México: un gobierno de excepción

A contramano del clima de época conservador regional, la recién asumida administración de Andrés Manuel López Obrador posiciona al Estado como gestor de la economía e impulsor de más y mejores derechos sociales. La medida más reciente fue aumentar el salario mínimo. Habrá que esperar para ver si México, un país distante productiva y culturalmente del Cono Sur, puede liderar una nueva oleada emancipadora latinoamericana. Un análisis sobre las primeras acciones de un gobierno de excepción.

Por Emiliano Guido para Nuestras Voces

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La escena no parece actual. La foto luce extraña en el actual álbum de la política regional. Katu Arkonada, parte de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad y ex funcionario boliviano, el Secretario de Relaciones Internacionales del Movimiento Evita Alejandro Rusconi, el ex presidente hondureño derrocado Manuel Zelaya y el intelectual mexicano Fernando Buen Abad Domínguez apretujan sus rostros sonrientes para sacarse una selfie mientras se dirigen juntos a el Zócalo –plaza central de México DF– y así festejar la asunción del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO). En la ceremonia también están presentes los pocos Jefes de Estado latinoamericanos que no forman parte del consenso zonal alineado con los Estados Unidos: los mandatarios Evo Morales, Nicolás Maduro y Miguel Díaz Canel.

AMLO, líder de MORENA, el hombre que cerró con su triunfo electoral el largo ciclo de los gobiernos del PRIAN (un acrónimo utilizado irónicamente para advertir las fuertes coincidencias entre los partidos PRI y PAN) tuvo el 1 diciembre, y en los primeros días de su mandato, palabras y decisiones significativas. Apenas asumido, López Obrador creó un comisión investigadora de los crímenes de Ayotzinapa monitoreada por los familiares de los estudiantes asesinados, aumentó el salario mínimo, prometió implementar un cambio de paradigma en la guerra contra las drogas, y advirtió que dará asilo a los migrantes centroamericanos que llegan a México para dirigirse a los Estados Unidos.

En el campo más simbólico, y con el claro fin de despegarse de la pesada herencia corrupta del PRI, AMLO decretó un severo recorte de prebendas para él y sus funcionarios: aclaró que no vivirá en la lujosa residencia presidencial de Los Pinos, prometió vender el avión presidencial y usar líneas comerciales privadas en sus giras internacionales; por último, anunció que la abultada escolta destinada a proteger su cargo institucional será reducida notoriamente.

A su vez, hay otro hecho a tener en cuenta en el gobierno de López Obrador: Claudia Sheinbaum Pardo es la primera Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, una de las megalópolis principales de Latinoamérica, un dato que la posiciona a nivel regional. Sheinbaum también dejó en claro desde el minuto uno de su gobierno que su administración pretende cambiar la cultura política conservadora y patriarcal de México. En su discurso inaugural se declaró “heredera política de la generación del 68” y, además, anunció que va a cerrar el cuerpo de granaderos, una fuerza antimotines metropolitana con el foco puesto en la represión de la protesta social, advirtió que no tolerará el tradicional “espionaje político” y, en un plano vinculado a la gestión cotidiana, aclaró que se acababa en México DF “el sistema de las tramposas fotomultas” y que sustituirá esas sanciones por un mecanismo de puntajes al conductor. Una ola verde, de izquierda, y con ideas para ordenar el caótico tránsito capitalino, llegó, al parecer, al DF.

Ahora bien, ¿podrá México ser el capítulo uno de otra oleada progresista regional? ¿Dónde dejará el nuevo gobierno mexicano sus huellas de cambio más profundas? ¿El estilo de liderazgo de López Obrador será más parecido al manual de  estilo chavista, radical y bravucón en su discurso, o al lulista, con narrativa y agenda de gobierno más pendular? Nuestras Voces habló sobre estos interrogantes con el corresponsal David de la Paz, Subdirector de la agencia de noticias china Xinhua, quién vive en la parroquia San Ángel, al sur de la ciudad.

“Su estilo de liderazgo no tiene nada que ver con la política de Chávez. Es un poco parecido al de Lula, pero tampoco es muy cercano. Es un estilo muy particular ya que está condicionado o moldeado por un sistema político tan particular como el mexicano, muy distante a las culturas políticas de los países sudamericanos, tanto en la conformación del Estado como en el vínculo relacional entre los partidos parlamentarios. Es decir, AMLO tiene el carisma de los tradicionales caudillos mexicanos; entonces, ni lulista ni chavista, López Obrador ejercerá seguramente un tipo de conducción propia, con acento mexicano”, comienza aclarando de la Paz.

El directivo de Xinhua en México DF transmite, a su vez, una serie de directrices dadas por López Obrador en el plano doméstico que parecen colisionar con un mandato de gobernanza, tanto regional como global, calificado por el experto argentino Juan Gabriel Tokatlian como una marca distintiva de la “internacional reaccionaria”. “La gente viene viendo con muy buenos ojos los anuncios en materia política y social. AMLO está promoviendo una ley reglamentaria sobre el aumento a los salarios mínimos, un hecho trascendental para la clase obrera y los sectores medios mexicanos. Dado que en los últimos diez años no han tenido un aumento sustancial en sus ingresos. También ha tenido una grata repercusión la decisión de quitar los fueros y los privilegios de los Secretarios y Ministros que forman parte del gabinete nacional. Además, AMLO aseguró que reducirá notablemente su cuerpo de escoltas, también con el objetivo de recortar gastos y de mostrar a un Jefe de Estado más llano y cerca de su pueblo. En esa línea el presidente aclaró que usará el mecanismo de la consulta popular para plebiscitar las decisiones más trascendentales de su gobierno. Esa acción, claro, también marca un giro total con respecto a lo hecho por las anteriores administraciones”, puntualiza David de la Paz.

Por último, queda un eje analítico vital para ver hasta dónde lo de López Obrador será continuidad, y hasta dónde cambio: la llamada guerra contra las drogas. La política madre de los gobiernos del PRIAN donde se canalizó la subordinación estratégica a los Estados Unidas, el prohibicionismo y el militarismo como paradigmas antinarcóticos y la cacería sucia, y con la complicidad silenciosa de los medios, contra los oponentes sociales al modelo.

En ese sentido, David de la Paz especula que “AMLO sintetizó cómo piensa encarar la guerra contra las drogas con una frase muy significativa: ‘no se puede combatir el fuego con fuego’. Pero, seguramente, será una tarea difícil. Ya en su primer día de gobierno, hubo 15 víctimas fatales del narco en el Estado de Veracruz. Al siguiente día, los narcos liquidaron a un nuevo periodista. Entonces su estrategia, que se llama Plan Nacional de Paz y Seguridad, contiene ocho puntos pero lo que él enfatiza más es que no se puede responder a la violencia con más violencia. Por eso, AMLO intentará promulgar leyes especiales para evitar las confrontaciones armadas, posibilitar el desarme y la entrega voluntaria de los infractores. A su vez, el gobierno estudia legalizar ciertas drogas. Eso sí, hay que observar con mucho reparo el anuncio de la creación de la llamada Guardia Nacional, que dependerá de la Secretaría de Defensa Nacional y la Policía Federal. La idea de López Obrador es que tenga un protagonismo central en la lucha contra las drogas. Pero, claro, eso sigue colocando al Ejército en un lugar preponderante a nivel interno, algo que es rechazado por la sociedad por todas las tragedias sucedidas”.

 

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