La Selección argentina arrancó su nueva etapa después del Mundial con una goleada contundente ante Bolivia en el Kempes. Fue 4-0, con goles de Lautaro Martínez, Nico Paz, Cristian Romero y José Manuel López, pero el resultado apenas alcanza para explicar una noche en la que el equipo de Lionel Scaloni dominó pelota, territorio, ritmo y situaciones durante prácticamente todo el partido. Sin Lionel Messi, con Cuti Romero estrenando la cinta de capitán y varios jóvenes ganando protagonismo, la Albiceleste mostró que el recambio no significa empezar de cero: significa sostener una identidad que ya está incorporada y darle lugar a nuevos nombres.
Por Ignacio Elfratini para NLI

El 4-0 no fue producto de un partido trabado que Argentina resolvió con ráfagas de jerarquía. Desde el comienzo hubo una diferencia muy marcada en la iniciativa. Argentina terminó con 68,6% de posesión contra 31,4% de Bolivia, registró 13 remates contra apenas 2 del conjunto boliviano y recuperó la pelota 48 veces, mientras que su rival lo hizo en 44 oportunidades. La diferencia fue todavía más evidente en la primera parte, cuando la Selección llegó al descanso con 77,2% de posesión y cinco disparos contra ninguno de Bolivia. Los números acompañaron lo que se veía sobre el césped: un equipo argentino instalado en campo rival, con los laterales prácticamente convertidos en extremos, circulación constante y una presión que impedía que Bolivia pudiera salir con comodidad.
Un primer tiempo para marcar territorio
Scaloni eligió un equipo con varias novedades y una estructura que permitió combinar experiencia y juventud. Emiliano Martínez; Agustín Giay, Cristian Romero, Lisandro Martínez y Román Vega; Exequiel Palacios y Alexis Mac Allister; Nico Paz y Gianluca Prestianni; Lautaro Martínez y Julián Álvarez fueron los titulares. La formación tuvo un 4-4-2 de base, pero con una dinámica mucho más flexible cuando Argentina tenía la pelota: los laterales se adelantaban, los interiores buscaban posiciones entre líneas y Nico Paz encontraba espacios para recibir de frente.
Durante los primeros minutos, la dificultad estuvo en transformar la posesión en peligro concreto. Bolivia se metió muy atrás, cerró los caminos interiores y acumuló futbolistas cerca de su propia área. Pero Argentina insistió sin perder paciencia. A los 11 minutos, los diez jugadores de campo argentinos estaban en territorio boliviano y los laterales actuaban prácticamente como extremos. A los 19, la presión y la circulación finalmente encontraron el premio: Alexis Mac Allister recibió y filtró para Lautaro Martínez, que se hizo espacio dentro del área y definió cruzado contra el palo para el 1-0.
El segundo llegó diez minutos después y fue una de las mejores fotografías de la noche. Exequiel Palacios profundizó para Nico Paz, que quedó frente a Guillermo Viscarra y resolvió con una definición de enorme categoría, levantando la pelota por encima del arquero. El mediocampista de 22 años no solamente convirtió: durante todo el partido apareció como una pieza capaz de recibir entre líneas, acelerar la jugada, ejecutar pelota parada y conectar con los delanteros. Su producción terminó siendo decisiva: un gol y una asistencia, esta última para el cabezazo de Romero que significó el tercero.
La diferencia pudo ser todavía mayor antes del descanso. Julián Álvarez tuvo una situación clara después de un buen recorte y más tarde quedó nuevamente cerca de convertir tras una pelota parada. Argentina, además, sostuvo una intensidad notable en la recuperación: cada pérdida en campo rival encontraba una respuesta colectiva inmediata. AS registró cinco remates argentinos contra ninguno boliviano durante el primer tiempo y una posesión del 77,2%, una cifra que permite dimensionar hasta qué punto el partido se jugó en los términos elegidos por Scaloni.
El Cuti, capitán y dueño de una noche especial
El segundo tiempo no modificó el guion. Bolivia intentó adelantarse algunos metros, pero Argentina continuó controlando el partido y volvió a golpear rápido. A los 54 minutos apareció Cristian Romero, justamente en la noche en que asumió la capitanía ante la ausencia de Messi. El defensor cordobés atacó una pelota parada ejecutada por Nico Paz y metió un cabezazo cruzado para establecer el 3-0.
El gol tuvo un componente futbolístico y otro simbólico. Romero regresó al estadio Mario Alberto Kempes, donde había debutado profesionalmente con Belgrano una década atrás, convertido ahora en uno de los referentes centrales de la Selección. La elección de Scaloni para la cinta no fue simplemente una cuestión protocolar: en un equipo que comienza a atravesar una etapa de renovación, el defensor aparece como uno de los futbolistas llamados a ocupar un lugar de liderazgo. Y respondió de la mejor manera posible: capitán, firme en defensa y goleador.
Después del tercero, Scaloni empezó a mover el banco. A los 56 minutos ingresaron Leonardo Balerdi, Valentín Barco y Franco Mastantuono por Romero, Prestianni y Paz. Más tarde entraron Santiago Simón, Equi Fernández y José Manuel López, mientras que también tuvieron minutos Valentín Gómez y Leonel Flores. El dato no es menor: la goleada permitió que varios futbolistas jóvenes sumaran experiencia dentro de una Selección que no dejó de competir aun cuando el partido estaba prácticamente resuelto.
El cuarto llegó a los 86 minutos y tuvo otro protagonista que necesitaba esa alegría. José Manuel “Flaco” López, delantero del Palmeiras, aprovechó una acción dentro del área y definió de puntín junto al palo para marcar el 4-0. Fue su primer gol con la camiseta argentina en ocho partidos, después de haber aportado previamente dos asistencias. Además, el delantero había ingresado por Lautaro Martínez a los 75 minutos, por lo que necesitó apenas poco más de diez minutos para dejar su firma en la goleada.
La estadística explica la goleada, pero también el funcionamiento
Los números finales muestran una superioridad muy marcada. Argentina tuvo 68,6% de posesión, 13 remates, 11 recuperaciones más de posesión que Bolivia y solamente un fuera de juego, mientras que la selección boliviana terminó con 31,4% de la pelota y apenas dos disparos. La producción ofensiva argentina también se reflejó en las acciones de pelota parada: consiguió 12 tiros de esquina contra uno de Bolivia, una diferencia que demuestra cuánto tiempo pasó el equipo de Scaloni atacando alrededor del área rival.
Pero hay otro número particularmente significativo: Bolivia no consiguió exigir a Emiliano Martínez. El relato del partido de AS señala que el arquero argentino no tuvo que realizar una sola parada. La Verde prácticamente no consiguió transformar sus escasas posesiones en llegadas peligrosas. Argentina, en cambio, convirtió cuatro de sus principales oportunidades y mantuvo el arco en cero.
También hubo una señal táctica interesante. Argentina no necesitó a Messi para monopolizar la generación ofensiva ni a Rodrigo De Paul para sostener el ritmo del mediocampo. Mac Allister participó en la construcción del primer gol, Palacios asistió en el segundo, Nico Paz marcó uno y asistió otro, Romero convirtió de pelota parada y los delanteros respondieron cuando tuvieron sus oportunidades. Es decir: el peso creativo no estuvo concentrado en un único futbolista.
Y allí aparece la noticia más importante de la noche. No se trata solamente de haberle ganado 4-0 a Bolivia en un amistoso. Se trata de que la Selección comenzó a probar su futuro sin renunciar al presente. Nico Paz fue titular y decisivo; Mastantuono ingresó en el complemento; Barco volvió a tener minutos; Leonel Flores debutó; Valentín Gómez también tuvo su estreno; Santiago Simón y Equi Fernández se sumaron a la rotación. El equipo sigue teniendo a Lautaro, Julián, Mac Allister, Palacios, Lisandro, Romero y Dibu, pero alrededor de ellos empieza a crecer una camada que reclama su lugar.
La goleada del Kempes, además, llegó en una situación especial: Argentina volvió a jugar después de un Mundial en el que terminó subcampeona y lo hizo sin Messi, que tendrá su despedida ante Benín el próximo 6 de octubre en el Monumental. Antes, el equipo de Scaloni tendrá otro compromiso frente a Burkina Faso. La serie de amistosos funciona así como un laboratorio para una nueva etapa, pero el mensaje de Córdoba fue claro: el campeón de América y del mundo que construyó Scaloni puede cambiar nombres sin cambiar su manera de jugar.
Argentina ganó 4-0, pero dejó algo más que una goleada. Dejó señales. La pelota siguió siendo argentina, la presión siguió siendo argentina, la búsqueda del arco rival siguió siendo argentina y ahora aparecen nuevos nombres para continuar una historia que todavía no terminó. Sin Messi esta vez, con el Cuti como capitán y Nico Paz como gran protagonista, la Selección abrió oficialmente una nueva página. Y la escribió con cuatro goles.
Argentina 4-0 Bolivia. Lautaro Martínez (19′), Nico Paz (29′), Cristian Romero (54′) y José Manuel López (86′). Una goleada, sí. Pero sobre todo, una presentación con varias respuestas para lo que viene.
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