“Yo me rompo el culo trabajando”

Frases como la del título y otras como “son todos iguales” y “a mi nadie me regaló nada” entre otras, se reiteran hasta el cansancio en los militantes del odio. Pero, ¿son verdad? O, en realidad son ciegos que no quieren ver lo obvio.

Por Tomás Palazzo para Noticias La Insuperable

Frase por excelencia del votante del odio, es “A mi nadie me dio nada; yo igual me rompo el culo trabajando” para proseguir con algo similar a “son todos iguales” en medio de una excusa que intenta eludir el diálogo disfrazado de “a mi no me interesa la política”.

Cualquiera que se precie de haber mantenido una charla con un amigo, compañero de trabajo, vecino u ocasional transeúnte habrá experimentado un respuesta de este tipo, tanto así que, si algún cráneo oportunista la hubiese patentado, hoy sería multimillonario. En el orden expuesto, o en otro, son planteos que no dejan de repetirse una y otra vez: las he recibido de múltiples personas las cuales no guardan ninguna relación entre sí, con lo cual, descartando que sea algo genético ya presente en una especie de ADN derechoso, es sin duda, algo adquirido, aprendido y aprehendido. Tal vez, estas personas, se reúnen lejos de nuestra vista y ensayan respuestas, o tal vez un chip troll los ha condicionado en sus dichos duranbarbianos o, tal vez también, desde algún medio de desinformación algún periodista del odio lo ha incorporado a su relato y taladró las vacías cabezas de sus habituales escuchas. Y digo vacías sin ánimo de ofender, percibiéndolo como una realidad palpable pues, quien en sus cabales puede pensar siquiera que en un país como Argentina a él no le dieron nada.

Y es que, al contrario de lo expuesto por esta gente, a mi el Estado me ha dado infinidad de cosas, lo cual no quita que también me pueda romper el culo trabajando…, o no. Pero me ha dado mucha educación, tanto en el colegio público como en la universidad; me ha dado atención cuando mis hijos se lastimaron y terminé desesperado con ellos en brazos en el hospital; me ha dado unos pesos cuando tuve la mala suerte de quedarme sin laburo a través del fondo de desempleo; le da una jubilación a mi vieja que nunca trabajó dentro de los estándares de la derecha; le da un descuento en sus remedios; me brinda seguridad con su presencia… y cientos de cosas más.

Pero ese es el Estado…, no son los gobiernos, me dirá un aprendiz de Bolsonaro. Sí, el Estado a través de los gobiernos que se fueron sucediendo. Los que elegimos, y los otros. Porque cada gobierno de esos que para ellos “son todos iguales” elige en qué medida dar cada cosa: qué validez tendrá mi título; si me recibirán en el hospital o me echarán por ser del otro lado de la General Paz; cuanta guita cobrará mi vieja este mes… Y en esas cosas, mal que les pese, no son todos iguales: Hay gobiernos que te dan y otros que te quitan, hay algunos que buscan favorecer a los que menos tienen y otros a los que más. Si hasta hay gobiernos que pueden enviar a los jóvenes a la guerra mientras otros luchan por la paz.

¿Qué tienen de iguales?

No son TODOS iguales; es más, son bien distintos. Así que amigo de la vereda de enfrente, si no quiere quedar como un pelotudo de cerebro chiquito la próxima vez que intervenga en una conversación “política”, no repita como un loro esas boludeces. Para variar, piense.

O mínimamente, cierre la boca y escuche. Tal vez le sirva para algo.

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