Mientras Milei ajusta salarios, jubilaciones y gasto social, el ministro de Economía Luis Caputo volvió a endeudar al país con un préstamo de corto plazo por USD 3.000 millones. La plata no va a producción ni a aliviar la economía real: se usa para pagar deuda y sostener el carry trade, dejando en evidencia que el sacrificio impuesto al pueblo fue completamente en vano.
Por Celina Fraticiangi para NLI

El Gobierno nacional confirmó un nuevo acuerdo de endeudamiento externo: un préstamo repo por USD 3.000 millones con seis bancos internacionales, destinado exclusivamente a pagar vencimientos con bonistas que operan este viernes. Otra vez, la misma lógica: pedir dólares para pagar dólares, sin generar ninguna capacidad real de repago.
El Banco Central, conducido por Santiago Bausili, detalló que el préstamo tiene un plazo de 372 días y una tasa del 7,4% anual, y que se otorgó dejando como garantía bonos soberanos BONARES 2035 y 2038. Es decir, se hipotecan títulos del Estado para conseguir liquidez de emergencia, profundizando el círculo vicioso de deuda sobre deuda.
Deuda de corto plazo, presión permanente
Aunque el BCRA intentó mostrar fortaleza señalando que recibió ofertas por USD 4.400 millones, lo cierto es que el monto finalmente adjudicado fue sensiblemente menor al que el propio Caputo había dejado trascender. Lejos de despejar el horizonte financiero, el préstamo agrega presión a los vencimientos de 2026 y 2027.
No se trata de un hecho aislado. El año pasado, Caputo ya había firmado otros dos repos por USD 1.000 millones y USD 2.000 millones, también con vencimientos concentrados en los próximos años. El resultado es un esquema cada vez más frágil, donde cada pago exige un nuevo endeudamiento.
Superado el vencimiento inmediato de USD 4.200 millones, al Gobierno todavía le quedan más de USD 15.000 millones por pagar en lo que resta de 2026. El 9 de julio vencen otros USD 4.200 millones con bonistas, a lo que se suman USD 4.400 millones con el FMI y USD 4.700 millones con organismos internacionales, entre otros compromisos.
El ajuste fue en vano
Todo este esquema deja al desnudo una verdad incómoda: el ajuste brutal que Milei impuso sobre trabajadores, jubilados y sectores populares no resolvió el problema de fondo. No bajó la dependencia financiera ni fortaleció las cuentas externas. Apenas sirvió para garantizar pagos a los acreedores y sostener la bicicleta financiera.
Mientras el consumo se desploma, la industria se paraliza y los salarios pierden frente a la inflación, los dólares que entran al país no se destinan a inversión productiva, sino a alimentar el carry trade, permitiendo ganancias extraordinarias para fondos financieros que entran, especulan y se van.
Un modelo que repite el fracaso
El esquema que hoy ejecutan Milei y Caputo no es nuevo: es el mismo que ya fracasó, dejando más deuda, menos desarrollo y mayor dependencia externa. Endeudarse a tasas altas y a plazos cortos para pagar compromisos previos no es estabilización, es patear el problema hacia adelante.
La pregunta que el Gobierno evita responder es simple: ¿quién va a pagar esta deuda? Porque, como siempre, no serán los bancos ni los fondos especulativos. Será el pueblo argentino, nuevamente ajustado, mientras los dólares siguen yéndose por la canaleta financiera.
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