De la China con furor

Por Rodrigo Bisbal para Noticias La Insuperable

LiuW
Liu Wenzhe

En la actualidad a pocos sorprende el alto nivel competitivo de los y las ajedrecistas de China: animan los torneos de élite desde hace varios años.  Ahora nadie los subestima como sucedía cuatro o cinco décadas atrás. Tal vez, acostumbrados desde hace tiempo a este protagonismo, los aficionados argentinos al juego ciencia ya hayan olvidado que fue en nuestro país donde dieron las primeras señales de fortaleza competitiva ─también de osadía─ para sorpresa de un colectivo de encumbrados jugadores occidentales que los consideraban menos que simples amateurs.

La muestra inicial de brillantez del ajedrez chino en Occidente  se vio  justamente en Buenos Aires, en la  octava ronda de la XXIII Olimpiada de Ajedrez  ─disputada en River Plate, en 1978─, cuando todavía la dictadura cívico-militar encabezada por el genocida Jorge R. Videla usufructuaba políticamente el campeonato mundial de fútbol que Argentina había ganado como local y, además, por primera vez en su historia.

El 3 de noviembre de ese año Liu Wenzhe derrotó en 20 jugadas al Gran Maestro holandés Jan Donner, que ostentaba 290 puntos más de ELO que su oponente oriental. Ese día nació “La inmortal china”, una miniatura de la estrategia que pasó sin más trámite a la historia del ajedrez, convirtiéndose  en hito inaugural del ascenso chino hacia la competencia internacional y modelo de eficaz belleza en el ataque: 1.e4  d6 2.d4 Cf6 3.Cc3 g6 4.Ae2 Ag7 5.g4 h6 6.h3 c5 7.d5 0–0 8.h4 e6 9.g5 hxg5 10.hxg5 Ce8 11.Dd3 exd5 12.Cxd5 Cc6 13.Dg3 Ae6 14.Dh4 f5 15.Dh7+ Rf7  16.Dxg6+!!! Rxg6 17.Ah5+ Rh7 18.Af7+ Ah6 19.g6+ Rg7 20.Axh6+ (1-0).

Liu
Liu Wenzhe – Jan Donner: posición final

La victoria de Wenzhe puso al descubierto una inesperada serie de lagunas conceptuales de quien en aquellos tiempos era considerado un fortísimo jugador europeo, aunque ya en la primera ronda del torneo había habido un significativo aviso:  el jugador Qi Jingxuan derrotaba ─con piezas negras, para colmo─  al Gran Maestro islandés Gudmundur Sigurjonsson (1), resultado que a esa altura de la competencia despertó ─ironía del destino─ el espíritu algo soberbio y decididamente burlón de Donner  que, con tono ácido, a medio camino entre el reproche, el asombro y el consuelo corporativo, le espetó a su colega: “¿¡Cómo puede ser que un Gran Maestro occidental pierda con un chino!?”. El escarmiento que sufrió el holandés siete rondas más tarde fue ejemplar: moral y ajedrecístico.

Para resarcimiento de Donner, es preciso hacer hincapié en que, tras varios minutos de silencioso duelo por la afrentosa derrota, comentó burlándose de sí mismo: “Ahora seré conocido como el chino Kieseritzky”, consciente de haber sido el opaco partenaire del talentoso Liu Wenzhe del mismo modo en que lo había sido en Londres el jugador estonio de Andersen durante la famosa “Inmortal” de 1851.

La miniatura que Liu produjo en Buenos Aires podría calificarse como aleccionadora desde todo punto de vista.

 


 

(1)

ChiChiSuan
Posición final

Gudmundur Sigurjonsson – Qi Jingxuan: e4 e6 2.d4 d5 3.Nc3 Bb4 4.e5 Qd7 5.Bd2 b6 6.Nf3 Ne7 7.Bd3 Ba6 8.Bxa6 Nxa6 9.Ne2 Bxd2+ 10.Qxd2 c5 11. a4 O-O 12. O-O Nc6 13. Nf4 Nc7 14.Rfe1 Rfc8 15.Nh5 Qe7 16.Qf4 Ne8 17.Ra3 cxd4 18. Re2 Rc7 19.Nd2 d3 20.Rxd3 Qb4 21.c4 dxc4 22.Rg3 Qxb2 23.Re1 Nd4 24.Nf3 Nf5 25.Rg5  h6 26.Rxf5 exf5 27.Qxf5 c3 28.e6 c2 29. Ne5 f6 30.Nd3 c1=Q  (0-1)  >>>

 

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