Octubre, paredón y después

¿Cuanto más nos espera hasta diciembre?

Por Guillermo Carlos Delgado Jordan para Noticias La Insuperable

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Voy a intentar ser  políticamente incorrecto solo aspirando a decir la verdad. Esa que envuelve la política argentina desde fines de 2015 pero que se ha tapado, o se ha preferido ignorar. El macrismo, tal cual lo conocemos, terminó. Nada hará posible un triunfo, y mucho menos, un retorno de Mauricio Macri a la Casa Rosada. Pero eso no es sorpresa, ni siquiera para él.

Desde el momento en que asumió la conducción nacional del país, Mauricio Macri sabía que tenía un trabajo sucio para hacer y, que una vez realizado, se iría. Lo que no sabía, inicialmente, era cuanto tiempo se podría sostener llevando adelante su Plan de Negocios. Porque siempre se trató de eso, de un Plan de Negocios para un centenar de familias; nunca la base directriz que partía de Cambiemos aspiraba a un Plan de Gobierno y, mucho menos, al logro de las promesas de campaña.

Desde la antesala a las elecciones de 2015 el decir y el hacer pasaron por distintos lados para Macri. La estrategia era sencilla: se diría lo “políticamente correcto” y se implementaría el Plan de Negocios tendiente al logro de la transferencia de ingresos. No importa que ambas cosas fueses contradictorias; el denominado “cerco mediático” que multiplicaría por mil voces cosas que jamás existieron en este gobierno como “transparencia”, “valores”, diálogo”, etc., amortiguaría el impacto en los adormilados cerebros de una inmensa masa de argentinos que, increíblemente, aún hoy justifica medidas como, por ejemplo, el indiscriminado aumento de los servicios que no pueden pagar.

Como dijimos anteriormente, el tiempo de permanencia era la única incógnita que tenía Macri. ¿Cuánto se toleraría? ¿Qué tan rápido se podría avanzar en la transferencia, el endeudamiento, la quita de derechos…? ¿Qué tanto mal se podría hacer en este nuevo “ciclo de destrucción”?

La gran sorpresa que vivió en sus inicios el gobierno, fue la falta de escollos para avanzar. Un peronismo dividido y un radicalismo dócil le permitieron golpear al pueblo a diestra y siniestra sin nadie que pudiese reaccionar con peso, salvo la base del kirchnerismo, demasiado endemoniado en los orígenes del 2016 como para poder hacerle frente.

Pero el tiempo le dio la razón a los “K” y un pueblo, maduro, votó el domingo. Y no solo maduro por lo que votó; maduro porque soportó tolerante durante cuatro años y dentro de un juego democrático al que respetó por más que supiese que le estaban haciendo trampa.

El macrismo terminó. Pero no debemos descuidarnos; 200 años de historia demuestran que siempre están atentos para volver envueltos en nuevas mudas de ropa. Y, sobre todo, debemos estar alertas hasta diciembre, para que no terminen de destruir lo poco que aún queda en pié.

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1 Comment

  1. Perfecta síntesis Guillermo Carlos. Este psicópata -sustentado por párvulos con su ignorancia supina – y su equipo son meros amanuenses de un plan sistemático respecto al megaendeudamiento y a la muy posible hipoteca del lote… 16:30 ahora! escuchando la acusación de este maldito trastornado al Kirchnerismo !!! HAY QUE PEGARLO AL SILLÓN ! ESTE NO SE PUEDE IR COMO EL INÚTIL DEL 2001 ! VA A LOGRAR UNA VIOLENCIA SOCIAL IMPENSADA ! me disculpo por la calentura…

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