Colapinto recibió una bocina en “La Revuelta” y aprovechó para tirarle un misil a Gasly

El piloto argentino fue invitado al programa español “La Revuelta” y protagonizó uno de los momentos más divertidos de la noche. David Broncano quiso regalarle una bocina, pero Franco Colapinto encontró rápidamente una utilidad mucho más concreta para el obsequio: hacerla sonar cuando Pierre Gasly se olvidara de que corrían para el mismo equipo.

Por Ignacio Elfratini para NLI

Franco Colapinto podrá subirse a un Fórmula 1, disputar una carrera a más de 300 kilómetros por hora y bancarse la presión de una última vuelta con un McLaren respirándole en la nuca, pero hay algo que evidentemente todavía no había incorporado a su equipamiento: una buena bocina para hacerle entender a Pierre Gasly que se corra.

La solución apareció, curiosamente, en un estudio de televisión español.

El piloto argentino fue invitado a “La Revuelta”, el popular programa conducido por David Broncano, y en medio de la entrevista recibió un regalo bastante particular: una bocina de mano, de esas que sirven para llamar la atención a los gritos sin necesidad de levantar la voz. Broncano se la entregó entre bromas y hasta tuvo que explicarle a Colapinto que en España se la conoce como “claxon”.

Pero el argentino, que aparentemente todavía tenía fresca la película del último Gran Premio de España, no necesitó demasiadas explicaciones para encontrarle una utilidad deportiva al aparatito.

Tú no le puedes pegar un claxon, ¿sabes lo que digo?”, le planteó Broncano.

Colapinto lo miró y soltó la respuesta que convirtió un regalo inocente en una pequeña venganza televisiva: “Lo podría haber usado el domingo”.

Y ahí estaba el verdadero chiste.

Porque el domingo anterior, en el circuito Madring, Colapinto había terminado séptimo, pero tuvo que atravesar un cierre de carrera bastante más complicado de lo necesario. Gasly marchaba delante suyo y todavía debía realizar su parada en boxes. El argentino necesitaba aprovechar el ritmo que tenía para intentar avanzar y, al mismo tiempo, tenía a Oscar Piastri acercándose peligrosamente por detrás.

La orden que Colapinto esperaba no llegaba.

Por radio comenzó entonces una de esas secuencias que parecen escritas por un guionista con ganas de generar problemas dentro de un equipo de Fórmula 1.

Chicos, no perdamos tiempo. Cambio, cambio. ¿Hola? Vamos, cambio”, reclamó el argentino. La respuesta del equipo fue que estaban trabajando en la situación, pero el intercambio se demoró y la paciencia de Franco empezó a evaporarse. Finalmente, cuando la situación ya se había convertido en una cuestión de supervivencia deportiva, apareció el inolvidable: “¡Cambio, chicos! ¡La puta madre!”.

La cuestión es que mientras Colapinto pedía que Gasly le cediera el paso, Piastri se venía encima. El argentino necesitaba no perder tiempo peleándose con su compañero porque tenía por delante la posibilidad de atacar a Liam Lawson y, sobre todo, debía cuidar el séptimo lugar frente al McLaren. Finalmente Gasly entró a boxes, Colapinto pudo conservar la posición y terminó séptimo, mientras el francés concluyó duodécimo.

Por eso, cuando apareció la bocina en “La Revuelta”, Franco no necesitó que nadie le explicara demasiado para imaginar una situación alternativa: Gasly adelante, Colapinto atrás, Piastri acercándose y el argentino haciendo sonar el aparatito desesperadamente.

Bocina, ¿claxon? ¿Claxon? ¿Qué es eso? La bocina se llama”, remató además Colapinto, entrando en otra discusión completamente argentina: una cosa es que los españoles tengan sus palabras y otra muy distinta es que pretendan cambiarle el nombre a la bocina.

El episodio tuvo además esa característica que suele aparecer cuando Colapinto se sale del libreto: la capacidad de convertir una situación incómoda en un chiste sin necesidad de hacer un discurso. No hizo falta nombrar a Gasly. No hizo falta reconstruir toda la radio del Gran Premio. No hizo falta explicar quién había quedado detrás de quién.

Alcanza con imaginar la escena: Broncano entrega una bocina, Colapinto la mira y, casi inmediatamente, aparece el recuerdo de aquella vuelta en la que pedía por radio que cambiaran las posiciones mientras el McLaren de Piastri se acercaba.

Una bocina.

El objeto que quizá hubiera solucionado en tres segundos lo que Alpine necesitó discutir durante varias vueltas.

Y si alguna vez aparece una edición especial del merchandising de Colapinto, ya hay candidato para la primera pieza: “Bocina oficial anti-Gasly”. Con dos modos de funcionamiento: uno para tráfico y otro para cuando el compañero de equipo decide que las órdenes de carrera pueden esperar.

Lo más gracioso, además, es que el propio Colapinto se encargó de dejar la explicación servida. No dijo que la bocina fuera para Gasly. Dijo simplemente que podría haberla usado el domingo. El resto lo puso la memoria de todos los que escucharon aquella radio en el final de la carrera.

Y así, mientras otros pilotos llevan al programa sus trofeos, sus cascos o alguna anécdota cuidadosamente preparada, Colapinto se llevó una bocina y consiguió algo bastante más difícil: convertir un momento de tensión de Fórmula 1 en un chiste que funciona incluso fuera del auto.

Porque en la pista hubo radio, estrategia, neumáticos y posiciones. En televisión hubo humor.

Pero el mensaje fue el mismo.

“Cambio, chicos.”


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