Retirada estratégica

Por Alejandro Enrique  @ale_enric  para La Insuperable ·

Las marchas multitudinarias en todo el país reafirmaron el imperativo de memoria, verdad y justicia. A cuarenta y dos años del golpe cívico militar eclesiástico, tal como se lo definió en el documento suscrito por los organismos de derechos humanos, leído en el escenario de Plaza de Mayo en la tarde del 24, ni el olvido forzado ni el silencio cómplice tendrían el lugar de privilegio que las políticas oficiales bregan por construirle.

Sin actos impulsados por el gobierno, con distancia artificial respecto de la inclusión en el listado de detenidos en condiciones de ser beneficiados con prisión domiciliaria del genocida Alfredo Astiz, Claudio Avruj retomó con menos virulencia la línea discursiva que el PRO había desplegado en 2017: “Habrá múltiples actos, porque creemos que debe fluir la expresión de todos los sectores, nadie debe apropiarse de la fecha”. Ningún diputado oficialista se floreó esta vez entre carteles con leyendas alusivas al “negocio” o a los “dueños” de los derechos humanos, como había sucedido el año pasado.

24M: argentinos en Ginebra | Crédito: @ARGprovincia25

Mauricio Macri, lejos de la Plaza de Mayo del 24M, en Mendoza, ponía en marcha la asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo. Sus palabras inaugurales sorprendieron a los banqueros cuando dijo: “Nunca más a la violación de los derechos humanos, a la violencia y al terrorismo de Estado”. El cambio terminológico parecería insinuar cierto interés del mandatario en clausurar por un tiempo el frente de provocaciones en el campo de los derechos humanos. Hablar de terrorismo de Estado ante un auditorio predispuesto a escuchar frases difusas o construcciones ligadas en lo conceptual a la teoría de los dos demonios ameritó  algún sobresalto en el ámbito de la finanza, en realidad sin sustento.

Las críticas a la jurídicamente indiscutible libertad de Luis D’elía y Carlos Zannini, sumadas a la indiferencia hacia la conmemoración del 24M,  justificada en la no politización, es decir: en una postura política oficial, fueron claras señales enviadas al llamado “núcleo duro” PRO; el cambio discursivo y el bajo nivel de provocaciones explícitas, un signo de racionalidad que, sin embargo, podría traer aparejada una estrategia de dudoso apego humanista ante un trimestre en el que se prevé una fuerte embestida de Cambiemos para legislar en favor de más transferencias retrógradas de recursos, pérdida de derechos laborales y precarización democrática.

Tras los muchos escándalos que llevaron a los primeros planos de la rapiña a emblemáticos funcionarios del gobierno, no sería descabellado anticipar un impasse de reagrupamiento y concentración de esfuerzos para lograr objetivos impopulares, con el apoyo de operaciones diversas. La superioridad ética del equipo, hoy por hoy, está en un callejón sin salida. La dedicación exclusiva a maniobras distractoras, acuerdos espurios e insidiosas campañas mediáticas justificaría la abstención de provocaciones —transitoria, desde luego—, por cierto difícil de sobrellevar para los representantes de la nueva derecha, tanto o más revanchistas y soberbios que sus ascendientes de la politiquería autocrática de antaño.

La sombra de otro Mundial de fútbol que oficie de fachada e intensifique por algunos días la ilusión de un país unido, en equilibrio, sin hijos y entenados, también se yergue como facilitadora de una maratón normativa que requeriría complicidades que solo podrían atenuar la natural indignación ciudadana en un clima de armonía artificial.

La economía, como un castillo de naipes en el juego de la especulación, también necesita de los máximos esfuerzos del disimulo para continuar capitalizando la danza de índices poco representativos, forjada al calor de cambios metodológicos, la selección arbitraria de cifras y las afirmaciones sin más sustento que la voluntad de crear climas positivos en torno de la inflación e, incluso, las expectativas respecto del futuro de la cotización del dólar y las verdaderas condiciones de vida de la mayoría de las personas.

El otoño argentino se perfila como un periodo letal, como el trimestre en el que podrían recibir el tiro de gracia del derrumbe, entre medianoche, gallos y alguna soñada gambeta vía satélite, los pocos pilares que aún sostienen ciertas parcelas de equidad esperanzadora, los que todavía no han sido diezmados en su totalidad. De ser así, el miedo a la desocupación, las deudas, la marginalidad y la carencia cotidiana representarían el nuevo terror, distinto pero socialmente lesivo, al que ahora se digna referirse sin convicción alguna el mandatario que, a toda costa, intentará asegurar la matriz de privilegios, duradera y naturalizada, que ansían expectantes las minorías que en verdad representa.

Crédito: Agencia El Vigía – www.agenciaelvigia.com.ar/

En un país cuya máxima dirigencia avala con obcecación que siga habiendo presos políticos, que propicia el lawfare como herramienta proscriptiva tanto local como regional, que se abroquela para insistir con iniciativas que destruirían hasta la raíz el entramado productivo, ocupacional y de consumo, al tiempo que se prepara para volver a la carga con el voto electrónico, las retiradas estratégicas solo pueden augurar más imposturas. En un marco tan aciago, reafirmar el imperativo de memoria, verdad y justicia es también una manera de conjurar la imposición del miedo como sustento de un futuro indigno.

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