¿Cómo hicieron la guita los hermanos Caputo? Una historia jamás contada

Los hermanos Caputo, antes de convertirse en desarrolladores inmobiliarios, manejaron una mesa de dinero ilegal donde “acostaron” a un socio.

Por Guillermo Carlos Delgado Jordan para Noticias La Insuperable

Hasta hace solo unas semanas, el común de los argentinos sabíamos de la existencia de “Toto” y “Nicky” Caputo. Al primero de ellos lo recordamos, seguramente, de sus épocas de funcionario macrista y de cuando, a principios de 2018, estalló un escándalo por unas offshore no declaradas, siendo entonces Ministro de Finanzas. A su rescate acudió el jefe de Gabinete, Marcos Peña, afirmando en el “prime time” que el “Toto” era “de las 10 o 15 personas más talentosas en las finanzas en todo el mundo. Jugaba la Champions League, no jugaba en la B, eh. Y dejó todo para venir a jugársela por su país”. Hablamos de ese “Toto” que, precisamente, fue pieza fundamental en el endeudamiento y fuga del gobierno de Mauricio Macri.

El otro, Nicolás «Nicky» Caputo, primo del anterior, es el “hermano de la vida” de Mauricio, su socio empresario y compañero político (fue vicepresidente del PRO durante casi una década). Además, es cabeza del “Grupo Caputo” con empresas como Caputo Construcciones y Servicios, SES SA, Mirgor SA (donde fue socio con Macri) y Sadesa además de ganador compulsivo de licitaciones de obra pública.

Ahora, a raíz del escándalo por los pagos millonarios a “la carpintería” de Jonathan Morel, líder de Revolución Federal investigado en una causa por amenazas a Cristina Kirchner, aparecen los “Caputo Hermanos” y, la pregunta que subyace por debajo es, ¿de dónde sacaron tanta guita estos tipos?

Intentaremos, desde aquí, mostrar y demostrar como, la fortuna que solventa las amenazas a la vida de la vicepresidente, tiene su origen en operaciones rayanas con la ilegalidad.

Los hermanos Caputo son seis, tres hombres y tres mujeres; el mencionado “Toto”, Luis Andrés, es el menor de los varones, siendo los otros dos Hugo Luis Pascual y Flavio Luis Nicolás. De las mujeres, la mayor, es “la decoradora”, Rossana Pía Caputo, sindicada como la que contrató a Morel. Las otras dos, Andrea y María Valeria, parecen, a primera vista, situarse algo más lejos de los negocios familiares.

Nos centraremos aquí en Hugo, Flavio, las caras visibles de la sociedad investigada.

Caputo hermanos SA es constituía por Hugo y Flavio en junio de 2004, una compañía por demás “floja de papeles”, como ha comprobado la IGJ en estos días.

¿Y a qué se dedicaban antes los hermanos Caputo? ¿De dónde sacaron la guita para desarrollar su empresa? Nada que sorprenda: tenían una mesa de dinero ilegal y acostaron a un socio.

Cardenaria

En 1983 se constituyó la firma Bronenberg y Cia, la cual, luego, pasaría a denominarse Cardenaria S.A. El capital de la misma estaba en manos de dos familias: los Aduriz y los Caputo.

Recordarán qe más arriba hicimos mención al “hermano del alma” de Mauricio Macri, “Nicky Caputo. Pues bien, su madre se llamaba Josefa Aduriz. Un hermano de ésta (o sea, el tío de Nicky), Manuel Aduriz, y su hijo Diego Luis Aduriz, serán los socios de Cardenaria junto a los hermanos Hugo y Flavio Caputo. La misma estaba autorizada por la CNV para actuar como “agente extrabursatil”.

Pero a los pocos años todo estalló por los aires. Manuel Aduriz se presenta en el Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción Nº30, Secretaría Nº109, iniciando así la causa N.º 44.010, denunciando a los hermanos Caputo, Hugo y Flavio, por el presunto delito de “defraudación por abuso de confianza.

Según consta en la causa, Hugo y Flavio lograron que Diego Luis Aduriz, el hijo de Manuel, firme diez pagarés en blanco, expresados en dólares, los que luego fueron indebidamente completados como si, al momento de su libranza, Diego Aduriz hubiese obrado como mandatario de su padre.

El punto en cuestión es que, cuando citaron a declarar al hijo, el mismo habló un poco de más. Allí admitió que si bien en la entidad se registraban todos sus negocios como “operaciones extrabursátiles” -para lo que estaban autorizados-, se realizaban también en Cardenaria operaciones financieras de las comúnmente llamadas “mesas de dinero”, aclarando, textualemente que “… eran intermediarios financieros. Es decir recibían el dinero a una tasa menor de la que prestaban. Los inversores entregaban el dinero en efectivo o en cheque, y la sociedad que integra entregaba (esos) cheques propios, o de terceros, como garantía de esas inversiones. Pagada la deuda, se rompían, no existiendo constancia en los bancos porque no se depositaban

Estas declaraciones prendieron las alarmas y desataron una investigación del Banco Central de la República Argentina.

Más aún cuando los propios Hugo y Flavio terminaron aceptando en la justicia que ellos mismos operaban la mesa de dinero, según consta en el Expediente del BCRA N.º 101.470/89, Resolución N.º 40, fechada el 8 de febrero de 2005.

Hugo Caputo hasta llegó a confesar que las operaciones financieras no autorizadas “no quedaban registradas” en documentación alguna; que se “asentaban en una computadora y el archivo de ésta se renovaba cada dos meses” y que así como Cardenaria era una sociedad formal reflejada en libros, existía “una informal no reflejada en libros.

Así como Cardenaria era una sociedad formal reflejada en libros, existía “una informal no reflejada en libros

Hugo Caputo

Cuando sale la investigación del Banco Central, que tomaba como base los dichos de los socios en la causa judicial, Hugo Caputo quiso aclarar… y oscureció. Al respecto aseguró que ellos usaban las oficinas de la empresa para captar fondos de grupos familiares amigos que les pedían consejo, principalmente para los grupos familiares de los Arduriz y los Caputo, para lograr “rendimientos financieros”. Todo esto, obviamente, de manera ilegal.

Con todo esto probado, el entonces Superintendente de Operaciones Financieras y Cambiarias, Jorge Levy, multo a los cuatro socios y los inhabilitó por cinco años. La multa de cada integrante, de $278.800, equivalía a poco más de 95.000 dólares.

Estas sanciones impuestas por infracciones a las normas legales y reglamentarias de orden financiero, fueron reflejadas por el BCRA en la Comunicación “C” 46119, del 23 de agosto de 2006.

Cardenaria y los Caputo apelaron estas sanciones, recurso que recayó en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal, Sala III, pero el Tribunal de Alzada resolvió rechazar los recursos interpuestos, en sentencia dictada el 23 de abril de 2008.

Ante esto, y por Resolución Nº51 del BCRA fechada el 18 de febrero de 2010, el Superintendente de Operaciones Financieras y Cambiarias mantuvo la sanción.

Y así, con la guita de los pagarés del socio estafado y con el manejo de una mesa de dinero ilegal para beneficiar a familiares y amigos, los Caputo se hicieron con el dinero para convertirse en respetables empresarios inmobiliarios, que solventan con pagos millonarios a grupos radicales que amenazan la vida y la integridad de las instituciones.

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