Feminista de lujo | #8M

Que alguien haya dicho con ligereza que el Presidente era “el feminista menos pensado” demuestra hasta qué punto se ignoran las cualidades de nuestro primer ciudadano.

Por Onó, el Insuperable

A esta altura, su condición natural de adelantado, más que las de un Pedro de Mendoza y un Álvar Núñez Cabeza de Vaca juntos, no debería sorprender a nadie: en dos años largos de gobierno la modernidad lo envuelve, la tolerancia lo define y la sensibilidad social lo enaltece. Abrazar causas justas es su virtud más destacada. Sin exagerar, propiamente un Mandela sudamericano, como dijo un periodista que observa al mandatario por encima de la tiranía de la pauta oficial.  Quien no haya visto todo esto es miope al humanismo.

Nuestro Presidente fue cabeza del 8M, como se esperaba. Alineó el equipo en torno a la figura de la mujer, cautivó al feminismo acérrimo y anunció a sus allegados que en los próximos días recibirá con todos los honores que se merece a una fémina destacada: Madame Christine Madeleine Odette Lagarde, nada menos. En la mesa chica no dudaron de la buena predisposición del estadista para con la conductora del FMI. Es más, aseguraron que le cumplirá hasta el último capricho numérico. “¡A feminista no le gana nadie!”, dicen que exclamó el ecuatoriano de oro, otro baluarte del cambio mal justipreciado por los legos en el arte de la ética.

En el Centro Metropolitano de Diseño, nuestro estadista universal se rodeó de todas las mujeres notables, a las que agasajó con un discurso inspirado en los valores que el gran Jorge Luz representaba con su personaje de la Porota, madre y argentina. Ellas, a su vez, lo agasajaron con su admirativa confianza. Para las que todavía no se deskirchnerizaron, como aconseja el sabio Hernán, valga el noble ejemplo de la Lubertino, consciente de que la oportunidad es calva. Arrobada, con el desinterés y el decoro de los que jamás reniega, lo acompañó desde las filas traseras, reservadas para las que no pueden ostentar pureza de sangre cambiemita pero expresan ferviente devoción por el líder.

Tener un Presidente de lujo, como ya se dijo con acierto semanas atrás, le devuelve a los argentinos el amor por la búsqueda de la excelencia. La deskirchnerización de las mujeres más nobles, el orgullo. El regalo de un 8M rutilante gracias a los oficios del primer mandatario no se olvidará. Mauricio, María Eugenia, Toto, Hernán, Marcos y, por qué no, María José, contribuyen al cada día más notable bienestar popular con cada uno de sus sacrificios patrióticos.  Y con cada uno de sus talentos, al beneplácito de la mujer argentina. Así, no abrazar el cambio es de alcornoques. ¿O no?

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