Las trampas del modelo

Tras la corrida del jueves, la renuncia de Sturzenegger y la temprana conferencia de prensa de Dujovne, que profundizó la inquietud reinante, la semana concluye con un dólar desbocado, ahora al cuidado de Luis Caputo, que preside “en comisión” el BCRA. Cañonero, un antiguo compañero de andanzas del Toto, lo secundará como vice. Cambiemos apuesta a profundizar el modelo de ajuste, timba y fuga cueste lo que cueste, aunque su agotamiento parezca muy próximo.

 

El jueves negro, tanto para la economía como para el bolsillo de los asalariados, había dejado un dólar muy por encima de los $ 28,00, acompañado por el “riesgo país” (EMBI+) escalando puntos básicos ─507 ese día, 539 el viernes─, la noticia del ingreso del proyecto de Reforma Laboral al Congreso, la impostura del INDEC de Todesca con un IPC del 2,1% y la certeza de que el acuerdo con el FMI era mucho más duro de lo que el gobierno había anticipado: la publicación oficial del memorándum terminó con cualquier tipo de fantasías.

En síntesis, un jueves con el billete norteamericano a $ 28,44, corrida y malas noticias; un viernes con nuevo presidente del BCRA, fusión de ministerios ─Hacienda y Finanzas─, incertidumbre creciente y un dólar aún más arriba, con ansias de redondear los veintinueve pesos, finalmente a 28,85 en promedio y 28,80 en el BNA. A pesar de los más de u$s 100 mil millones de deuda contraída por la administración Cambiemos y de los u$s 50 mil millones del blindaje del FMI próximos a aumentarla, las mega y las micro corridas ya forman parte del paisaje de sobresaltos cotidianos.

El efecto Fondo Monetario, según Clarín, no aportó confianza: “Los banqueros tuvieron la información confidencial hace una semana y fue inmediato: después de la firma del acuerdo, en lugar de haber euforia comenzó la demanda de billetes.”. La corrupción que implica recibir información privilegiada, por lo visto, poco impacta: ni así se redujo la presión de los mercados sobre la cotización de la divisa norteamericana. El anuncio que el miércoles había difundido el ahora ex Ministerio de Finanzas con la confirmación de continuar dándole apoyo a la fuga de divisas a través de un programa de venta de hasta 7.500 millones de dólares tampoco generó, a la luz de lo sucedido en las últimas jornadas hábiles, reciprocidades significativas como para simular, aunque más no fuese, una tregua.

Ninguna concesión, dato priviligiado o estímulo parecen suficientes para calmar la voracidad especulativa. Cualquier cifra de equilibrio fugaz entre las cotizaciones fogoneadas por Ratazzi y Melconián ─entre muchas otras voces rimbombantes, sean cocoliches o canyengues─ podría considerarse verosímil. El alza sostenida del dólar es, además, el reaseguro para una caída imparable de salarios: billete verde sin techo, sueldos paupérrimos sin piso. Los ganadores del modelo, en dupla con la finanza más recalcitrante, se muestran decididos a presionar hasta que se les transfieran los recursos del trabajo y de la riqueza argentinos sin la más ínfima excepción.

El desembarco de Caputo en el Central parece no haber merecido la palmada en la espalda cambiemita de los sacrosantos mercados. Tal vez haya exigencias aún no reveladas. O una farsa compartida. De paso, un dólar que sube licua el valor de las Lebac, mal vistas por el FMI, a las que habrá que reciclar: sus servicios ya rindieron frutos jugosos en demasía.

En su conferencia de prensa, Dujovne fue consultado acerca de la posibilidad de un nuevo blanqueo de capitales y no respondió. Cualquier tipo de demanda extraordinaria es posible en un paraíso especulativo. Ni siquiera podría descartarse alguna movida para legalizar la dolarización de la economía al estilo del Ecuador de Majuhad y Durán Barba de 1999. Al fin y al cabo, corridas, disparadas, idas y venidas no han hecho más que afianzar la dolarización de hecho.

Los logros del macrismo para imponer su modelo han sido muchos, quizá más de los esperados por sus propios creadores. La enorme devaluación alcanzada en lo que va de 2018 les asegura una matriz duradera de salarios bajos, disciplina por el miedo y hegemonía minoritaria. En pocas palabras, un golpe de gracia forjado en breve lapso al calor de una labor transversal realizada en áreas clave, no solamente en la económica. Las señales de agotamiento de un modelo ultra especulativo podrían ser también las de la antesala de un modelo dolarizador de derecho.

Así como la extensión de la fiesta de fuga de divisas, especulación y transferencia retrógrada de recursos con inflación sostenida ha sido hasta el presente la razón de ser y existir de la alianza gobernante, las ansias de continuar profundizando los mecanismos de la corrupción estructural que tanto beneficia a su cúpula enquistada en los poderes del Estado podrían ser el motor de una próxima reconversión de modelo bajo la égida, claro está, de los mismos protagonistas. Insistir en resaltar la incapacidad del equipo gobernante, su ignorancia y falta de idoneidad es caer en la peor de las trampas.

 

 

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