CARTA ABIERTA A CFK

Por Onó, el Insuperable ·

Con toda la humildad heredada de mis antepasados de la tierra del sol naciente, con el respaldo de la honorable estirpe de la familia Shotoku-Onó, le ruego encarecidamente que de una vez por todas, señora Cristina Fernández, deje de obstruir el cambio. Los palos del camporismo en la rueda ya no se soportan. De persistir en su actitud retrógrada, toda la gente de orden y los cultores del principio único del Yin-Yang o cambio permanente, que en virtud de mi noble ascendencia represento,  nos veremos obligados a solicitar con  firmeza su destierro.

Sello de Onó, el Insuperable

El mundo entero sabe que con los malditos frutos de los PBI sustraídos, sus esbirros atacaron con perfidia  la moneda nacional: en masa populista salieron a comprar dólares y estuvieron a punto de hacer brotar canas verdes de la sapiente calva de Federico. Nadie ignora, además, que representantes de la Internacional K, camuflados entre los siempre neutrales técnicos del FMI, falsearon datos esenciales de los informes sobre subsidios a la energía en el mundo para ensuciar los certeros juicios de nuestro Presidente de lujo y su equipo de adelantados, que encabeza el muy entrañable Juanjo. ¡Basta, señora!

Si usted cree que con sus arietes populistas logrará derribar las puertas del palacio del cambio, le digo que se equivoca de medio a medio.  A cada embestida se responderá con la contundencia que su pertinaz satanismo merece. Ya mordió el polvo hace pocos días cuando le enrostramos el talento de Domingo Felipe puesto al servicio de nuestra economía moderna. No nos obligue a seguir humillándola. Somos republicanos sensibles, humanistas, y no disfrutamos de revanchas ni escarmientos. Nadie puede negarlo. Pero todo tiene un límite.

Ya deje de financiar a los hechiceros kurdo-mapuche que con sus prohibidas artes hacen llover con la sola intención de embarrar a nuestra Mariú, por no hablar de la pretensión ingenua de ahogar a Horacito en las fauces de los subterráneos que, dicho sea de paso, no cesan de mejorar frecuencias y extender sus recorridos, para envidia de los rencorosos galos que con usted simpatizan. A cada macumba responderemos con las palabras de Laurita, que iluminaron épocas oscuras: “Un día vino un flaco de ojos celestes y dijo: ‘vamos a hacer la obra, en 2013 no se van a inundar más’. Cumplió el loco. Es ingeniero.”. ¿Necesita algo más para purificar su alma?

Nada logrará instruyendo  a sus personeros para que extiendan la losa radiante que derrocha energía bajo las aceras de Río Gallegos. Los periodistas independientes, esos pocos mosqueteros que ven en Edu a su D’Artagnan, seguirán denunciando sus viles artimañas. El blindaje mediático que la protege no podrá con ellos: los bendice la verdad y la palabra presidencial. El cambio es inexorable. Compréndalo. Ya lo entendieron los trabajadores de la patria, que hoy festejan su día reconfortados por innumerables conquistas,  bajo la protección de nuestro Jorgito, más sano todavía que el chocoarroz de Nico, ese otro ministro ejemplar que no dudó en blanquear su fortuna extramuros cuando la brisa cambiemita le dio indubitable confianza.

Le sugiero con humildad que clausure definitivamente ese antro mal llamado Instituto Patria y frecuente las educativas cenas del CIPPEC. Redima su espíritu entre el esforzado colectivo de voluntarios que respondieron al puntapié inicial de ese otro de nuestros  Nicos,  baluarte solidario de Pilar, navegante salvador del anegado colono bonaerense. Abrace la nueva política: reconfortará su espíritu y le asegurará un juicio justo, hasta benévolo diría, de las tropelías acumuladas en su oscuro pasado.

En su infinita sabiduría, nuestro Presidente le ha dado una tregua. Su excepcional vacación costera, excusa para el denuesto irreverente de su populachera tropa, es señal última, postrer sacrificio de un adicto al trabajo arduo, para invitarla a la reflexión. Únase en el Senado, si lo desea, a la combativa pero responsable cofradía de Miguel Ángel, que no posa para la foto, o renuncie a banca y fueros para hacer un acto de contrición liberador ante el bueno de don Claudio, que la espera con los brazos de la imparcialidad abiertos. Sáquese de encima a Justicia Ilegítima, a los Dalbones, a los Rúas, a las Peñafortes y respire el aire puro de los vientos del cambiemismo redentor.

Es su última oportunidad. Disuelva La Cámpora, degrade al Chivo, últimamente más encocoritado que macho cabrío, condene el choriplanerismo vil y reconozca públicamente los males que su obcecado amor populista infligió a la nación. Honre los orígenes de Solano Lima. Adjure de su condición de sobrina del maléfico Tío. Aproveche. Usted bien sabe que la misericordia del cambio es grande, tanto o más que sus innegables beneficios. ¿O no?  

 

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