Macrismo en clave Fahrenheit 451

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable

El grado de calor que quema el papel, medido en la escala de temperatura que hasta hoy los norteamericanos se niegan a jubilar, le dio título a una de las novelas de ciencia ficción más famosas de la literatura contemporánea: Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, distopía que por el protagonismo simbólico del fuego como sostén de una sociedad moldeada en base a la ausencia de pensamiento, crítica, disenso e historia evoca un poco más cada día la realidad argentina que el macrismo se empeña en forjar desde mucho antes del ascenso de su líder a la presidencia.

© imagen: John Canfield

En demencial ironía, el fuego purifica la imagen de los epígonos del cambio al tiempo que envilece el sentido crítico de la comunidad. Puede reducir a la nada fundadas sospechas a punto de confirmación, liberar de responsabilidades y hasta enriquecer a los pirómanos de la nueva política. Las llamas están en el centro de la distopía nacional: van sin pudor de la tragedia a la farsa cotidiana.

Desde el incendio de Iron Mountain en tiempos del PRO vecinal afincado en CABA ─ Ciudad Escuela del modelo de corrupción─, hasta la supuesta quema de cuadernos Gloria en la parrilla de un providencial chofer-escriba, toda documentación peligrosa para los designios hegemónicos macristas parece estar condenada al destino final de la ceniza. El fuego, indefectiblemente, desvanece con eficiencia ígnea posibles confirmaciones documentales de negocio oscuros, evasión, delitos económicos e, incluso, de imposturas político-mediática-judiciales.

Del incendio concreto, destructor, a la quema ─simbólica en la actualidad─ de libros, imagen por antonomasia de la censura en cualquier época ida, el macrismo ha transitado y transita la totalidad del recorrido, con matices y postas intermedias incluidos, en constante ida y vuelta. Las ansias de exculparse u obtener beneficios de índole política o material van a la par de la pertinacia por destruir cualquier forma de disidencia. Esa voluntad incentiva espontáneas adhesiones entre los integrantes de colectivos que buscan construir sus nichos de poder arbitrario como reflejo subalterno del que ostenta la neo aristocracia del cambiemismo. El episodio de la “bibliografía dudosa” en el aeropuerto de Rosario es uno de los chispazos ─en son de bochornosa ridiculez─ del metafórico fuego en cadena de la política pirómana sin llama explícita.

Por otro lado, en una surte de proyección freudiana de la piromanía sistemática del macrismo a la historia política reciente, el periodismo operacional se ve desbordado por el subconsciente o busca de cualquier manera endilgar la práctica de sus padrinos de pauta a los antecesores de la demonizada oposición, que de acuerdo con la lógica de machaque debería ser tomada como coherente por su infernal esencia K.

Más allá del voluntariado que intuye beneficios a futuro por constituirse en avanzada de la fuerza de bomberos del pensamiento ─rústica concreción del jerarquizado cuerpo de bomberos-lanzallamas imaginado por Bradbury─ en pro del espíritu autocrático que fluye desde las alturas oficiales, con un Mauricio Macri a la cabeza que poco se parece al capitán Beatty (1), el fuego concreto que crece a partir de los 451 ºF va mucho más lejos que el amargo simbolismo del disciplinamiento ideológico y los mediáticos denuestos ─delirantes o aviesos ─ a la disidencia.

Iron Montain, Banco Nación de Bahía Blanca, el supuesto incendio de parte de los archivos del GCBA que le permitió al ministro Dujovne tributar por un baldío y no por una casa, los incendios de sucursales de Hipertehuelche en Río Gallegos, Caleta Olivia y Puerto Madryn que Eduardo Costa denunciaba a viva voz como “atentados” mientras en silencio cobraba pingües seguros, son parte de la saga de fuego que ahora incluye los cuadernos cremados que perduran en el imperitable espectro de las fotocopias.

A las llamas se suman derrumbes y otras catástrofes encubiertas o explotadas vilmente. Once y Nisman siguen siendo tesoros de la maquinaria carroñera del PRO. Terribles tragedias como República Cromañón y Time Warp también se relacionan con el macrismo: a la primera la exprimió en lo político hasta el punto de convertirla en pasarela de su ascenso en la Ciudad; a la otra, que ocurrió en 2016, la congeló judicial, burocrática y mediáticamente.

La supuesta quema de los cuadernos marca Gloria del chofer en una parrilla doméstica se perfila como una de esas apelaciones casi automáticas a una práctica que no por reiterada ha perdido contundencia: reducir efectiva o virtualmente a cenizas lo que estorba. Es marca en el orillo político del cambio PRO.

 


  1. El capitán Beatty , jefe de los bomberos en Fahrenheit 451, es proclive a las citas y referencias librescas. Sabe mucho de libros a pesar de quemarlos con inmenso placer.
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