El árbol de los macristas

Por Alejandro Enrique para Noticias La Insuperable ·

En el ocaso de 2018 solamente brillan las políticas de ajuste: los recortes son verdaderas mutilaciones que hieren cada vez a más sectores de la población. El árbol que en esta ocasión no deja ver el desastrado bosque de la Argentina macrista es el dólar, cuya modesta baja  en la cotización se presenta como símbolo del retorno a una estabilidad transitoriamente perdida a causa de los imprevisibles cisnes negros que sorprendieron al equipo económico de lumbreras del cambio.

Como señala Alejandro Marcó del Pont, “Se puede detener momentáneamente, para satisfacción de una clase, la tasa de devaluación, y hasta desorientar a gran parte de la población con un futuro prometedor que es siempre venidero.”(1). Todas las variables negativas se barren bajo la moqueta verde que, para colmo ─por obra de las Leliq y otros explosivos─, podría convertirse en alfombra voladora más temprano que tarde.

La construcción de la fachada para la coyuntura económica actual entronca con la estrategia general de Cambiemos. También Marcó del Pont sintetiza este aspecto: “Los comunicadores trabajan a destajo para que la percepción general sea que si un indicador (el dólar) se mantiene “estable”, las otras decenas de señales resulten completamente intrascendentes.”. La letanía de enfoque ultra parcial se ha vuelto costumbre porque las voces opositoras para-oficialistas secundan al periodismo venal con un discurso funcionalmente edulcorado para la anestesia comunicacional.

Ninguna estratagema de poca luz y mucha sombra, sin embargo, modificará los rumbos que el análisis integral de la situación torna inexorables: el default argentino aparece en el horizonte mediato que plantean con más o menos eufemismos las consultoras internacionales y el mismísimo FMI, cuya única esperanza está puesta en asegurar que los especuladores privilegiados se retiren indemnes en tiempo y forma tras el periplo de ciclismo financiero extendido.

Cesación de pagos lisa y llana, crisis aguda o debacle económica generalizada tendrían plazos variables en función de una salvadora cosecha que con su presencia podría estirarlos algunos meses. Un panorama en el que las incertidumbres de principio de año se van convirtiendo en certezas a madurar en 2019. No en vano el Fondo Monetario, previsor de las calamidades que apaña, acreditó un cancerbero jamaiquino fogueado en África para reforzar la cata de ajustes del exigente paladar de Cardarelli, tan aficionado al vino como a los recortes de los medios de subsistencia del prójimo menos favorecido.

Únicos privilegiados

Como duda principal, eso sí, flota el interrogante sobre el futuro de Cambiemos en un país que subirá hasta las tablas del cadalso a paso vivo o cansino, de acuerdo con los vaivenes domésticos e internacionales y la plétora que el campo esté en condiciones de ofrecer en su carácter de único privilegiado. El estiramiento de la ficción, los espejismos político-económicos y el favorable contexto latinoamericano serían claves positivas para la supervivencia macrista. Un perdurar, en todos los casos, de miras cortas. Permanecer con las riendas del Estado en mano, sin embargo, por más que los lapsos pudieran tildarse de breves, es oro medido en milisegundos para la nueva derecha vernácula.

El tiempo de permanencia se valoriza ahora mucho más que dos o tres años atrás. Podría decirse que en términos políticos y objetivos económicos eleva su cotización mensual ─incluso semanal─ en progresión geométrica al caer las hojas del calendario. Las bases normativas actuales, la resignación generalizada a la pauperización y la pérdida de vergüenza de los legisladores colaboracionistas permiten hoy golpes rápidos con vistas a transferencias de recursos y/o enajenación espuria del patrimonio colectivo.

En periodos muy cortos, además, podrían adicionarse más condicionamientos insalvables para futuros gobiernos de signo no deseado por los epígonos macristas. Cada día de gestión aseguraría, entonces, la prolongación del poder futuro en ausencia, es decir, afianzaría una matriz lo suficientemente inclinada en favor de los intereses de la Red de redes de Cambiemos sin la necesidad de que sus integrantes ejerciesen la función pública en forma directa. Una manera cómoda, al fin y al cabo, de gozar sin poner el cuerpo de los beneficios multiplicados en pocos años que no resignaría siquiera poder efectivo.

Proyectar un escenario semejante, a pesar de sus ribetes siniestros, no implica desatender un marco latinoamericano arduo para el republicanismo. La idea de reducir la democracia a un puñado de formalidades ha recrudecido con el triunfo de Bolsonaro. Los medios adictos a la derecha más rancia ─o controlados por ella─ no tardaron en dar muestras de lo que podría convertirse en una ola de descrédito para el sistema y las prácticas democráticas en una región en la que históricamente primaron el fraude electoral, las imposiciones de las élites enquistadas a perpetuidad hereditaria en la administración de justicia y las dictaduras de sesgo cívico-castrense.

El asfixiante México de Peña Nieto, el ascenso de Macri, la impostura extrema que llevó a Lenín Moreno Garcés a la presidencia de Ecuador, las persecuciones a opositores a través de la práctica del lawfare que se coronaron con los encarcelamientos de Milagro Sala, Jorge Glas, Lula y Amado Boudou, entre otros políticos o dirigentes sociales no alineados con la derecha, el golpe “blando” de Temer, el retorno de Piñera al poder en Chile y el entramado de fundaciones, ONG y think thanks que presionan sin cesar, de manera distinta pero codo a codo con el poder económico y pseudo-espiritual de la cúpula dirigente evangélica que mostró en Brasil todo su potencial pro-fascista, han delineado la fisonomía de un continente en involución civilizatoria.

Andrés M. López Obrador (AMLO)

El pedido formal de asilo político a Bélgica de Rafael Correa parece confirmar que Ecuador seguirá siendo un laboratorio a pequeña escala de los límites de la tolerancia social a las prácticas de lawfare más grotescas. En un plano de mayor envergadura, la inminente asunción de AMLO dará en el corto plazo algunas pistas de las posibilidades ciertas que tendría un presidente que pretendiera gobernar México tras la devastación peñanietista sin pertenecer a la cofradía de la nueva derecha. Ningún indicio será despreciable para prever el posible desenvolvimiento político e institucional de Argentina en una región que en los últimos años pareciera funcionar como un sistema de espejos deformantes que se retroalimentaran sin pausa.

Aquí y ahora, mientras tanto, contamos con el árbol de los macristas, tapadera con raíces de dudosa vitalidad.

@ale_enric

 


  1. En NLI (Economía), 7 de noviembre de 2018: La economía bilardista y la incompetencia asistida

 

 

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