Se viene el comunismo

SÁTIRA | Por Onó, el Insuperable ·

Mientras el comunismo avanza a pasos agigantados, un puñado de hombres y mujeres de bien le ponen el pecho a la hoz y el martillo: Laurita, Yamil, Feli, Pato, Edu, Pau… Y el Estadista Mau junto a sus fieles e incondicionales, por supuesto; todos se juegan la vida en redes sociales y pantallas chicas.  Muchos vecinos timoratos, sin embargo, aún no golpean con fuerza suficiente su cacerola, no toman conciencia de la necesidad urgente de conjurar la ominosa avanzada marxista-stalinista.

Algunos hombres de pro, bien pensantes, hasta ayer valientes cruzados de la causa del libre comercio y la propiedad privada, hoy preocupados por las minucias domésticas de la vida de clausura, desatienden la arenga de las huestes del Estadista o no expresan con clara vehemencia en los balcones el terror  al totalitarismo bolchevique del que quieren hacernos víctimas desde la Casa que pronto dejará de ser pink para ser red.

La dupla Fernández-Fernández hizo oportuno el virus para aterrorizar a la gente derecha e incitar a los siniestros a ir por todo. Como se sabe, ya el camporismo leninista saborea las expropiaciones, que irán desde el humilde piso en Barrio Parque hasta el austero mono ambiente en Lugano. Puertas adentro del maoísta Ministerio de Educación K preparan una Revolución Cultural que ¡se jactan! sería la envidia de Zhou Enlai.

Se implementará el lavado de cerebros en los parvularios. Los padres deberán entregar sus retoños al Estado todopoderoso a cambio de una libreta de racionamiento. Volverá la divisa punzó, pero con forma de mostacho. Se prohibirá el uso del vocablo privado y todos sus derivados. La currícula de la educación se importará directamente de La Habana. Todos los hospitales tendrán como director a un médico cubano. 

El grupo de elite del kiciloffismo radicalizado ya recorre la Isla Grande de Tierra del Fuego para recrear una Siberia de purgas ejemplificadoras. Cerro Castor ya no será solaz para sencillos esquiadores que tenían su breve esparcimiento tras el duro trabajo anual: será mazmorra inclemente. Quienes invoquen a Dios, a la familia o a la propiedad serán entregados a  la sádica voluntad de rojos inquisidores que les mostrarán los implementos de tortura antes de hacerlos prosternar ante las gigantografías del bigote albertiano.

El Soviet Supremo parecerá un cuento de hadas ante la élite de burócratas que encabezarán Cris, Albert, Gracia Peñarol, Hannibal y el Cuervo. El sacrosanto campo argentino será dividido en ínfimas chacras comunitarias y nuestros abnegados estancieros serán sometidos al escarnio del trabajo forzado en fábricas de mala muerte. Todo verdor perecerá, hubiera vuelto a decir ante tan siniestro panorama don Eduardo Mallea.

Mientras iluminados como el estadista que conduce Brasil hacia la grandeza mandan al obrero a obedecer al capataz y al peón a su señor natural, mientras Donaldo le planta cara al Covid con productividad, marines en democráticas misiones y traders febriles comprando y vendiendo de sol a sol, nuestro Nikita con piel de cordero fomenta la holganza que le dará su base bolchevique para adorar a Marx sin que el vecino de orden ponga el grito en el firmamento con los decibeles que tanto riesgo ameritaría.

¿Dónde están los periodistas independientes que supieron jugarse el pellejo por el cambio exigiendo preguntar? ¿Dónde está la linda muchachada servicial del PRO que escarmentaba a todo disolvente de feo pensamiento? ¿Dónde está Píter, faro del lirismo juvenil comprometido con el sano capital? ¿Dónde está el equipo de timbreadores que le hacía entender las bondades del librecambismo hasta al mismísimo don Cacho Bochas?

La sombra del marxismo ateo oscurece la patria. La propiedad privada tiembla, el noble inversionista naufraga ante el maremoto totalitario. Los rectos varones que con sacrificios extremos, trabajo arduo e indiscutible honestidad amasaron sus fortunas son heridos con amenazas de impuestos inauditos. ¡Actuemos antes de que la noche se cierre sobre nuestras atemorizadas cabezas! ¡Encaminémonos cacerola en mano hacia nuestros lugares de trabajo!

Nada mejor contra el comunismo en ciernes que la vuelta del menesteroso a sus changas, del mozo a su bandeja, del peón sin rechistar al azadón, de la fámula al lustre de los utensilios de plata, del obrero a la fábrica, del ordenanza a los mandados… Cada uno así se convencerá de que, como dijo Hernández, lo más natural es que “obedezca el que obedece y será bueno el que manda”.

Hay que repetirlo mil veces: el trabajo no sólo ennoblece al proletariado, también lo inmuniza. Dejemos que la copa del esforzado capitalista se llene con la productividad de nuestra mano de obra hasta que algún día desborde. Tataranietos agradecidos, exultantes, se nutrirán de ese maná y honrarán la memoria de sus laboriosos predecesores. La consigna ineludible debería ser: “¡Trabajad el doble para espantar la enfermedad comunista!”. Las cuarentenas plagadas de holganza fomentan el endiablado marxismo. Se sabe. ¿O no?

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