Veranito de San Juan

Una pasión digital que termina como podía preverse.

Por Rafael Laborian para Noticias La Insuperable ·

Las actividades presenciales y virtuales corrieron en paralelo durante muchos años. La profilaxis necesaria para mantener a raya al Covid-19 le dio a la competencia en línea un protagonismo inusitado durante las primeras semanas de cuarentena. Se auguraba una larga primavera ajedrecística en el ámbito nacional.

La superabundancia de torneos, el entusiasmo de los aficionados y la saturación de las plataformas llamaron la atención de los grandes medios que, sin más trámite ni reflexión, convirtieron al juego ciencia en la estrella del deporte en tiempos de aislamiento social. Se decretó el triunfo inapelable del ajedrez aloe vera en el éter argentino casi como acto de justicia divina. Oscuros dirigentes y maestros mediáticos fueron consultados cual oráculos.

Lo que se creía larga primavera, sin embargo, resultó ser fugaz veranito de San Juan. Puede que lo que abunde no dañe pero sí hastíe. E, incluso, indigne. El hastío de innumerables torneos, a toda hora, en ritmos y formatos repetidos. La rutina del blitz que sobrecarga agendas, satura grupos de whatsapp, multiplica invitaciones…

Y las broncas de los aficionados con prometidos premios que nunca llegaban, con las avivadas del establishment criollo que inventa cánones y arancela el ciberespacio en plataforma ajena. En fin, lo de siempre aunque peor, tal vez más indignante en sus miserias. Todo, para colmo, sin la carnada del rating internacional de FIDE.

Ingeniero Mario Petrucci en acción y contemplación

Ni hablar de la improvisación en lo gratuito, con torneos lanzados en ráfaga sin ton ni son ni derecho al pataleo, con organizadores y árbitros que quisieron aprovechar la volada para sacarse de encima  —¡una quimera!—  la bota prebendaria del elenco estable del ingenieri. Ni que decir, tampoco, de los egos en clave de bits, más grotescos que en los —hoy ociosos—  salones de juego pre-pandemia.

El entusiasmo fue así, entonces, efímero. La exclusión del ritmo estándar hizo también lo suyo. Mal que pese a los que ven en los ritmos cortos una panacea, el “pensado” sigue siendo la vara que jerarquiza al ajedrecista. Aficionados rasos, semi-profesionales y profesionales se ordenan de acuerdo con el Elo que obtienen por su performance en partidas estándar válidas para el rating FIDE. El resto, por ahora, es accesorio, complementario en el mejor de los casos.

Lo cierto es que, igual que muchas otras, la actividad ajedrecística real está prácticamente paralizada. Plataformas como Lichees o Chess.com, es cierto, sumaron una importante cantidad de nuevos usuarios que ahora las aprovechan a conveniencia pero que se han desligado del yugo que los acercó. Nada muy distinto a lo que sucede en el resto de los espacios virtuales que aumentaron su tráfico a causa del aislamiento social.

Los puntos oscuros que advirtió Carolina Príncipe en el artículo Cuarentena activa finalmente proyectaron su sombra: se terminó la luz primaveral que tantas fantasías despertara. Avaricia, falta de creatividad, egoísmo, improvisación y petulancia volvieron a desbaratar una oportunidad de expansión cualitativa para el ajedrez argentino. Se trata de una costumbre en este pequeño barco de codiciosos egos exaltados al timón. No debería asombrar a nadie.

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