Mientras el discurso oficial insiste en el “orden macroeconómico”, el gobierno de Milei vuelve a depender de un salvataje externo para cumplir con el FMI. A través de una compleja maniobra con Derechos Especiales de Giro, la gestión de Luis Caputo evita una sangría de reservas a costa de profundizar la dependencia financiera y política con Washington.
Por Ignacio Álvarez Alcorta para NLI

Desde que asumió Milei, el relato libertario prometió terminar con el endeudamiento y la “tutela” de los organismos internacionales. Sin embargo, los hechos vuelven a mostrar otra cosa: la Argentina acaba de recibir US$ 808 millones provenientes del Tesoro de los Estados Unidos para poder pagar intereses al Fondo Monetario Internacional, en una operación que funciona como un endeudamiento indirecto, opaco y profundamente condicionado.
La maniobra se concretó el 29 de enero y permitió cubrir el vencimiento de US$ 833 millones con el FMI, que debía abonarse este domingo. Sin ese auxilio, el pago hubiera consumido el 75% de las reservas acumuladas por el Banco Central durante todo enero, dejando al descubierto la fragilidad extrema del esquema económico.
Deuda sin dólares y reservas de cartón
La operación se estructuró mediante la venta de Derechos Especiales de Giro (DEGs) por parte del Tesoro estadounidense, que transfirió esos activos de reserva internacional a la Argentina a cambio de monedas convertibles. En términos simples, no entraron dólares frescos, pero el país pudo cumplir con el Fondo sin tocar sus billetes físicos.
Esta “ingeniería financiera” no resuelve el problema de fondo: las reservas siguen siendo insuficientes y altamente dependientes de auxilios externos. De hecho, aunque el Banco Central logró comprar US$ 1.100 millones en enero, sin este giro las reservas netas habrían quedado prácticamente estancadas tras el pago al FMI.
No es un dato menor que Argentina sea el primer país del mundo en recibir fondos por esta vía en 2026, lo que marca un trato excepcional que no es gratuito ni neutral.
Caputo y su socio en Washington
Este no es un episodio aislado. Scott Bessent, actual secretario del Tesoro estadounidense, ya había intervenido en octubre con un giro de US$ 1.185 millones, y luego habilitó un swap por US$ 2.500 millones que resultó clave para evitar una devaluación brusca en pleno calendario electoral de Estados Unidos.
La repetición de estas operaciones confirma que Luis Caputo encontró en Bessent un aliado estratégico, no para reducir deuda, sino para patearla hacia adelante y blindar artificialmente el tipo de cambio, conteniendo presiones inflacionarias a costa de mayor dependencia.
Lejos de cualquier idea de soberanía económica, el esquema de Milei funciona con respirador externo, sostenido por decisiones políticas tomadas fuera del país.
Reservas frágiles y vencimientos en puerta
El panorama hacia adelante dista de ser alentador. A fines de febrero vencen compromisos de los bonos Bopreal, y el Banco Central vuelve a quedar expuesto. Economistas como Domingo Cavallo ya advirtieron que, sin una aceleración en la salida del cepo cambiario, las reservas podrían volver a quedar al límite, incluso con estos parches financieros.
Mientras tanto, el gobierno gana algo de oxígeno para encarar la revisión de metas con el FMI, pero lo hace hipotecando margen de maniobra futuro y aceptando una alineación cada vez más explícita con los intereses de la Casa Blanca.
Apoyo político, costo económico
Con este nuevo giro, Donald Trump reafirma su respaldo económico a la gestión libertaria, consolidando a Milei como un socio prioritario en el Cono Sur. Pero ese apoyo tiene un costo claro: más deuda, más condicionamientos y menos autonomía.
La paradoja es evidente: el gobierno que prometió dinamitar el endeudamiento termina celebrando cada auxilio externo como una victoria, mientras las reservas siguen sin alcanzar y la economía real continúa asfixiada por el ajuste.
Descubre más desde Noticias La Insuperable
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
