A 75 años del golpe que Perón logró derrotar

El 28 de septiembre de 1951, el general Benjamín Menéndez encabezó el primer intento de golpe contra Juan Domingo Perón. La rebelión fracasó en pocas horas, pero anticipó la crisis militar de 1955.

Por Alcides Blanco para NLI

El 28 de septiembre de 1951, apenas seis semanas antes de las elecciones presidenciales, un sector de las Fuerzas Armadas intentó derrocar al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón. La rebelión estuvo encabezada por el general retirado Benjamín Menéndez y tuvo su principal escenario en Campo de Mayo. Fue el primer intento militar de derrocar a Perón y fracasó en pocas horas, pero dejó expuestas las profundas tensiones que atravesaban a las Fuerzas Armadas y anticipó una conflictividad que volvería a aparecer, con una violencia mucho mayor, en 1955.[1]

Un ejército atravesado por la política

Para comprender aquella jornada hay que mirar más allá de la madrugada del 28 de septiembre. El vínculo entre Perón y las Fuerzas Armadas había sido uno de los pilares de la construcción política que comenzó con la revolución de 1943. Sin embargo, durante su primera presidencia comenzaron a crecer sectores militares que cuestionaban la orientación del gobierno y, especialmente, el proceso de creciente identificación entre el Estado, el movimiento peronista y la conducción política de las Fuerzas Armadas.

Robert A. Potash, en su clásico estudio sobre el Ejército argentino, ubica entre 1949 y 1951 el comienzo de una etapa de advertencias y tensiones cada vez más visibles dentro de la institución militar.[2] La reforma constitucional de 1949, que habilitó la reelección presidencial, y el clima político cada vez más confrontativo contribuyeron a alimentar la oposición de sectores militares y civiles.

La situación se agravó durante 1951. La posibilidad de una nueva candidatura de Perón y la creciente influencia política de Eva Perón provocaban fuertes resistencias en sectores del Ejército. El episodio de la candidatura de Eva a la vicepresidencia —que finalmente no prosperó— expuso además hasta qué punto la cuestión militar había adquirido un peso determinante dentro de la disputa política.

En ese contexto apareció la figura de Benjamín Menéndez, general retirado y uno de los militares dispuestos a encabezar una conspiración contra el gobierno. Otro nombre importante fue el del general Eduardo Lonardi, que finalmente no acompañó el levantamiento de Menéndez en los términos previstos.[2]

La conspiración no se limitaba exclusivamente al Ejército. Existían contactos y adhesiones en sectores de la Marina y de la Aeronáutica, además de vínculos con dirigentes civiles opositores. La propia proclama de Menéndez permite reconstruir parte del discurso utilizado por los insurrectos: denunciaba una supuesta “quiebra” moral, política y material del país y sostenía que las Fuerzas Armadas debían intervenir para poner fin al gobierno de Perón.[3]

Pero la conspiración tenía un problema decisivo: no contaba con el control efectivo de las unidades militares necesarias para garantizar su triunfo.

La madrugada de Campo de Mayo

En las primeras horas del 28 de septiembre, Menéndez y sus hombres ingresaron a Campo de Mayo, donde lograron tomar el control de algunas instalaciones y avanzar sobre unidades de caballería. El objetivo era movilizar efectivos y blindados hacia Buenos Aires para forzar la caída del gobierno. La operación comenzó a desmoronarse rápidamente.

En el Regimiento 8 de Caballería se produjo un enfrentamiento cuando el teniente coronel Julio Cáceres, jefe de la unidad, intentó resistir la sublevación. En el tiroteo murió el cabo Miguel Farina, la única víctima mortal registrada durante el levantamiento.[4]

El episodio de los tanques fue todavía más revelador. Los conspiradores esperaban disponer de una fuerza blindada considerable, pero la mayoría de los vehículos no pudo ser utilizada. De los treinta tanques disponibles, sólo una parte llegó a ponerse en movimiento y varios quedaron fuera de servicio antes de abandonar Campo de Mayo. La columna que finalmente salió quedó reducida a dos tanques Sherman, tres unidades blindadas y alrededor de doscientos efectivos de caballería.[4]

La falta de combustible, los problemas mecánicos y, sobre todo, la ausencia de adhesiones suficientes dentro de las Fuerzas Armadas transformaron lo que pretendía ser una operación destinada a tomar el poder en una retirada sin posibilidades reales de éxito.

Otras unidades que los conspiradores esperaban incorporar tampoco terminaron acompañando el movimiento. El Colegio Militar no se plegó a la rebelión y sectores de las fuerzas que habían participado de la conspiración terminaron rindiéndose.

El gobierno conservaba, en consecuencia, el control de los principales resortes militares. Menéndez terminó detenido junto con otros oficiales comprometidos con el levantamiento. El intento había durado apenas unas horas.

La respuesta política

El fracaso militar no significó que el episodio careciera de consecuencias políticas. Por el contrario, el gobierno utilizó la rebelión para profundizar el control sobre la situación interna.

Perón decretó el estado de guerra interno, mientras la CGT convocó a un paro general de 24 horas y movilizó a sus organizaciones en respaldo del gobierno constitucional.[5] La Plaza de Mayo volvió a convertirse en escenario de una demostración de fuerza del movimiento peronista.

El episodio también produjo una depuración importante dentro de las Fuerzas Armadas. Según reconstrucciones históricas posteriores, numerosos oficiales fueron sancionados, dados de baja o encarcelados.[4]

Menéndez recibió una condena de 15 años de prisión, mientras otros oficiales involucrados recibieron penas menores.[4] Pero la historia no terminó allí.

El 11 de noviembre de 1951, apenas un mes y medio después de la rebelión, se realizaron las elecciones presidenciales. Fueron los primeros comicios nacionales en los que las mujeres ejercieron plenamente el derecho al voto y también los primeros en los que pudieron ser elegidas para cargos nacionales.

Perón fue reelegido.

La intentona de Menéndez, lejos de producir el resultado buscado por sus organizadores, había fracasado. Pero había dejado algo mucho más profundo: la evidencia de que el vínculo entre el gobierno peronista y sectores importantes de las Fuerzas Armadas comenzaba a quebrarse.

Potash reconstruyó ese proceso como una progresiva pérdida de cohesión dentro de la relación entre Perón y el Ejército.[2] En los años siguientes aparecerían nuevas conspiraciones, hasta que en 1955 la situación desembocaría en los bombardeos de junio y finalmente en el golpe de septiembre que derrocó al gobierno constitucional.

Por eso el 28 de septiembre de 1951 ocupa un lugar particular en la historia argentina. No fue el golpe que terminó con Perón. Tampoco fue una rebelión militar capaz de poner realmente en jaque al gobierno durante un período prolongado.

Fue algo distinto y, precisamente por eso, importante: el primer intento organizado de utilizar el poder militar para interrumpir la experiencia constitucional peronista.

Tres años y once meses después, otro levantamiento lograría lo que Menéndez no había podido conseguir.

Citas y bibliografía

[1] Felipe Pigna, “28 de septiembre de 1951 – Alzamiento del general Benjamín Menéndez”, El Historiador, reconstrucción histórica y reproducción documental de la proclama de Menéndez.

[2] Robert A. Potash, El ejército y la política en la Argentina II. 1945-1962. De Perón a Frondizi, Buenos Aires, Sudamericana. La obra dedica su segundo volumen a la relación entre el Ejército, Perón y la política argentina durante el período.

[3] Alicia García y Ricardo Rodríguez Molas, El autoritarismo y los argentinos. La hora de la espada y del balcón 2 (1946-1964). Textos y documentos, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1989, pp. 180-181. El texto de la proclama de Menéndez se reproduce en la documentación recopilada por El Historiador.

[4] Reconstrucción de la jornada a partir de la documentación histórica disponible sobre el levantamiento, incluyendo la secuencia desarrollada en Campo de Mayo, el enfrentamiento en el Regimiento 8 y la movilización de los blindados.

[5] Ministerio de Cultura de la Nación / Tecnópolis, El motor de la historia. 70 años del voto, publicación dedicada a las elecciones de 1951 y al contexto político posterior al levantamiento de Menéndez.


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