El modelo de corrupción PRO

Por Alejandro Enrique para Nuestras Voces

La corrupción sistémica no genera indignación fulminante. Tampoco puede mostrarse con imágenes del alto impacto. Sus consecuencias corroen día a día el bienestar de la mayor parte de la población, pero lo irreparable del daño sólo se verifica en el mediano plazo, cuando se impone la reconstrucción por encima de la denuncia.

En palabras de Aldo Ferrer, “consiste, principalmente, en adoptar decisiones y políticas que generan rentas privadas espurias, no necesariamente ilegales ni directamente redituables para quien las adopta, que perjudican el interés público”. La corrupción circunstancial, impactante pero asistemática, es el arma predilecta de los medios interesados en debilitar gobiernos o demonizar partidos.

La gran cantidad de frentes y canales de la burocracia estatal hacen que la corrupción sistémica se escape como agua entre los dedos del periodismo predispuesto a mostrarla públicamente. Su mecánica lleva a modalidades discursivas y relacionales que exigen una paciente decodificación. Demanda, por otro lado, tiempos extraños al ritmo mediático al que estamos acostumbrados. Obliga, de alguna forma, a mostrar la cáscara sin llegar al núcleo: nepotismo, incompatibilidades, aberraciones éticas… Es decir, sólo aquello que genera tibias condenas pasajeras. Explicarla y divulgarla implica tanto o más esfuerzo que combatirla. El flujo de la corrupción sistémica es, entonces, subterráneo, ramificado, con destellos ambiguos en la superficie.

La mecánica de la corrupción lleva a modalidades discursivas y relacionales que exigen una paciente decodificación. Demanda, por otro lado, tiempos extraños al ritmo mediático al que estamos acostumbrados.

El gobierno de Cambiemos tiene la impronta del PRO, su estrategia y su management, el mismo que adoptó el modelo de corrupción sistémica asimilándolo a un modelo de negocios tan intrincado como la arquitectura de las redes societarias off-shore. Por eso la estructura del Estado se ensanchó, ramificó y subdividió como nunca.

En este paradigma, es un terreno a explotar hasta su agotamiento. Las prácticas de ensayo se llevaron a cabo gradualmente en la Ciudad Autónoma. En la Nación el ritmo es acelerado. Podría afirmarse, a estas alturas, que sus mentores tienen claro que el modelo es a plazo fijo y que el tan declamado cambio cultural es sólo una base operativa para extender su vencimiento.

El modelo es antiguo. No se trata de un PRO creativo y original. Más bien se trata del uso de viejas herramientas, calibradas para el siglo XXI. Y una explotación más descarada de los intereses de los medios de comunicación con mejores posiciones, sin que esto sea novedoso más que en las formas. La impunidad, al fin y al cabo, parece asegurada. Quedará algún chivo expiatorio, como es costumbre, para sellar un ciclo más de restauración depredatoria. El interrogante está fundamentalmente centrado en saber a quién o a quiénes les tocará reconstruir. Y en qué fecha.

@ale_enric

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