África mía

De Los Leones Indomables cameruneses a los Tiburones Azules de Cabo Verde y Los Leopardos de Congo: nada de méritos, solamente milagros.

Por Rafael Laborian para NLI

Desde el Hincha de Camerún de Caloi hasta las hazañas marroquíes en el Mundial 2022, los seleccionados africanos vienen despertando simpatías entre los amantes del fútbol romántico. E indignación frente a las tropelías arbitrales que varias veces los perjudicaron, como en el recordado partido Camerún vs Inglaterra 1990 en el que Edgardo Codesal se convirtió en un inglés más antes de enamorarse de la camiseta teutona en la final.

Las amargas experiencias acumuladas con el correr de los mundiales forzaron a los africanos a una pérdida de inocencia que los inclinó a pagar con la misma moneda especulativa a los equipos nacionales europeos y sudamericanos tenidos por grandes e incrustados de estrellas. Así, con algo de juego brusco a veces, con esquemas defensivos otras o aprovechando la ventaja psicológica de “ir de punto” ante los soberbios, lograron una pizca de respeto arbitral y periodístico.

Los Leones Indomables cameruneses en 1990 –con el veterano Roger Milla-, Las Súper Águilas de Nigeria en 1994, 1998 –con  Jay-Jay Okocha- y 2014, los Teranga de Senegal en 2002, Las Estrellas Negras de Ghana en 2010 y Los Leones del Atlas marroquíes en 2022 plantaron mojones mundialistas inolvidables en Europa, América, Asia y en su propio continente.

A pesar de los bellos espectáculos que brindaron, de los muchos méritos que hicieron y de las amarguras que superaron con el correr de las décadas, para los seleccionados del viejo continente un simple empate –ni hablar de una derrota- con cualquier combinado africano sigue representando una humillación que abochorna a jugadores y enardece a dirigentes, hinchas y periodistas.

Daría la impresión de que todavía África fuera de ellos. Su “África mía” poco tendría que ver con la melancólica visión de Isak Dinesen en Memorias de África que inspiró a Sydney Pollack. Todavía no pueden concebir jugar de igual a igual, ni siquiera ganar ajustadamente o sentirse obligados al repliegue y sobrellevar el acoso ofensivo rival para sostener una ventaja mínima en el marcador.

Esta vez, es decir: en la Copa Mundial ahora en disputa, en forma tácita hacen causa común con el virulento renacer del espíritu sureño norteamericano: al segregacionismo se suma la añoranza esclavista. La atmósfera supremacista se hace densa entre disimulos y estallidos de incontinencia.

La aparición de Los Tiburones Azules de Cabo Verde en Atlanta dio lugar tanto a esos estallidos como a oportunistas disimulos. Si bien huelga comentar las reacciones de la crítica peninsular a su seleccionado, vale la pena detenerse en la hipocresía oficial de USA que presenta como mérito loable una posible excepción a su infernal política de ingreso al país de visitantes, tan onerosa como humillante:

La historia de Josimar Dias “Vozinha”, el arquero de Cabo Verde que se convirtió en una de las grandes figuras del Mundial 2026 tras liderar el histórico empate 0-0 ante España, sumó un nuevo capítulo cargado de emoción. Luego de revelar entre lágrimas que su madre no pudo acompañarlo en el partido por problemas migratorios y dificultades económicas, autoridades de Estados Unidos anunciaron que facilitarán su ingreso al país para que pueda verlo jugar en la Copa del Mundo. (Revista Encuentro, 17/6/26)

Por otro lado, cabe destacar que el empate del partido Cabo Verde vs España se califica de milagro, hazaña histórica, enorme sorpresa o imposible hecho realidad sin destacar los méritos de un planteo defensivo sin fisuras, con juego limpio récord por parte de Los Tiburones –no del seleccionado de España-,  ni la jerarquía técnica que mostraron jugadores menos mimados que las estrellas ibéricas, a pesar del esperable nerviosismo en su primera incursión mundialista.

Por ahora, Los Elefantes de Costa de Marfil sometieron a Ecuador, Igual que Ghana a Panamá. Se calificó también de milagrosos a los empates de Congo vs Portugal y Marruecos vs Brasil. Todo es sobrenatural si proviene de África, parece. Salvo si sus seleccionados pierden, claro.



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