La economía bilardista y la incompetencia asistida

El imaginario defensivo de Bilardo lograba campeonatos y, por el contrario, esta idea de ineptitud macroeconómica y habilidad micro para los beneficios privados está incorporando al infierno a la mayoría de los argentinos.

Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

El Estudiantes de La Plata de Bilardo era acusado de colgarse del travesaño; lo asociaban con todo lo defensivo, mezquino, avaro. Lo cierto es que jugaba con dos mediocampistas creativos y hasta tres, y a pesar de arrastrar su fama y el descrédito, ganó uno que otro campeonato que lo llevó a dirigir la selección nacional y obtener, nada menos, que la copa del mundo. Sin embargo, la idea de asociar el juego bilardista con la languidez perpetua de la economía macrista, el modo austeridad, o lo que muchos llaman una economía guiada por una “incompetencia asistida”, no parece adecuada.

De todas maneras, el imaginario defensivo de Bilardo lograba campeonatos y, por el contrario, esta idea de ineptitud macroeconómica y habilidad micro para los beneficios privados está incorporando al infierno a la mayoría de los argentinos. Aun así, si tildáramos de mediocres los indicadores actuales de la economía, nos ganaríamos un pasaporte al cielo oficialista. Los comunicadores trabajan a destajo para que la percepción general sea que, si un indicador (el dólar) se mantiene “estable”, las otras decenas de señales resultan completamente intrascendentes.

No es una mala idea: perder 20 a 1 y destacar que lo valioso es la unidad. Es todo un poema al optimismo. En el deporte las derrotas suelen dejar enseñanzas y experiencias; sin embargo, en economía generan pobreza, desigualdad, pérdida de derechos, entre otras.

Veamos algunos indicadores, solo para despuntar el vicio y tratar de entender cómo se puede hacer para generar expectativas favorables, si todos los indicadores tienen un deterioro tan pronunciado, que nos imponen terminar en default o en una crisis espantosa. El PBI se replegó un -4.2 en el tercer trimestre del 2018, pero a lo largo del gobierno de Cambiemos cayó un -3.5%, y puede acercarse en todo el mandato 2016-2019 a un acumulado del -4.5%. Toda una conquista del fracaso.

Las ventas minoristas retrocedieron un -9.4% en octubre, pero hace 10 meses que tienen la misma tendencia. El consumo acumula una baja del -7.7% desde diciembre. Algo parecido sucede con el Estimador Mensual de la Industria cayó -11.5% en septiembre, la mayor contracción en una década. La inflación puede ser este año del 45%, con una media del 38% desde la asunción de Macri, lo que hizo que la SEC (Comisión de Valores de Estados Unidos) nos catalogara como un país hiperinflacionario por sobrepasar el 100%.

El desempleo terminará el año en dos dígitos, la pobreza por encima del 32%, y podríamos incorporar algunos indicadores de riego. Argentina esta segunda en América Latina en riesgo país, por debajo de la aterradora Venezuela, y muy por encima de los demás. Los CDS, los seguros de cambio de bonos a 5 años de Argentina, están por los 550 puntos, Kenia los tiene en 430 puntos, Angola en 380, Nigeria en 300, lo que deja claro que nuestro riego es superior al promedio africano.

Es extraño que el mundo crea que nos parecemos o somos peores que África, y esto no sea una señal inequívoca de alarma, aunque sea para los africanos. No creo que ellos hubieran aceptado un presupuesto tan absurdo como el aprobado en el congreso y menos aún si venía de la mano del negligente asistente del incompetente (léase FMI).

La devaluación del tipo de cambio en más de un 100% desequilibró las cuentas externas, exponiendo la negativa del mercado de capitales a financiarle a nuestro país tasas por encima de los dos dígitos, lo que llevo a pedir ayuda al FMI (el asistente del incompetente). Ante el dilema de necedad de dólares, la deuda externa pasó a ser unos de los ejes centrales de debate en cuanto a su financiamiento. Recordemos que la deuda externa pasó del 52% en 2015 al 87% del PBI en el 2018 y los intereses del 5.5% al 17% PBI en el 2019.

Esto obligó a solicitar un desembolso mayor por parte del FMI, U$S 57.100 millones, de los que se ejecutan U$S 28.400 millones. Para el 2019 ingresarán U$S 22.800 millones y resto en el 2020, dejando muy comprometido el nuevo mandato. Para el 2019 las necesidades de financiamiento quedaron cerradas, aunque maquilladas, como veremos.

El capital y los intereses de la deuda para 2019 alcanzan los U$S 41.800 millones y se financian con U$S 22.800 millones del FMI, U$S 4.600 millones de organismos Internacionales, U$S 5.200 millones de ingresos del FMI 2018, U$S 1.700 REPO y, lo más importante, que se puedan financiar una parte de los U$S 8.700 millones de Letes.

Y aquí comienza la oda a la alegría. Para mantener un dólar bajo, se necesitan tasas de interés del 70% (ya veremos cuales), de depósitos por encima del 50%. Si las tasas de interés caen, el dólar se eleva y con ella la inflación, así que mantener la paz de los comentarios cuesta unos $1.000 millones diarios de interés, y en general el impacto de las tasas de interés es retardado, por lo que el año entrante nos recibirá con deuda, intereses, crisis e intereses descomunales.

Para mantener el dólar el BCRA utilizaba un instrumento conocido como Lebac, que generó una bomba de $ 1.2 billones, con tasas que rondaban entre el 28 y 35%. Inflación en alza, devaluación cambiaria, llevaron a una nueva política monetaria. No importan mucho los nombres, pero pasaron de las Lebac a 180 días con tasas del 35% a Letras de liquidez (Leliq) a siete días con tasas del 72%.

La genial idea es que, si no emito dinero, no hay posibilidades que se traslade a la especulación del dólar, y si el dólar no sube, no aumenta la inflación. O sea, si el dólar está anclado la economía es una maravilla. El problema es que la tasa de interés anual de las Lebac era 35% anual, ahora necesito revalidar todas las semanas la credibilidad con una tasa del orden del 70% con las Leliq.

Este inmenso volumen de deuda se llama cuasi fiscal, y hace que los inversores miren que el stock aumenta, al igual que el interés, y pone en duda si se podrá pagar a futuro. Una parte de la Leliq está volcada a los encajes de los bancos, en vez de retener dinero, retengo papeles (Leliq) así que en caso de cualquier problema, ¿la gente se lleva Leliq y no pesos? Y si no quiero renovar las letras, esa circulación monetaria implicaría un aumento instantáneo del dólar.

Nada cambió con el dólar quieto, ahora el riesgo es a menor plazo. Se introdujo una contingencia sobre los depósitos con tasas de interés cada vez más altas, que no son sustentables en el futuro, desconfianza de solvencia, alta inflación que potencializa la devaluación, en una economía desbastada, a grado tal de no poder comprar ni moneda extranjera ni pan.

Se puede detener momentáneamente, para satisfacción de una clase, la tasa de devaluación, y hasta desorientar a gran parte de la población con un futuro prometedor que es siempre venidero. Lo cierto es que se está contaminando el sistema financiero, destruyendo la economía y no se detiene la inflación. Con este panorama, solo hay que esperar la nueva crisis.

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