El arcaico Riesgo País

De Toto a Spinoza, con perdón de Baruch: el sueño de blindar el EMBI y las aversiones al riesgo en el siglo XVII. Brecht, Capablanca y Borges en la orquestación de fondo.

Por Silvina Belén para NLI ·

Contra nuestra voluntad, Jeque nos mantenía al tanto de las fluctuaciones del Riesgo País. Años atrás, al son de los gurús de las finanzas personales, se había puesto a tradear. Escarmentado con temporadas de polenta y arroz partido entre pecho y espalda por bisoño, menesteroso y mano blanda en la bolsa, ya no soñaba con ser Warren Buffet pero mantenía la inercia de espiar índices.

Aunque prefiero no hablar de la despedida de Paloma, sí voy a contar cómo ella, casi casi con un pie en el estribo, nos llevó a los albores del Riesgo País de la mano del joven Spinoza, todo gracias a la inercia de inversor malogrado de Jeque y su cantilena de puntos básicos del EMBI Argentina.

El Dr. D, trompa a causa del retintín de guarismos candentes e históricos o comparativos, se hacía el burro todo lo que podía. Simulaba estar fascinado con la partida de Capablanca que reproducían con Carolina, la muy conocida de 1929 en Karlsbad, para despuntar el vicio de repetir loas a los clásicos velada tras velada.

Mientras el doctor hablaba de la geometría del tablero en su aparte ajedrecístico, Jeque insistía con los saltos y las lateralizaciones del EMBI: “El botarate y el Toto venderían el alma al diablo para blindar el Riego País. Ahora marcha hacia los ochocientos puntos básicos… Quieren disimular que entran en pánico con cada subidón, pero se les notan los temblores.”.

En simultáneo, Paloma y Alejo intercambiaban miradas, pero al mismo tiempo vigilaban al Dr. D: se los adivinaba temerosos de un estallido de tanada-asquenazi  que, de mala manera, cortara de raíz la cháchara de Jeque. Ambos, finalmente, llegaron a lo que pareció un acuerdo tácito o, mejor dicho, cuasi telepático. La académica, entonces,  hizo punta.

—Es el pánico al desamparo económico, mi estimado Jeque. En Ámsterdam, los marranos que escaparon de las hogueras de la Península no encontraron la libertad, encontraron la Bolsa. Y para cuidar sus acciones en la Compañía de las Indias Orientales ante el calvinismo holandés, prefirieron ser sus propios inquisidores. Con el Cherem[i] del 27 de julio de 1656 no se dictó una sentencia teológica en la sinagoga Talmud Torá, se hizo un blindaje del riesgo país.

Sala histórica del Ma’amad en el complejo de la Sinagoga Portuguesa de Ámsterdam

Alejo le ganó de mano a Jeque con su habitual rigor documental:

—El acta de la Ma’amad[ii] contra Spinoza es de una crueldad extrema. Dice textualmente: «Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta». Le prohibieron a la comunidad acercarse a menos de cuatro codos. Lo expulsaron de la fisonomía social. El motivo real no fue la sustancia divina; fue el miedo de los mercaderes sefardíes a que la heterodoxia de un imberbe de 23 años les arruinara los fletes en el puerto.

— ¡El navajazo! —exclamó el Dr. D—. El mercado no tolera la disidencia intelectual porque rompe la previsibilidad del interés, las cotizaciones y los flujos de capital. Le mandaron un sicario al que le quedó corta la puñalada. En ese tiempo te mostraban los dientes, aunque se dice  que antes intentaron comprarle el silencio. Al final los del Ma’amad se decidieron por el navajazo del Cherem.

Se acercó raudo al giradiscos. Cualquiera de sus pares brechtiano podría haber anticipado qué vinilo iba a hacer sonar: La balada de Mackie el Navaja (Die Moritat von Mackie Messer[iii]). “Muestran bien los tiburones / sus colmillos al morder, / pero Mackie tiene un golpe / que ninguno puede ver.”.

―El soberano actual redacta el decreto de exclusión presupuestaria en una oficina para sobreactuar ortodoxia ante Nueva York. Y reparte sus clones de Mackie, los ubica estratégicamente. Las bestias que mostraba Spinoza en sus analogías, ahora bestiales de verdad, se camuflan tras teorías económicas trasnochadas, tecnicismos monetarios y apologías de la tecnocracia.

Alejo deslizó sobre la mesa una vieja hoja impresa del archivo del diario:

—Lo reseñaron en el portal hace unos años, a propósito de ese hermoso texto de Cactus, Spinoza por las bestias. Explicaba cómo Ariel Suhamy capitaliza la predilección de Baruch por ejemplificar su Ética con animales reales o criaturas imaginarias. El rigor geométrico de Euclides se vivifica a través de las bestias. El poder actual hace lo contrario: usa la abstracción técnica para deshumanizar los cuerpos.

Mientras, Carolina había hecho avanzar la reproducción de la partida. Pero estaba en la procesión y tocando las campanas a la vez. Por eso no perdió la oportunidad de meter baza en vistas del mutismo de Jeque.

―Aprovechando que andan con Spinoza, les cuento que acá tienen el rigor geométrico de Capablanca ―dijo acariciando al gato― en Karlsbad. Y ya que estamos, doctor, siendo usted tan borgesiano, podría recitarle a Paloma “Ajedrez” y los dos sonetos a Baruch. Seguro que se los sabe de memoria.

El Dr. D asintió con la cabeza, pero no abrió la boca. A paso vivo fue hasta la biblioteca y volvió con El hacedor (1960), El Otro, el Mismo (1964) y La moneda de hierro (1976). Los dejó sobre la mesita y en vos baja esbozó un recitado que dejó trunco: “No importa. El hechicero insiste y labra / a Dios con geometría delicada; / desde su enfermedad, desde su nada”. Después, con voz firme, dijo:

―No quiero ofender la memoria de Berta, ni lesionar oídos. Como no tuvimos tiempo de visitar las librerías de lance que aún sobreviven por aquí, acepte Paloma estas tres rústicas ediciones de tres joyas del Maestro, un recuerdo de su corta estadía en Buenos Aires.

La académica agradeció efusivamente,  pero con Ezeiza en el horizonte y otras disimuladas tristezas, la geometría de la tertulia iba perdiendo armonía minuto a minuto.



[i] El jérem o chérem (en hebreo: חֵרֶם) es la forma más severa de exclusión, excomunión o censura eclesiástica dentro del judaísmo. Equivale a la expulsión total de una persona de la comunidad judía. A diferencia de otros jérem que solían levantarse a los 30 días si el acusado se arrepentía, el de Spinoza nunca fue revocado (ni siquiera durante su vida), y formalmente continúa vigente hasta el día de hoy, ya que el filósofo jamás pidió que fuera anulado.

[ii] Estaba compuesto por un consejo de siete hombres de la élite mercantil y financiera (seis parnasim u oficiales, y un gabbai o tesorero). A diferencia de las comunidades asquenazíes, donde los rabinos tenían el liderazgo comunal, en Ámsterdam el Ma’amad laico mandaba sobre los rabinos.

[iii] Compuesta en 1928 por Kurt Weill (música) y Bertolt Brecht (letra) para la obra de teatro musical La ópera de los tres centavos (Die Dreigroschenoper). La «moritat» (probablemente derivado de Mordtat – «hecho de sangre / asesinato») es una balada callejera tradicional que narra crímenes del pasado.


Bonus Dr. D



JAQUE A LA MENTE, CON RENÉ MAYER – José Raúl Capablanca



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