La increíble historia de la cantante de ABBA víctima de un experimento nazi

La increíble historia de Frida de ABBA, hija de una noruega y un soldado alemán, vinculada al Lebensborn y marcada por el oscuro legado del nazismo.

Por Alcides Blanco para NLI

La revista alemana Bravo publica la verdadera historia de Frida en 1977 – Créditos: @Bravo

Hay historias que parecen escritas para una novela. La de Anni-Frid Synni Lyngstad, conocida mundialmente como Frida, es una de ellas. Durante los años 70 se convirtió en una de las voces de ABBA, el grupo sueco que transformó para siempre la música pop y vendió millones de discos en todo el planeta. Pero mucho antes de los escenarios, los vestidos brillantes y las canciones que se volvieron himnos, Frida nació en una Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial, marcada por una de las políticas raciales más siniestras del nazismo.

Frida nació el 15 de noviembre de 1945 en Bjørkåsen, cerca de Narvik, en el norte de Noruega, seis meses después de la rendición alemana. Su madre, Synni Lyngstad, era una joven noruega. Su padre era Alfred Haase, un soldado alemán destinado en Noruega durante la ocupación nazi.

La historia familiar de Frida quedó atravesada desde el comienzo por la guerra. Su padre regresó a Alemania antes de que ella naciera y durante años la niña creyó que había muerto cuando el barco en el que volvía a su país se hundió. La realidad era otra: Haase había sobrevivido y, décadas más tarde, Frida descubriría que aquel hombre al que había imaginado muerto durante toda su infancia seguía vivo.

Pero el drama no terminaba con el final de la guerra. Para las mujeres noruegas que habían mantenido relaciones con soldados alemanes, la derrota del nazismo abrió otro capítulo de persecución y estigmatización. Y los hijos nacidos de esas relaciones quedaron atrapados en una situación que ellos mismos no habían elegido.

El oscuro proyecto Lebensborn

El nombre que aparece detrás de esta historia es Lebensborn, una organización creada por las SS durante el régimen de Adolf Hitler. Su objetivo inicial era favorecer el nacimiento de niños considerados racialmente “valiosos” para el proyecto nazi de expansión de la población alemana. Las mujeres consideradas aptas desde la delirante perspectiva racial del régimen podían recibir asistencia durante el embarazo y dar a luz en instituciones especialmente destinadas a ese fin.

El programa estaba relacionado con la obsesión nazi por la llamada “pureza racial”. No se trataba simplemente de una política de natalidad: formaba parte de un proyecto eugenésico que pretendía modificar la sociedad sobre la base de criterios raciales.

Con la expansión alemana durante la guerra, el Lebensborn adquirió además una dimensión mucho más siniestra. El régimen comenzó a apropiarse de niños extranjeros considerados racialmente aptos, mientras en los territorios ocupados se fomentaban determinadas relaciones entre soldados alemanes y mujeres que los nazis consideraban racialmente adecuadas.

Noruega ocupó un lugar particularmente importante dentro de esta política. Los nazis consideraban a muchos escandinavos especialmente próximos al ideal racial que pretendían construir. Allí nacieron miles de los llamados krigsbarn, los “niños de la guerra”, hijos de mujeres noruegas y soldados alemanes.

Sin embargo, aquí aparece una precisión histórica fundamental: no está demostrado que Frida haya sido concebida específicamente dentro de una instalación Lebensborn ni que su madre haya sido seleccionada por el régimen para tenerla. Su historia está vinculada al fenómeno de los niños de la guerra y al contexto racial del Lebensborn, pero reducirla a la idea de que fue simplemente “un experimento nazi” puede resultar históricamente engañoso.

Y justamente allí reside buena parte de la tragedia.

De “hija del enemigo” a una de las voces de ABBA

Después de la guerra, el origen de Frida se convirtió en un peligro para su madre y su familia. Synni y su madre Arntine abandonaron Noruega y viajaron a Suecia con la pequeña Frida por temor a las represalias y al rechazo que sufrían las mujeres noruegas que habían tenido hijos con soldados alemanes.

La situación de estos niños fue especialmente cruel porque ellos eran castigados por un conflicto que no habían provocado. En Noruega, muchas madres fueron humilladas públicamente y sus hijos recibieron denominaciones despectivas. Algunos fueron separados de sus familias y enviados a instituciones. Décadas después, el trato recibido por estos llamados “niños de la guerra” se convertiría en una cuestión de memoria y derechos humanos en Noruega.

Para Frida, la tragedia familiar llegó muy temprano. Su madre murió en 1947, cuando la niña todavía no había cumplido dos años, y quedó al cuidado de su abuela Arntine en Suecia. La mujer trabajó como costurera y fue quien crió a la futura estrella de ABBA.

La música apareció como una salida inesperada. Desde pequeña mostró condiciones extraordinarias para cantar. Con el tiempo comenzó a actuar, construyó una carrera como cantante y terminó cruzándose con Benny Andersson, Björn Ulvaeus y Agnetha Fältskog.

El resto pertenece a la historia de la música popular: ABBA se convirtió en uno de los grupos más exitosos de todos los tiempos y Frida pasó de ser una niña marcada por el estigma de la posguerra a una estrella internacional.

Pero mientras millones de personas escuchaban su voz, durante años permaneció oculto un capítulo de su historia familiar.

El día que descubrió que su padre estaba vivo

En 1977, cuando ABBA ya era un fenómeno mundial, una revista alemana publicó información sobre los orígenes familiares de Frida. La publicación terminó llegando a manos de Peter Haase, hijo de Alfred Haase de un matrimonio anterior.

Peter comenzó a investigar y descubrió que aquella cantante famosa era, en realidad, su media hermana.

La consecuencia fue extraordinaria: Frida descubrió que el hombre al que había creído muerto durante décadas estaba vivo.

Con la ayuda de Benny Andersson, pudo finalmente encontrarse con su padre en Estocolmo. El encuentro fue, naturalmente, complejo. No se trataba simplemente de conocer a un progenitor ausente: significaba enfrentarse cara a cara con una parte de su propia identidad que había permanecido oculta desde la infancia.

Alfred Haase murió en Alemania en 2009. Frida, entretanto, ya había construido una vida completamente alejada de aquel pasado.

Su historia también quedó asociada públicamente a la de los Lebensborn children, hasta convertirse en uno de los rostros más conocidos de aquella generación de niños nacidos durante la ocupación alemana de Noruega. El propio nombre de la organización fue utilizado posteriormente por asociaciones de aquellos hijos de la guerra que reclamaban reconocimiento por la discriminación sufrida.

La paradoja resulta estremecedora: el régimen que pretendía fabricar una supuesta raza superior terminó dejando detrás una generación de niños perseguidos por haber nacido del otro lado de la guerra.

Y entre ellos estuvo una mujer que décadas después cantaría para millones de personas en todo el mundo.

La historia de Frida no es solamente la de una estrella de ABBA con un pasado familiar sorprendente. Es también la historia de una niña nacida cuando Europa todavía estaba contando sus muertos, de una madre que tuvo que escapar, de una abuela que la crió, de un padre que creyó perdido y de una identidad que permaneció oculta durante más de tres décadas.

El nazismo quiso convertir la vida humana en una cuestión de sangre, genes y supuesta superioridad racial. La vida de Frida terminó demostrando exactamente lo contrario: ninguna ideología puede decidir qué hará una persona con la historia que le tocó recibir.

De aquella Europa en ruinas surgió una niña que sobrevivió al estigma, perdió demasiado pronto a su madre, creció en otro país y terminó convirtiéndose en una de las voces más reconocibles de la música popular del siglo XX.

Una historia que comenzó entre los escombros del nazismo y terminó sonando en todo el mundo.


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