La Justicia Federal de Mar del Plata ordenó restituir “Retrato de una dama”, un cuadro robado por los nazis que apareció en 2025 en un chalet y llevaba 86 años desaparecido.
Por Alina C. Galifante para NLI

Durante décadas, “Retrato de una dama” fue apenas una ausencia en una lista de obras de arte expoliadas por el nazismo. El cuadro, pintado en el siglo XVIII por el italiano Giacomo Antonio Melchiorre Ceruti, había formado parte de la extraordinaria colección del galerista judío neerlandés Jacques Goudstikker, saqueada durante la ocupación nazi de los Países Bajos. Nadie sabía dónde estaba. Hasta que una fotografía publicada en un aviso inmobiliario permitió descubrir que, casi 86 años después del comienzo de aquella historia de persecución y despojo, la pintura estaba colgada en el living de un chalet de Mar del Plata. Este viernes, la Justicia Federal de esa ciudad ordenó finalmente su restitución a Marei von Saher, única heredera de Goudstikker, cerrando uno de los casos de recuperación de patrimonio expoliado por los nazis más singulares registrados en la Argentina.
La resolución fue adoptada por el juez federal de Garantías Santiago Inchausti, durante una audiencia en la que se homologó un acuerdo entre la Fiscalía y la pareja que tenía la obra en su poder. Patricia Kadgien y Juan Carlos Cortegoso, imputados por encubrimiento agravado, renunciaron de manera expresa e irrevocable a cualquier derecho o reclamo sobre la pintura y aceptaron su restitución a la heredera. Como parte de la suspensión del proceso a prueba, deberán además cumplir reglas de conducta durante dos años y realizar un aporte conjunto de 4,8 millones de pesos a la Cooperadora del Hospital Materno Infantil de Mar del Plata, en 24 cuotas mensuales. El cuadro permanece bajo custodia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y ahora deberá establecerse el mecanismo concreto para su entrega.
El saqueo de una colección durante el nazismo
Para comprender por qué la restitución tiene un significado que excede largamente el valor económico de una pintura, hay que volver a 1940, cuando la Alemania nazi invadió los Países Bajos. Jacques Goudstikker era entonces uno de los galeristas más importantes de Europa y había reunido en Ámsterdam una colección de más de mil obras. Como judío, quedó atrapado en la persecución desplegada por el régimen nazi y tuvo que abandonar el país. Tras su huida, su colección fue objeto de una operación de expolio mediante la cual numerosas piezas terminaron en manos de funcionarios y jerarcas nazis. “Retrato de una dama” desapareció entonces del circuito legítimo de propiedad y durante décadas quedó separado de la familia a la que pertenecía.
El caso de Goudstikker forma parte de una historia mucho más amplia: el régimen nazi no solamente persiguió, deportó y asesinó a millones de personas, sino que también desarrolló un gigantesco sistema de apropiación y saqueo de bienes culturales pertenecientes principalmente a familias judías. Pinturas, esculturas, libros, objetos religiosos y colecciones completas fueron confiscados, vendidos bajo coerción o directamente robados. Muchas de esas piezas terminaron después en museos, colecciones privadas o mercados de arte de distintos países, y una parte continúa sin ser localizada. Por eso, la restitución de una obra no implica únicamente devolver un objeto físico: supone reconstruir una cadena de propiedad quebrada por la violencia y reconocer que aquella transferencia original nunca fue legítima.
La familia Goudstikker lleva décadas intentando recuperar las piezas que sobrevivieron al saqueo. Marei von Saher, nuera de Jacques Goudstikker y su única heredera, ha participado durante años en reclamos internacionales para recuperar obras de la colección. En el caso argentino, la pretensión no estuvo centrada en obtener una indemnización económica sino en recuperar el objeto que había pertenecido legítimamente a su familia. Durante la audiencia, la querella remarcó que no se buscaba venganza sino poner fin al expolio y concretar la restitución de la obra. El fiscal federal Carlos Martínez definió la devolución como una reparación de carácter histórico para las víctimas, mientras que el fiscal general Daniel Adler señaló que su alcance también comprende al colectivo afectado por el genocidio nazi.
Una fotografía, una casa en venta y una pista imposible
La aparición del cuadro parece salida de una novela policial. En agosto de 2025, periodistas neerlandeses que investigaban el destino de obras pertenecientes a la colección Goudstikker encontraron una fotografía publicada en un aviso inmobiliario de una vivienda de Mar del Plata. En la imagen podía verse el interior de un chalet del barrio Parque Luro y, sobre una pared del living, aparecía una pintura cuyas características coincidían con una de las obras desaparecidas. La fotografía permitió transformar una búsqueda internacional que llevaba décadas en una pista concreta ubicada a miles de kilómetros de los Países Bajos.
La investigación judicial comenzó inmediatamente. El 26 de agosto de 2025, por orden del juez Inchausti, se realizó un registro en la vivienda donde había sido fotografiado el cuadro, pero la obra ya no estaba allí. Había sido retirada y en la pared todavía podía observarse la marca que indicaba dónde había estado colgada. Durante los días siguientes se realizaron nuevos procedimientos en domicilios vinculados al entorno familiar y se dispuso el arresto domiciliario de la pareja. Finalmente, el 3 de septiembre de 2025, Patricia Kadgien y Juan Carlos Cortegoso entregaron la pintura a través de su abogado en la sede del Ministerio Público Fiscal de Mar del Plata. Desde entonces quedó bajo custodia judicial.
La historia tenía además una conexión particularmente sensible con el pasado europeo. Patricia Kadgien es hija de Friedrich Kadgien, un exfuncionario del régimen nazi que después de la Segunda Guerra Mundial escapó de Europa y terminó viviendo en Sudamérica. La pintura había permanecido en poder de la familia durante décadas y la investigación judicial estableció que la pareja imputada la había tenido, al menos, desde 1979 hasta septiembre de 2025. La obra, por lo tanto, no apareció simplemente en una casa argentina: apareció en el entorno de una familia vinculada directamente con un funcionario del régimen responsable de la persecución y el saqueo que había provocado su desaparición.
De una atribución equivocada a la prueba de su verdadero origen
El rescate del cuadro no terminó con su entrega a la Justicia. Había que demostrar que realmente se trataba de la obra desaparecida y determinar con precisión su autoría y procedencia. Durante años había circulado atribuida al pintor italiano Giuseppe Ghislandi, pero los estudios realizados después de su recuperación permitieron establecer que se trataba de una obra auténtica de Giacomo Antonio Melchiorre Ceruti, artista italiano del siglo XVIII conocido como “Il Pitocchetto”. Peritos designados por la Academia Nacional de Bellas Artes realizaron los estudios técnicos que permitieron autenticar la pieza y vincularla con la colección de Goudstikker.
Ese trabajo de identificación es fundamental porque la restitución de patrimonio expoliado no puede descansar solamente en una semejanza visual o en una vieja fotografía. Hace falta reconstruir la trayectoria de la pieza, comparar registros, estudiar documentación, verificar características materiales y establecer una cadena de procedencia que permita determinar quién fue su propietario legítimo y de qué manera salió de su poder. En este caso, la investigación argentina pudo vincular la pintura con las bases de datos de obras reclamadas por el Ministerio de Educación y Cultura de los Países Bajos y con información internacional aportada a través de INTERPOL y PROCELAC. El caso también fue seguido por el Comité Argentino de Lucha contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales.
Hay además una decisión que le agrega una dimensión cultural al desenlace. La heredera manifestó su voluntad de que la pintura pueda permanecer temporalmente en la Argentina y ser exhibida al público, con la intención de contribuir a la concientización sobre el expolio de bienes culturales cometido durante el régimen nazi. La idea permitiría que una obra que regresará legalmente a la familia de su propietario pueda, antes de abandonar definitivamente el país, convertirse también en una herramienta para explicar una parte de la historia que todavía tiene consecuencias en el presente.
La historia de “Retrato de una dama” demuestra que el tiempo no necesariamente borra las huellas de un crimen. Durante décadas, el cuadro permaneció fuera de la colección a la que pertenecía, pasó por manos desconocidas, atravesó fronteras y terminó decorando el living de una vivienda argentina. Una fotografía tomada para vender una casa terminó revelando la existencia de una obra que llevaba más de ocho décadas desaparecida, y esa imagen puso en movimiento una investigación internacional que permitió reconstruir su identidad y su procedencia.
La restitución decidida ahora por la Justicia Federal de Mar del Plata no puede devolver las vidas destruidas por el nazismo ni reparar por completo el daño sufrido por las familias perseguidas, pero sí permite recuperar una parte concreta de aquello que fue arrebatado. En este caso, la reparación tiene la forma de una pintura del siglo XVIII que volverá a manos de la familia de su legítimo propietario después de 86 años de expolio. Y acaso allí esté el significado más profundo de la historia: los regímenes pueden desaparecer, las generaciones pueden sucederse y las obras pueden permanecer ocultas durante décadas, pero la memoria de quién fue despojado y de cómo ocurrió ese despojo puede sobrevivir hasta que, finalmente, alguien vuelva a encontrar la pieza que faltaba.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
