
Lejos de las recetas mágicas de la autoayuda, la obra de Carol Peiretti desafía el mandato moderno de soltar y seguir adelante.
Por Jorgelina Áster para NLI
La absurda idea de soltar, escrita y dirigida por Carol Peiretti, aborda la complejidad del duelo a través del trauma del reencuentro. El tiempo, la memoria y las evocaciones, la influencia del presente en la metamorfosis del recuerdo y la persistencia del recuerdo como azote del presente en la vida afectiva, son claves escénicas de una obra que desafía el simplismo de racionalizar los vínculos.
Para sostener esta tensión dramática, Peiretti construye un tecnovivio virtuoso donde los recursos multimedia potencian la poiesis actoral. El entorno minimalista es un vacío que amplifica el subtexto: la fuerza de lo no dicho, de los silencios y de la tensión de los cuerpos envuelven la expectación, acicateada por precisas intervenciones audiovisuales, convertidas en tecnología de la memoria que se proyecta para romper el vacío.
Estas proyecciones materializan técnicamente la memoria, fantasma indomable que deforma el recuerdo en el instante mismo de la evocación. Este acople tecnológico genera un distanciamiento brechtiano mínimo: regula la distancia crítica del público sin perjuicio de la empatía con el dolor de los cuerpos.

El contraste entre la limpieza del espacio escénico y la saturación de los estímulos visuales desarticula la charlatanería de los gurús del bienestar afectivo: refleja la complejidad de la psiquis humana, los pecados de la memoria y los arcanos de los vínculos, irreductibles al recetario de soluciones que impone el mercado de la autoayuda.
La dramaturgia de Peiretti trabaja la evocación en sintonía con el teatro de la memoria de Harold Pinter. El reencuentro de los personajes no se apoya en la reconstrucción objetiva del pasado, sino en la disputa abierta por su significado. El ayer no es un territorio estático, cerrado e indiscutible, es más bien todo lo contrario: un tejido maleable en el que inciden las urgencias emocionales del presente, los deseos y las palabras.
Dos subjetividades colisionan en escena y demuestran la imposibilidad de una verdad unívoca sobre el lazo que alguna vez las unió. Los diálogos, elípticos pero punzantes en las réplicas, delimitan un campo de batalla dialéctico donde el lenguaje no comunica sino que protege del vacío afectivo, el desamor y el colapso existencial.

La obra también desacredita el lugar común de que el tiempo todo lo cura: el tiempo psíquico no mide lapsos de ausencia ni establece fechas de vencimiento para la añoranza o la ilusión. En escena, los actores arrastran el peso del dolor, la persistencia evocativa, las ansias de doblegar el pasado y la fragilidad de la compostura impostada como último bastión de la autoestima.
Carol Peiretti elude la catarsis autocomplaciente para ahondar en la dimensión trágica del humano sentir, padecer y porfiar. Su dramaturgia interroga sin cortapisas, solo responde con el trabajo actoral, tan alejado en su puesta de la sanación prefabricada como de las certezas.
A través de su riguroso dispositivo multimedial y la entrega física de su elenco, la obra reivindica el derecho a la contradicción, a la obstinación de la memoria y a los indefinibles límites del duelo, tan difusos hoy como ayer, tan claros para los integrados al espejismo de los coach del desapego.

Frente al simulacro de felicidad obligatoria que nos rodea, en contraste con la sonrisa reglamentaria impuesta desde los tiempos de macdonaldización social, el optimismo irreflexivo y la apología de la emoción eficiente, este tecnovivio virtuoso nos recuerda que soltar no es un trámite de la voluntad, sino quizá el difícil arte de convivir con los fantasmas que nos acosan, criaturas mentales poco dispuestas a soltarnos.
Con presencia consolidada en la cartelera independiente —en espacios de resistencia y experimentación como Ítaca Complejo Teatral, La Fénice o NÜN Teatro Bar—, La absurda idea de soltar oxigena sensibilidades comatosas e intelecto en tiempos de automatización protocolar del afecto e interdicción de flaquezas vinculares.

La absurda idea de soltar | Dramaturgia y Dirección: Carol Peiretti. Elenco: Julia Hayes, Belisario Olmedo, Lisandro Priori / Juan Campos. Diseño Audiovisual: Juanzi Amaya. Puesta de Luces: Samircko. Asistencia de Dirección: Lucía Miorelli. Asistencia Técnica: Sebastián Gioiose. Duración: 55 minutos. Ítaca Complejo Teatral, Humahuaca 4027, Almagro, CABA. Martes y jueves a las 20:00. 🎭⚠ La actual temporada de la obra concluye su ciclo programado de funciones. De no mediar una reprogramación o extensión de funciones por parte del complejo, solo queda una última función disponible: este jueves 29 de octubre a las 20:00. Más detalles, en Alternativa.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
