Los hutíes toman el control de Bab el-Mandeb y ponen al comercio mundial frente a una nueva crisis

Los hutíes tomaron la isla de Mayun y posiciones estratégicas sobre Bab el-Mandeb, amenazando una ruta vital para el petróleo y el comercio mundial.

Por Bruno A. Monteverde para NLI

La guerra que sacude Medio Oriente acaba de abrir un nuevo frente con consecuencias que pueden ir mucho más allá de Yemen. Los hutíes, aliados de Irán, tomaron la isla de Mayun —también conocida como Perim—, avanzaron sobre la costa yemení y quedaron en posición de controlar el estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más importantes del planeta. La ofensiva se produjo después de la captura de la estratégica ciudad portuaria de Moca y representa el avance territorial más significativo de los hutíes desde la tregua de 2022.

La importancia de la operación difícilmente pueda exagerarse. Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una de las principales puertas de entrada y salida del tráfico marítimo entre Asia, Europa y el Mediterráneo. Quien controla ese estrecho dispone de una capacidad extraordinaria para amenazar barcos, encarecer fletes, alterar rutas comerciales y presionar sobre el abastecimiento energético mundial. Y la situación adquiere una dimensión todavía mayor porque el estrecho de Ormuz, situado al otro extremo de la península arábiga, también se encuentra profundamente afectado por la guerra entre Estados Unidos e Irán.

Una ofensiva que cambió el mapa

El avance hutí fue vertiginoso. El jueves cayó Moca, un puerto estratégico sobre el mar Rojo situado a unos 80 kilómetros de Bab el-Mandeb. Al día siguiente, los combatientes avanzaron hacia Dhubab y tomaron posiciones sobre la costa hasta alcanzar Mayun, una isla volcánica ubicada prácticamente en el centro del estrecho y que divide su sector más angosto en dos canales de navegación. Las fuerzas vinculadas al Gobierno yemení reconocido internacionalmente se retiraron de la isla antes de la llegada de los hutíes.

La dimensión militar de la operación también deja en evidencia la fragilidad de las fuerzas que durante años fueron respaldadas por Arabia Saudita y sus aliados. Los hutíes no solamente consiguieron avanzar sobre territorio controlado por el Gobierno yemení: capturaron armamento y equipamiento abandonado durante la retirada, mientras las tropas gubernamentales perdían posiciones fundamentales sobre la costa.

Arabia Saudita respondió con ataques aéreos sobre el aeropuerto de Moca, mientras las fuerzas gubernamentales preparan una contraofensiva. Pero la pregunta central es si Riad está en condiciones de recuperar rápidamente el terreno perdido o si la ofensiva hutí terminará consolidando una nueva realidad militar en el extremo sur del mar Rojo.

El petróleo queda nuevamente en el centro

La noticia llega en el peor momento posible para el mercado energético.

Arabia Saudita venía utilizando su infraestructura terrestre para trasladar petróleo hacia puertos del mar Rojo y evitar las dificultades provocadas por la crisis en el estrecho de Ormuz. Pero el avance hutí sobre Bab el-Mandeb amenaza precisamente la ruta alternativa que Riad necesitaba para mantener sus exportaciones hacia los mercados internacionales. Reuters informó que, paralelamente, un ataque con drones contra infraestructura saudí provocó el cierre temporal del oleoducto Este-Oeste, aumentando todavía más la presión sobre el sistema energético.

El resultado comenzó a sentirse inmediatamente en los mercados: el petróleo superó los 100 dólares por barril, en un contexto de caída de la producción saudí y de crecientes dificultades para transportar crudo desde el Golfo hacia los grandes centros consumidores.

La cuestión ya no es solamente cuánto petróleo puede producir Medio Oriente. La pregunta es por dónde puede salir.

Y esa diferencia es fundamental.

Un barril que existe pero no puede ser transportado a tiempo hacia los mercados internacionales puede generar prácticamente el mismo efecto sobre los precios que una reducción de la producción. Las rutas alternativas implican mayores distancias, más combustible, más seguros, más tiempo de navegación y mayores costos logísticos.

Dos estrechos, una misma crisis

La situación adquiere una dimensión geopolítica extraordinaria cuando se observa el mapa completo.

Al este de la península arábiga está Ormuz, un estrecho fundamental para el transporte energético mundial. Al oeste, Bab el-Mandeb comunica el océano Índico con el mar Rojo y permite continuar hacia el canal de Suez.

Ahora ambos corredores están sometidos a una presión militar extraordinaria.

Eso significa que una crisis regional puede transformarse rápidamente en una crisis global de transporte y energía. Los buques que eviten Bab el-Mandeb pueden verse obligados a rodear África por el cabo de Buena Esperanza, agregando miles de kilómetros a sus recorridos. Y cada día adicional de navegación se transforma en mayores costos para las empresas y, eventualmente, para los consumidores.

La experiencia reciente ya mostró lo que ocurre cuando una ruta marítima fundamental queda compr


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