Diario La Nación, Fundación Empujar y el nuevo paradigma laboral: cuando la inclusión social queda en manos del mercado

En apenas diez días, La Nación publicó tres extensos artículos dedicados a destacar el trabajo de Fundación Empujar, una organización creada por Fundación Plémora que trabaja en la inserción laboral de jóvenes de sectores vulnerables. Las notas, centradas en historias de superación personal, empresarios comprometidos y experiencias exitosas de capacitación, aparecen en un momento político muy particular: mientras el gobierno de Javier Milei impulsa una profunda desregulación del mercado laboral y cuestiona el rol histórico del Estado como garante de derechos, desde uno de los principales diarios del país se consolida un discurso que presenta a las fundaciones empresarias como protagonistas de la inclusión social. La reiteración de esa cobertura invita a preguntarse si se trata simplemente de una serie de historias humanas o de la construcción de un nuevo sentido común sobre el trabajo en la Argentina.

Por Roque Pérez para NLI

Del trabajador con derechos al individuo «empleable»

Leídas en conjunto, las tres publicaciones de La Nación no sólo muestran el trabajo cotidiano de Fundación Empujar, sino que construyen un mismo relato desde distintos enfoques. En una de ellas se presenta el testimonio de un empresario que afirma haber encontrado en jóvenes provenientes de barrios populares a sus mejores empleados, pese a los prejuicios iniciales. Otra indaga sobre cuáles son las aspiraciones de esos jóvenes al momento de incorporarse al mercado laboral, mientras que la tercera reconstruye la historia del médico que heredó una empresa familiar y decidió convertirla en una organización destinada a «tender puentes entre dos Argentinas». Aunque cada nota aborda un aspecto diferente, todas confluyen en una misma idea: el problema del empleo ya no aparece explicado por las condiciones económicas, la falta de inversión, la destrucción de puestos de trabajo o el deterioro de los salarios, sino por la necesidad de mejorar las capacidades individuales de quienes buscan insertarse en el mercado.

Ese cambio de enfoque no resulta menor. Desde hace años distintos sectores empresariales vienen impulsando el concepto de empleabilidad, una noción según la cual el acceso al trabajo depende fundamentalmente de las competencias personales, la capacitación, la actitud y la adaptación a las demandas del sector privado. Bajo esa lógica, la discusión sobre el empleo deja progresivamente de girar alrededor de los derechos laborales, las condiciones de contratación o el papel regulador del Estado para concentrarse en la responsabilidad individual de cada trabajador. El desempleado deja de ser alguien afectado por un modelo económico y pasa a ser una persona que necesita entrenarse, adquirir habilidades blandas o aprender a desenvolverse en el mercado.

Una organización que ya había sido investigada por NLI

Sin embargo, Fundación Empujar no desembarca en este escenario libre de antecedentes. En mayo de 2023, NLI publicó una investigación en la que daba cuenta de presuntas irregularidades vinculadas con los subsidios municipales que la organización recibía durante la gestión de Néstor Grindetti al frente del municipio de Lanús. Aquel trabajo periodístico planteaba interrogantes acerca de los mecanismos mediante los cuales recursos públicos terminaban financiando actividades desarrolladas por una fundación privada estrechamente vinculada con sectores empresariales, al tiempo que advertía sobre la escasa información disponible respecto de los criterios utilizados para la asignación de esos fondos y los controles posteriores sobre su utilización.

Aquella investigación abrió un debate que nunca terminó de instalarse en la agenda pública. Más allá de las eventuales responsabilidades administrativas, lo que quedaba expuesto era una tendencia que ya comenzaba a observarse con fuerza: el reemplazo paulatino de políticas públicas universales de empleo por programas impulsados desde organizaciones privadas financiadas por empresarios. Tres años después, en un contexto de fuerte retracción estatal, esa discusión adquiere una dimensión mucho más amplia.

El avance de las fundaciones empresarias en tiempos de Milei

La llegada de Milei al Gobierno aceleró un proceso que ya venía desarrollándose desde años anteriores. Mientras el Estado reduce programas sociales, disminuye su presencia en materia de capacitación laboral y promueve reformas destinadas a flexibilizar las relaciones de trabajo, las fundaciones empresarias aparecen ocupando espacios que históricamente pertenecieron a organismos públicos, sindicatos o universidades. Bajo conceptos como «inclusión», «formación para el empleo» o «construcción de oportunidades», estas organizaciones ofrecen cursos, mentorías, entrenamientos para entrevistas laborales y programas destinados a mejorar la inserción de jóvenes provenientes de sectores vulnerables.

El fenómeno no puede analizarse únicamente desde la buena voluntad de quienes participan de estas iniciativas. Lo verdaderamente relevante es el modelo de sociedad que subyace detrás de ellas. Ya no se trata solamente de enseñar un oficio o facilitar el acceso a un empleo, sino de transmitir una determinada concepción del trabajo, basada en la adaptación permanente a las necesidades del mercado, la flexibilidad, el liderazgo personal y la capacidad de reinventarse frente a un contexto cambiante. En otras palabras, la figura del trabajador protegido por derechos colectivos va dejando lugar al individuo emprendedor, responsable exclusivo de su éxito o de su fracaso, una transformación ampliamente estudiada por pensadores como Pierre Dardot, Christian Laval o Byung-Chul Han al analizar las formas contemporáneas del neoliberalismo.

El rol de los medios en la construcción del nuevo sentido común

En ese contexto resulta difícil analizar la serie de publicaciones de La Nación únicamente como notas de interés humano. Naturalmente, cualquier medio tiene plena libertad para decidir cuáles son los temas que considera relevantes y cómo abordarlos. Sin embargo, cuando tres artículos dedicados a la misma organización aparecen en menos de dos semanas, todos ellos con un tono marcadamente favorable y sin referencias a cuestionamientos previos, al financiamiento de la fundación o a las discusiones que genera este tipo de iniciativas, la cobertura comienza a adquirir un significado político que excede el hecho periodístico puntual.

La construcción de sentido no siempre se realiza mediante editoriales explícitos. Muchas veces opera a través de la reiteración de determinados casos, la selección de ciertas historias y la invisibilización de otras. Mientras la Argentina atraviesa uno de los momentos de mayor precarización laboral de las últimas décadas, con caída del empleo registrado, pérdida del poder adquisitivo y cuestionamientos permanentes a la legislación protectoria, la agenda propuesta por el diario desplaza el eje de la discusión hacia experiencias individuales de éxito que parecen demostrar que el problema no radica en las condiciones del mercado laboral sino en la falta de capacitación de quienes buscan un empleo.

Ese encuadre coincide, además, con el discurso promovido desde el propio Gobierno nacional, que plantea que el desarrollo económico depende de reducir regulaciones, disminuir el peso del Estado y fortalecer la iniciativa privada como principal motor de integración social. En ese esquema, las fundaciones empresarias dejan de ser simples organizaciones de la sociedad civil para convertirse en actores centrales de un nuevo modelo de inclusión, donde el acceso al trabajo ya no aparece concebido como un derecho garantizado por políticas públicas sino como una oportunidad otorgada por empresas privadas a quienes logren adaptarse a sus requerimientos.

Una disputa que excede a Fundación Empujar

Por eso, el verdadero debate no pasa exclusivamente por Fundación Empujar ni por las personas que participan de sus programas. Lo que está en discusión es quién define hoy las reglas de la inclusión social en la Argentina y desde qué concepción del trabajo se construyen esas políticas. La reiterada promoción mediática de este tipo de iniciativas coincide con un proceso de transformación mucho más amplio, en el que las nociones de mérito, emprendedurismo y responsabilidad individual desplazan progresivamente a conceptos como derechos laborales, negociación colectiva, estabilidad o protección social.

En ese sentido, las tres publicaciones de La Nación funcionan como algo más que una serie de notas periodísticas. Constituyen una pieza dentro de un clima cultural donde el mercado aparece como el principal organizador de la vida social y donde las empresas y sus fundaciones son presentadas como los nuevos agentes capaces de resolver problemas que durante décadas fueron responsabilidad del Estado. En tiempos de reformas laborales, ajuste y retracción de políticas públicas, esa narrativa no resulta neutra: contribuye a consolidar una visión del mundo en la que la inclusión deja de ser una obligación colectiva para convertirse en una oportunidad administrada por el sector privado.


Descubre más desde Noticias La Insuperable

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario