Brasil, experimento mil de la derecha

No es cualquier país del mundo. Es el quinto país más poblado de la tierra (206 millones), el quinto más extenso (8.5 millones de km2), la novena economía mundial, la octava en desigualdad y la primera en asesinatos, con 63 880 anuales, uno cada siete minutos.

Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

Amo y señor del sur, Brasil es el país que Estados Unidos tenía que recuperar. En su percepción realista existen dos prioridades: desaparecer al gobierno de Venezuela y rescatar a Brasil, sobre todo de la influencia china.

Recordemos que el país a recuperar es, según los comentarios del expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, poco antes de iniciarse la cumbre del G20 en Londres, en abril 2009, el que tenía “el político más popular del mundo”. El mismo del que The Economits, la revista conservadora de economía británica, elogiaba su despegue, el respeto por los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), la izquierda sensata y herbívora. Mientras Grecia, Irlanda, España, se deshilachaban con la crisis, Brasil le prestaba U$S 14 000 millones al FMI para su reforma, tratando de ocupar un lugar de privilegio en el directorio(https://goo.gl/ChQzng)

Ese país del presidente que había sacado de la pobreza a 35 millones de brasileños, recibió la observación del establishment que el modelo extractivista había llegado a su fin. Es claro que satisfacer a la bolsa de valores (Ibovespa) y aliviar a las favelas ya no se encontraba en el horizonte del poder brasileño. Si los commodities bajan su precio, la forma de mantener la distribución es tocar el bolsillo de los que más tienen, y eso no va a suceder.

No estamos hablando del usurpador Temer a la presidencia, pero si hay que tener en cuenta a los millonarios que se manejan en helicóptero de rascacielos a rascacielos de San Pablo, determinaron que el nuevo contrato social se hacía con Lula. El PT es Lula, sin él el PT no es nada; si no es con Lula no hay un nuevo contrato social. Entonces, ¡no hay compromiso de gobierno! Menos aun si la idea que Temer, con solo la aprobación del 3% pudo congelar el gasto por 20 años, flexibilizar las condiciones laborales, intentar reforma la seguridad social. ¿Tenía el beneplácito sólo del 3%? ¿Realmente usted lo cree? ¿Necesita más?

También muchos creen que las políticas de odio, la de limpiar a Brasil del comunismo del PT era lo indicado, hasta pidiendo la intervención militar. El Partido de los Trabajadores no solo representa el partido de los corruptos, sino a defraudadores por partida doble. Quedarse con dinero en sus bolsillos, la primera, y cultivar el ocio de sus votantes, la segunda, y quizás la más resonada y suscrita en Sudamérica.

¿Los brasileños son todos fascistas? Bueno, algo extraño hay. Así lo ve un portavoz de de la burguesía de San Pablo en 2013: “Hay que comprender que, pocos años antes, los aeropuertos eran lugares de refinamiento. Con el aumento del nivel de vida de los más pobres, a partir de entonces, las clases medias tuvieron que entrar en las filas al lado de personas que ellas consideraban miserables” (https://goo.gl/9fRpxU). Esta es una mirada, conveniente a los intereses del establishment, pero los brasileños no se volvieron fascistas.

Más aun, los grandes derrotados de la propaganda antidemocrática, el odio a la política, la pérdida de derechos, del desprecio al voto, fue la tradicional derecha de Brasil. Entre el PMDB Y PSDB, sumaban 120 diputados, que se redujeron a 63 en la última elección, casi 50% menos, mientras que el adúltero PT sigue siendo la principal formación del Congreso con 56 diputados.

Uno podría inclinarse a pensar entonces, que la apuesta fue incorrecta, y la verdad los hechos no la desmienten. Es cierto que el mundo está transitando un presuroso camino a los años treinta. Hubo un tiempo cuando los autoritarios eran tomados como bochorno social, solo con imaginar sus pensamientos. Hoy reprochan su timidez pasada y gritan a los cuatro vientos sus ideas reaccionarias, racistas, homofóbicas, misóginas, con un placentero confort. He aquí el centro de la batalla cultural, las políticas del odio.

¿Ustedes creen que se necesita un Paulo Roberto Nunes Guedes para hacer negocios en Brasil? Este pintoresco ignorante de los más simples principios de economía es necesario como instrumentador, y cualquiera lo sería, porque la voracidad por el beneficio los precede.

El golpe de Estado del 2016 lo instrumentó la decadente representación política de Brasil acompañada de los medios. Pero los beneficiarios eran los mismos de la dictadura. Multinacionales, bancos e intereses rentísticos.

El 16 de enero del 2017, es decir, cinco meses después del golpe de Estado de la presidenta Dilma Rousseff (la última votación fue el 31 de agosto de 2016), el apropiador Michel Temer firmó el decreto Nº 8.957, en el que permitía a las trasnacionales tomar crédito en bancos públicos brasileños, subsidiados, siempre y cuando se encuentren pautas en el decreto: telecomunicaciones, hidrocarburos, petróleo y gas, puertos, minerales, etc. Este decreto está asociado, extrañamente, a la Ley 4.131/1962 (https://goo.gl/5Dj5zS).

Bien, las multinacionales y sus socios de Brasil rápidamente comenzaron a estructurar el marco legal para apropiarse de la mayor cantidad del Pre-Sal, de la industria naval de Rio de Janeiro, de la industria alimenticia, de las reservas mineras y, por supuesto, de grandes extensiones de tierra, el agro negocio. Lo sorprendente es que no se necesitó a Bolsonaro y su diatriba para que inviertan en Brasil, con financiamiento de la sociedad brasileña. Lindo, ¿no?

Tampoco se necesitó a los herederos del raído sello económico de la dictadura de Pinochet, para congelar el gasto, de manera de asegurar por 20 años el pago de los intereses a los especuladores brasileños en su deuda interna y externa. Que es preferible desmontar los programas sociales para asegurar más renta financiera. Esta es una misión compartida con la banca.

La banca, por su parte, más allá de los beneficios de los intereses, las refinanciaciones, las emisiones de bonos, los abusos de gastos administrativos, requiere también, para generar inversiones, de una jubilación privada que puedan manejar, como en Chile o en Argentina de los noventa y, por supuesto, si se pueden desmontar los programas sociales y transferir sus fondos por intermedio de los bancos a la renta financiera, bienvenidos.

Como se ve, emergen algunos inconvenientes, y no son económicos, a pesar de exhibirse como tales. La batalla cultural es, quizás, el primer escalón a recuperar. Muy pocas de estas osadías insolentes podrían ser ejecutadas o meditadas con la gente en la calle, en alerta. Que los políticos no nos representan no es nuevo, muy pocas veces lo hicieron, pero si los auditamos, no podrán ni hacer ni decir lo que quieran, porque hacemos política, no los dejamos libres.

Que hay que cambiar las respuestas, está demás decirlo. Quizás tengamos que reinterpretar al mundo para poder dar soluciones a eventos que aún no entendemos. Brasil no se volvió fascista, nosotros los invitamos a pasar. Ahora con educación, con un nuevo discurso y con soluciones innovadoras, los exhortaremos a que se retiren. Ellos tienen un fuerte nexo que los vincula, los beneficios. Nosotros solo la moral y pensar un mundo más justo.

Gentileza: El Tábano Economista

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