Engalanar el ajuste

Por Alejandro Enrique para La Insuperable

El rasgo distintivo del gobierno actual, panacea de minorías, es un ajuste sostenido que no se limita a lo económico. Sus efectos inciden en áreas sensibles de la vitalidad ciudadana, que languidece al ritmo de mantras, denuncias tautológicas y cánticos motivacionales.

El ajuste dispara anticuerpos en cada uno de los sectores perjudicados, resistencias defensivas ante la inminencia del despojo. Como su desarrollo es constante pero su dinámica estratificada, no afecta en simultáneo ni con igual intensidad a todos los sectores. Las reacciones, por ende, no coinciden en tiempo, espacio y modalidad. Así resulta sencillo atribuirlas a una resistencia al cambio,  rótulo falaz que funciona a la perfección desde hace décadas en el ámbito empresarial. Una simpleza retórica, centrada en una palabra y sus derivados, que el marketing ha incorporado a la política hasta el punto de hacerla coincidir nominalmente con la alianza que hoy gobierna. Entre cambio y ajuste, en rigor, no existe ninguna relación necesaria.

Inherente a la existencia humana, el cambio no precisa guía de cultores ni de estrategas, menos aún de políticos que se nieguen como tales mientras cultivan las más rancias prácticas del oficio, se presentan como gestores y declaman como pastores dominicales. La dinámica cambiante de la vida, existencial y material, es un punto de coincidencia entre las corrientes filosóficas más diversas, incluso entre las de oriente y occidente. El ajuste, por el contrario, no tiene nada que ver en el asunto. Transferencias de recursos vertiginosas, precarizaciones y pérdidas de derechos y libertades son el resultado de decisiones políticas que un sector privilegiado de Argentina, poderoso económicamente, esta vez impone desde una legitimidad formal alcanzada por obra de engaños preelectorales acompañados de viles promesas.

El cambio-centrismo

La realidad mensurable, el análisis del presente, son el talón de Aquiles que resguarda el cerco, corralito o blindaje mediático, metáforas que evocan la rústica poética del periodo aliancista. Los términos ajuste y flexibilización ya no son efectivos como eufemismos: su verdadero significado no escapa al común de la ciudadanía. Por eso sinceramiento y modernización  se unieron al séquito retórico del cambio —quimera a futuro, azote y comodín del día a día— para reforzar la impostura. Complementariamente, el sistema discursivo cambio-centrista tiene planetas verbales bien conocidos: equipo, diálogo, transparencia, mérito, competitividad, inversión, optimismo, consenso, unión, eficiencia, orden, felicidad, gestión… Y el antónimo universal a toda esta construcción, reducido a una letra: K.

El triunfo de un accionar discursivo tan rudimentario no se explica únicamente por el apoyo irrestricto de los medios concentrados, previo y posterior a diciembre de 2015. Hay elementos preexistentes. Antes de la modalidad comunicativa que Julio Blank denominó “periodismo de guerra”, ya venía desarrollándose en otros ámbitos la imposición de un lenguaje perfeccionado a fines de la década del ochenta, ligado a la etapa del auge de las justificaciones teóricas del neoliberalismo. Una intelectualidad opaca, surgida del entramado de organizaciones con intereses confluyentes encaró la tarea de vulgarización de una retórica pseudocientífica a través de fundaciones, ONG, consultoras, universidades privadas  y un sinnúmero de entidades, organismos internacionales y locales.

El idioma del cambio, la innovación y el trabajo en equipo, por citar una muestra de los lugares comunes que se repitieron a los largo de tres décadas, ganó las aulas de la educación superior de grado, posgrado de especialización y maestría. Cabe preguntarse cómo pudo alcanzar legitimidad académica esta disciplina híbrida, generalmente asociada al apelativo “gestión”. Tal vez la explicación vaya por el lado del predominio de un cientificismo de fachada, extendido más allá de lo tolerable. La empresa y las organizaciones, como objeto de estudio, avalarían su presencia transversal. También la fe en la existencia real e independiente de la ciencia de la administración.   

Los circuitos de capacitación de personal, excluidos de las formalidades académicas, se plegaron con igual pasión a la cruzada: desde el ejecutivo de baja incidencia táctica hasta el vendedor por catálogo recibieron esta impronta instruccional. En el plano asistemático, la apertura del género de autoayuda hacia el emprendedurismo, las revelaciones de gurúes y líderes del mundillo financiero, ya sea en soportes tradicionales o multimedia, contribuyeron a insertar en el nivel coloquial el oropel terminológico del hoy reinante cambio-centrismo. Tratándose de un corpus de ideas inconexas, tanto el análisis riguroso como los enfoques de las ciencias sociales y las humanidades son desestimados o recortados a la medida del aforismo más persuasivo.

Think tanks, usinas de lo viejo

Muchas fundaciones, con aura de neutralidad en el imaginario tradicional, vienen desarrollando sin pausa el necesario ajuste discursivo de los cuadros políticos de derecha. Pensar, el think tank más emblemático, vio la luz de la formalidad en 2005 como una fundación independiente de estudios políticos que, más tarde, en 2010, se sinceró como espacio de adoctrinamiento y propaganda PRO. Discurso, financiamiento espurio y diseño de estrategias comunicacionales son los pilares posmodernos de la flamante restauración conservadora, representada por “un gobierno que combina un liberalismo de amigos a nivel económico y un macartismo desbocado a nivel político”, de acuerdo con la caracterización de Manuel J. Becerra (1).

El laboratorio del lenguaje, con un sostén propagandístico desaforado, crea la realidad virtual que los medios adictos no alcanzan a sostener sin el auxilio oficial de la censura y la represión, reguladas al calor de los focus group pero, fundamentalmente, acopladas al ritmo de las urgencias de un modelo atado al endeudamiento y, por ende, al beneplácito de los actores más encumbrados del estrellato financiero internacional. Las reformas previsionales, los nuevos tarifazos y la precarización laboral están en el candelero de un ajuste impiadoso, arduo, sólo postergado a raíz de las inminentes elecciones legislativas. Advertencias como las de Facundo Gómez Minujín, del JP Morgan, abundan: “El gobierno tiene que encarar estas reformas ya mismo porque si no el mercado se lo va a facturar a más tardar en un año”.

Así las cosas, habrá que ver si las herramientas del ilusionismo serán suficientes para engalanar el ajuste. O si contarán con la precisión necesaria para ornamentarlo de acuerdo con los cronómetros especulativos del capitalismo financiero. Las promesas del porvenir parecen haber llegado a su punto de saturación. No sólo los mercados presionan con demandas a corto plazo, el gobierno también se ha sobrecargado de deudas con una sociedad que, tal vez, no esté tan alegremente dispuesta a refinanciar la confianza como suponen los ideólogos del cambio.

 

1.       “CAMBIEMOS Y LA SOBERANÍA EDUCATIVA”. En: Revista Panamá, 20/02/17. http://panamarevista.com/cambiemos-y-la-soberania-educativa/

Citado por Heller, Carlos: ”PRESUPUESTO: OCULTANDO EL AJUSTE ESPERADO”. Tiempo Argentino, 23/09/17.  https://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/71021/presupuesto-ocultando-el-ajuste-esperado-por-carlos-heller

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