Política del Más Allá 

Por Alejandro Enrique para La Insuperable.

“Y a uno que pasaba por allí, que venía del campo, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, le forzaron a que llevara la cruz de Jesús” (Marcos 15, 21).

Cambiemos se apoltronó en su zona de confort: la política del más allá. El presente, en esta concepción farisea, es un escollo, una anomalía temporal propicia para rasgarse las vestiduras ante agigantados conspiradores y forajidos que eclipsan la visión de un futuro promisorio, inmune a la lógica, el cálculo y a las proyecciones más elementales.

Tras su segundo aniversario, la alianza gobernante propuso un vía crucis con fecha de resurrección indefinida. Entre los aspirantes a cireneos, les aseguró a los jubilados el primer lugar para ayudar a cargar una cruz que ganará peso día a día. Aunque los pasivos no serán relevados de soportar el lastre, claro está, otros se sumarán a colaborar en la esforzada tarea. Todos juntos, con más entereza que Simón, disfrutarán de los sudores y de las mieles espirituales del calvario.

Plus relato

Aunque cualquier proyecto político implica una narrativa, una particular forma de estructurar verbalmente la filosofía de su accionar a través de la comunicación diaria, la Alianza Cambiemos fue más allá de la narrativa inherente a un proyecto de gobierno en marcha. Superó los dos años de mandato sin apartarse en ningún momento de los carriles ascendentes de la espiral estratégico-discursiva que le allanara el camino del triunfo en 2015, cuando planteaba una ficción que oponía a la realidad insoslayable de un país que, a pesar de los avances logrados en doce años, aún se encontraba muy lejos de la pobreza cero y otras panaceas de ensueño escandinavo.

Así como en el tramo previo a la ajustada victoria en las elecciones presidenciales, vale destacar, había insistido en presentar lo imposible como verosímil, a lo largo de su mandato el macrismo profundizó la estrategia verbal evangelizadora, reñida con la objetividad y sustentada en la demonización inquisitorial. La política del más allá, del pánico y del ilusionismo, floreció perenne. La oposición, siempre a la defensiva, se refugió en el cenagal de las trincheras y respondió desde lo cotidiano con argumentos políticos realistas, consuetudinarios, inocuos en semejante contexto.

Los pastores del cambio, entonces, extendieron la prédica con facilidad a una agenda virtual que los medios convalidan a diario, sin hesitar, gracias al acompañamiento de una legión de políticos anclados en la oposición timorata. La facilidad para minimizar el hecho de que el presupuesto 2018 haya variado esencialmente pocas horas después de su aprobación parlamentaria, por ejemplo, es síntoma de un sopor cognitivo extendido, igual que haber aceptado llamar reforma previsional —denominación más inexacta aún que la que camufló al blanqueo, es decir: reparación histórica— a la penosa modificación de una fórmula de actualización jubilatoria y AUH. Todo se sitúa más allá del razonamiento o del cálculo básico. Las advertencias poco influyen. La argumentación, hoy por hoy, es un lujo ineficaz.

Interrogar al cambio es otra de las herejías señaladas por la escuela dominical del macrismo. El temor a ser tildado de kirchnerista inhibe de izquierda a centro preguntas fundamentales, analogías o comparaciones que resultarían esclarecedoras. La construcción de este demonio paralizante atrae, de paso e irresistiblemente, al todavía nutrido sustrato antiperonista, dispuesto a inmolarse si se le aseguran las dosis de espectáculos humillantes, necesarias para liberarlos del síndrome de abstinencia anti populista. El gorilismo aluvional constituye un voluntariado de cireneos dispuestos a descender, cruz al hombro, en la escala socio-económica.

El macrismo como milagro

Dándole otra vuelta de tuerca a la nota de José Natanson, “El macrismo no es un golpe de suerte” o, mejor dicho, a su título, podría afirmarse que el ascenso de Mauricio Macri, en efecto, no se presentó a entusiastas e incautos como un golpe de suerte sino como un milagro. O como el fin de un karma, si se quiere contentar al cambiemismo new age que entronca con el lenguaje orientalista impuesto por Lombardi, Lopérfido y sus discípulos del Grupo Sushi en la primera época aliancista.

Fuente: Revista Viva, 21/5/2000

La explotación de los mitos forjados a lo largo de seis décadas en torno al Movimiento Justicialista fue reforzada con tergiversaciones históricas que, a fuerza de repeticiones, le dieron un halo milagroso al triunfo de Cambiemos, justamente la nueva alianza. Confinada a libros y documentos quedó la abrumadora supremacía de gobiernos de carácter liberal conservador, por no mencionar los de ultra derecha pura y dura, que forjaron el destino de la Argentina: una mayoría temporal imbatible a la que el macrismo engrosa sumando años de ventaja estadística e iniquidades de rancio abolengo.

En línea con técnicas evangelizadoras al estilo de Billy Graham, las mismas que Mauricio Macri ponderó a través de su amigo Luis Palau (1), el PRO y su líder adoptaron el tono declamatorio y las consignas efectistas que otorgaron prosperidad, diezmos e influencia al predicador. Las buenas nuevas a larguísimo plazo se asocian, así, a la meritocracia de templo: fe, obediencia y optimismo ilimitados.

El nuevo personalismo de Cambiemos construyó su iconografía en torno a una espiritualidad de montajes, emocionalmente ligados a la negación de la desventura, que reafirma el milagro de la hegemonía de opulentos pastores, premiados por su virtud tanto en las urnas como en la vida, junto a un quimérico retorno a la ética protestante de la gratificación postergada, sin burgueses pero con entusiastas menesterosos.   

 

Un renacimiento barroco

La nueva alianza capitalizó el prodigio de su ascenso mostrándolo como un renacimiento, condición que con facilidad pudo asociar a frases tales como “volver a creer”, “salir al mundo” o “confiar de nuevo en nosotros mismos”. Este renacimiento, sin duda, poco tiene que ver con el humanismo, la racionalidad y el equilibrio que caracterizaron al movimiento cultural que dio los pasos fundamentales para superar el medievo.

Lo cierto es que la política del más allá, zona de confort del macrismo, es también de raigambre barroca. El horror vacui —horror al vacío, una de las características distintivas del arte barroco— impregna la escenificación cotidiana: Cambiemos intenta por todos los medios atiborrar de imágenes, publicidad, encuestas intrascendentes, declaraciones efectistas, montajes fotográficos o fílmicos la realidad virtual del minuto a minuto argentino.

Los gastos exorbitantes que demanda esta fobia son, al mismo tiempo, una apuesta fuerte a sostener indefinidamente la brutal metodología restauradora, de sesgo contrarreformista y tendencia barroca, es decir, una tendencia cultural, con presencia cíclica en occidente, que puede aflorar sin que la formación de sus ocasionales epígonos lo amerite. El Barroco fue, además, arte y cultura de la Contrarreforma. El Concilio de Macri invitó a los políticos a anteponer su conciencia de casta y certificar su pureza de sangre, su condición de “políticos viejos”, renegando de compromisos que pudiesen haber puesto en entredicho la subordinación al orden y al poder tradicional vernáculo.

La demanda de acreditaciones para el Nuevo Trento abruma pero no sorprende. El ecumenismo conservador tienta, persuade u obliga según sea el caso, sobre todo si despliega un plantel rotativo de torquemadas que ostenta ubicuidad.

Sin la misericordia de la economía

El inasible presente de la política del más allá tiende a rebelarse, a renegar de su condición etérea, fantasmal, a través de una opositora inmune a concilios o a la exhibición de elementos de tortura: la economía. Su despliegue de cifras se abre camino como el agua incontrolable de las minimizadas inundaciones del último bienio.

Ensaya, si se quiere, una “lluvia de ideas” que enfurecería a nuestros posmodernos gerentes de recursos humanos. Enumera vocablos que impactan por su acústica individual o geminada: déficit fiscal, déficit comercial, deuda externa, stock de lebac, intereses de la deuda, desocupación, inflación crónica, tarifazos, transferencia de recursos, desindustrialización, importaciones, pobreza… 

La inmisericorde opositora es aliada del aquí y ahora pero, a la vez, caja de resonancia de los temas que, real o aparentemente, exceden sus dominios. Siembra dudas e incertidumbres que retrotraen a cuestiones desaparecidas de la agenda pública por arte de encantamiento mediático: Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, ARA San Juan, jubilados, FGS, PAMI, salud, educación, ciencia y técnica, represiones, prisiones preventivas a la carta, montajes y operetas.

Más rápido, ¿menos extenso?

El carácter multifacético de la política del más allá nos enfrenta a un dilema entre objetivos claros y estrategias de calidades disímiles, superpuestas. No resulta fácil imaginar que un compilado de técnicas persuasivas, apelaciones a la fe, amenazas de conjura de herejes y dragones infernales pueda sostenerse en el tiempo sin fusionarse con un bienestar generalizado, especialmente cuando sus cultores están directamente relacionados con calamidades que signaron un pasado tan cercano.

A pesar de las diversas conexiones con mecanismos de manipulación o disciplinamiento otrora exitosos, inversiones desmedidas en publicidad, sondeos, exacerbación de odios y revanchismos, mantener en latencia percepciones y racionalidad básicas en un contexto de carencias resulta poco verosímil. La política del más allá, con sus vaivenes y grotescos, parece más una construcción coyuntural que un proyecto culturalmente viable para consolidar a largo plazo un modelo asimétrico de sociedad.

 Las coincidencias en el contexto latinoamericano llevan a sospechar que, quizás, el macrismo ocupaba un segundo o tercer lugar entre las opciones con vistas al logro de un viraje político regional en el que Argentina era una de las piezas fundamentales y que, por ende, hubiese requerido de figuras menos identificables con tragedias recientes, más esquivas a enfrentarse con las agrupaciones defensoras de los derechos humanos, mejor dotadas para simular vocación democrática. Tal vez quienes finalmente se constituyeron en segundas o terceras marcas de Cambiemos hayan estado en su momento señalados como opciones principales para insertar al país en el nuevo marco socio-económico.

A la luz de los acontecimientos que se precipitaron vertiginosamente tras la asunción de Mauricio Macri, son muchos los indicios que invitan a pensar que el anhelo cortoplacista de los grupos más voraces inclinó la balanza a favor de un plan de expoliación rápida, con menos garantías de extensión cronológica pero enormes posibilidades para el beneficio inmediato. “El modelo de corrupción PRO” (2), al fin y al cabo, ya se había aplicado con éxito en ocasiones pasadas y sentado las bases de una concentración económica cuasi invulnerable.

 

Hacia el día después

La reducción drástica de auténticos opositores políticos, emparejada con la habilidad para anestesiar las demandas ciudadanas de bienestar, constituyeron una fortaleza que la alianza gobernante logró capitalizar hasta hoy. El premio de las elecciones de medio término certificó el acierto con un voto de confianza cuya libre interpretación desencadenó más ajustes, otra oleada regresiva de transferencias de recursos, despidos e inequitativas medidas de forzado consenso parlamentario. No sólo la mayor concentración económica es un hecho consumado, también la primarización avanza sin pausas.

La impronta de la política del más allá, por sus características, tiene un sesgo cortoplacista. Extenderla implicaría profundizar aún más la judicialización de la disidencia, institucionalizar la censura, el estado policíaco-represivo y declarar abiertamente, entre muchos otros descensos republicanos, el desprecio por las advertencias de los organismos internacionales. La tendencia autocrática del alto funcionariato del cambio, por desgracia, impide descartar de plano estas opciones.

No obstante, las señales de agotamiento de esta concepción asoman solapadas o explícitas según sea su procedencia. La tímida rebelión de los nuevos cireneos comienza a verse en masivas concentraciones o en puebladas como la de Azul, bastión macrista, al menos en cifras. Los simones contemporáneos empiezan a parecer más sabinianos que bíblicos (3). Menos simbólicos pero muy urticantes, ciertos búmeran retornan impiadosos al campo del macrismo: no sólo la indómita inflación y las promesas sin honrar desacreditan la soñada gestión del dream team, también el desenmascaramiento de las políticas energéticas de alto costo para el consumidor y pésima calidad explotan con apagones en territorio aliancista.

Fuente: Universidad Torcuato Di Tella

 La profilaxis de la retaguardia oficial, insignificante o despreciada en la omnipotencia del primer año de mandato, ahora sí aflora presurosa en bambalinas. No todos creen que el día después nunca llegará. Al tiempo que el laboratorio de gatopardismo durambarbiano trabaja en el diseño de una figura de recambio para la continuidad, con menor optimismo pero mayor conciencia de finitud comienzan a tallar los que preparan medidas de cobertura ante una eventual retirada. Para evitar, por ejemplo, que se les pudiere aplicar su propia medicina, intentarán, tras haberlas usufructuado a discreción, regular las prisiones preventivas:  “Hay que ser más estricto respecto a cuáles serían las situaciones, y no estamos planteando que se den todas juntas, sino que estén bien fundamentadas”, declaró impertérrito Lipovetsky. 

El deterioro de la imagen de las fuerzas de seguridad, acelerado por los constantes guiños de los funcionarios que se valen de ellas para atemorizar y criminalizar demandas, es otra manera de cuidarse las espaldas con la formación de una cantera de chivos emisarios a los que podría darse la espalda en un santiamén. Para aliados de mayor prosapia se reservan las advertencias del jefe de estado, que aconsejó a los banqueros cubrirse del riesgo de impago de los créditos hipotecarios, aprovechando las bondades de la reforma del mercado de capitales que los habilita para vender a fondos de inversión o aseguradoras sus burbujeantes carteras de créditos UVA para la vivienda.

Aunque la dependencia del humor de los centros financieros más importantes del orbe es la Espada de Damocles más temida por el reducido número de beneficiarios de la política del más allá, los factores de alarma locales y las intermitencias autodefensivas ya han aparecido en el horizonte.

 1.     http://www.perfil.com/politica/macri-se-reencontro-con-el-pastor-evangelista-luis-palau.phtml

2. https://lainsuperable.wordpress.com/2017/07/05/el-modelo-de-corrupcion-pro/

3. con Simón de Cirene hice un tour por el monte Calvario,
¿qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario?
Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera,
si me pierdo de vista esperadme en la lista de espera,
heredé una botella de ron de un clochard moribundo,
olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo.
(J. Sabina)

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