Murió Colin Cantwell, mente creativa de las naves de Star Wars

Diseñó la Estrella de la Muerte y las naves más icónicas de la saga.

Colin Cantwell, el hombre que diseñó las naves espaciales de las películas de Star Wars, ha fallecido a los 90 años. Su mujer, Sierra Dall, confirmó la muerte el pasado sábado, aunque no especificó el motivo. Los fans de Star Wars son conscientes de que sin el trabajo de Cantwell, la recreación espacial no hubiera sido lo mismo. Entre sus trabajos destacan los prototipos para el caza estelar X-wing, el caza TIE y la Estrella de la Muerte.

Nacido en San Francisco en 1932, Cantwell estudió animación antes de dar el salto a Hollywood. No fueron sus únicos estudios, también asistió a la Escuela de Arquitectura de Frank Lloyd Wright. En la década de 1960 trabajó en el Jet Propulsion Laboratory y en la NASA en programas educativos sobre vuelos. Durante esa década, en 1969, se encargó de alimentar las actualizaciones de Walter Cronkite durante el alunizaje de 1969.

Su gran éxito como divulgador científico y su pasión por la arquitectura lo llevaron a un incipiente y fascinante mundo para él, el de la ciencia-ficción. Empezó con Stanley Kubrick y 2001: Una odisea del espacio, para la que creó muchos de los efectos especiales y persuadió al director de empezar el filme con la mítica secuencia inicial seguida del amanecer de los hombres y el famoso hueso. «Trabajé estrechamente con Stanley (Kubrick) y le convencí de que no empezara la película con una mesa de conferencias de 20 minutos«, declararía Cantwell durante una convención.

Cantwell dio el salto a una de las grandes sagas del mismo género y de la historia del cine en general con Star Wars. Allí trabajó codo a codo con George Lucas y desarrolló los diseños de algunas de las naves más icónicas de la saga. Un diseño sobre el que Cantwell ha tenido que dar explicaciones más de una vez en su vida: «Originalmente no planeé que la Estrella de la Muerte tuviera una zanja, pero cuando estaba trabajando con el molde, me di cuenta de que las dos mitades se habían encogido en el punto en el que se unían por el medio. Me habría llevado una semana de trabajo sólo para rellenar, lijar y volver a rellenar esta depresión. Así que, para ahorrarme el trabajo, acudí a George y le sugerí una zanja«.

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