecha y consultorías políticas latinoamericanas, volvió a estrecharse este jueves en Bolivia. La Justicia de ese país confirmó que el empresario argentino deberá ser trasladado desde la cárcel de Palmasola, en Santa Cruz de la Sierra, hasta Chonchocoro, el penal de máxima seguridad ubicado en La Paz, para cumplir una nueva medida de prisión preventiva durante seis meses, esta vez dentro de una investigación por presunto enriquecimiento ilícito. Su defensa anunció que intentará impedir el traslado en una audiencia prevista para este viernes.

La decisión se superpone con otra causa mucho más grave que ya mantiene detenido a Cerimedo: la investigación por la tentativa de femicidio de Nadia Beller, su expareja, atacada a balazos el 17 de agosto. En ese expediente, un juez boliviano también dispuso 180 días de prisión preventiva y habilitó la utilización de comunicaciones encontradas en el teléfono del consultor. Según la acusación fiscal citada por la prensa argentina, los investigadores consideran que existirían elementos para atribuirle, con el grado de probabilidad propio de esta instancia procesal, un papel como presunto autor intelectual del ataque. Cerimedo niega las acusaciones y su defensa cuestiona tanto la investigación como las circunstancias que rodearon el atentado.

Un operador que conocía bien la Casa Rosada

Presentar a Cerimedo simplemente como un consultor argentino detenido en Bolivia, sin embargo, mutilaría una parte decisiva de la historia. Su nombre está estrechamente relacionado con la construcción comunicacional de la nueva derecha latinoamericana y, particularmente, con el ascenso político de Javier Milei. Cofundador de La Derecha Diario y responsable de la agencia Numen, se especializó en campañas digitales, redes sociales y comunicación política y trabajó alrededor de figuras de la derecha regional. En Argentina fue asesor del actual Presidente durante la campaña electoral y formó parte del ecosistema digital que contribuyó a multiplicar el mensaje libertario en las redes.

Precisamente por eso resultó llamativo el esfuerzo posterior del Gobierno argentino por reducir aquel vínculo a una relación perteneciente al pasado. Cuando la situación judicial de Cerimedo comenzó a adquirir dimensión internacional, Milei aseguró públicamente que había dejado de relacionarse con él en 2023 y sostuvo que el consultor ya no tenía “vínculo de ningún tipo” con su espacio. El problema para esa explicación apareció en los propios registros administrativos de la Presidencia: documentación oficial examinada por La Nación reveló que Cerimedo ingresó al menos 13 veces a la Casa Rosada después de la asunción presidencial de Milei, desde el 11 de diciembre de 2023 hasta, como mínimo, el 5 de junio de 2024.

Las autorizaciones tampoco aparecen vinculadas a funcionarios marginales. De acuerdo con esas planillas, los ingresos fueron aprobados en distintas oportunidades desde áreas relacionadas con Lisandro Catalán, además de aparecer autorizaciones atribuidas a “Menem” —en Balcarce 50 trabaja Eduardo “Lule” Menem, uno de los hombres de confianza de Karina Milei—, al entonces jefe de Gabinete Guillermo Francos y al asesor presidencial Santiago Caputo. Cerimedo, además, siguió participando de espacios compartidos con dirigentes y comunicadores libertarios y mantuvo vínculos con integrantes del dispositivo digital oficialista, entre ellos Juan Pablo Carreira y Daniel Parisini, conocido como “Gordo Dan”.

La secuencia vuelve mucho más difícil sostener una desvinculación absoluta desde 2023. Una cosa es afirmar que Cerimedo dejó de ocupar un rol formal dentro de la estructura política de Milei y otra muy distinta concluir que había desaparecido de su universo político. Trece ingresos documentados a la sede del Poder Ejecutivo durante los primeros seis meses del gobierno libertario constituyen, como mínimo, evidencia de que continuó teniendo acceso a funcionarios nacionales, aun cuando eso por sí solo no permita establecer qué actividades desarrolló dentro de cada reunión.

De Bolivia a Chile, una trama regional

Cerimedo tampoco desarrolló su actividad exclusivamente en la Argentina. Su carrera siguió el mismo recorrido transnacional que durante la última década adoptaron numerosas estructuras de comunicación política de la derecha regional: consultores, medios digitales, influencers, campañas coordinadas y estrategias de intervención en redes capaces de cruzar rápidamente las fronteras nacionales. En Bolivia, el propio consultor había reconocido su proximidad con el entorno político del presidente Rodrigo Paz, una relación que provocó pedidos de informes de legisladores interesados en conocer si desempeñaba funciones formales, si existía algún contrato con el Estado y cuál era su verdadera influencia dentro del Gobierno.

Ahora la onda expansiva llega también a Chile. La Cámara de Diputados de ese país aprobó la creación de una comisión investigadora destinada a analizar campañas de manipulación digital, utilización de cuentas automatizadas y desinformación vinculadas con procesos electorales desde 2020. Uno de los puntos bajo análisis es la eventual participación de Cerimedo en operaciones relacionadas con sectores del Partido Republicano, la fuerza fundada por el actual presidente José Antonio Kast. La creación de la comisión fue aprobada por 69 votos contra 43 y una abstención, mientras Kast reconoció conocer al consultor argentino pero negó que su gobierno o sus campañas hayan contratado sus servicios.

El dato es relevante porque revela que la caída de Cerimedo empieza a dejar de ser únicamente un expediente penal boliviano para convertirse en una historia política regional. Quien durante años ofreció conocimiento sobre redes sociales, construcción de narrativas digitales y campañas electorales a espacios de la nueva derecha latinoamericana enfrenta ahora causas judiciales en Bolivia mientras parlamentarios chilenos intentan determinar hasta dónde llegaron las redes de influencia digital en las que participó.

Milei intenta borrar una relación que dejó registros

En la Argentina, entretanto, la reacción libertaria conserva un mecanismo conocido: tomar distancia del colaborador cuando comienza el escándalo y presentar como periférico a quien hasta poco antes circulaba por los espacios del poder. La versión oficial sostiene que Milei perdió contacto con Cerimedo en 2023. Los registros oficiales, sin embargo, muestran al consultor entrando repetidamente a la Casa Rosada durante 2024, autorizado por figuras relevantes del Gobierno. Más tarde, incluso cuando la investigación boliviana ya había estallado, el propio Presidente reprodujo en sus redes mensajes que planteaban dudas acerca del ataque sufrido por Beller y hablaban de una eventual “operación” política.

Nada de aquello determina la responsabilidad penal de Cerimedo, que deberá resolverse en los tribunales bolivianos y bajo las garantías correspondientes. Pero tampoco resulta periodísticamente razonable borrar su trayectoria política para convertirlo repentinamente en un empresario aislado cuya historia comenzó en una comisaría de Santa Cruz de la Sierra.

Cerimedo llegó a Bolivia después de haber construido durante años relaciones con algunas de las expresiones más importantes de la derecha latinoamericana y después de haber participado del dispositivo político y comunicacional que llevó a Milei a la Presidencia argentina. Hoy permanece encarcelado en Palmasola, enfrenta una orden para ser enviado a una prisión de máxima seguridad, acumula investigaciones penales y observa cómo su actividad digital comienza a ser revisada también desde Chile. Y mientras su nombre se transforma en un problema regional, en Buenos Aires quedan documentos bastante más difíciles de trasladar que un detenido: las planillas oficiales que registraron, una detrás de otra, sus visitas a la Casa Rosada.


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