Laura Alonso: ética, delito y relaciones transitivas

¿Es posible probar corrupción en el gobierno de Cambiemos?

Por Guillermo Carlos Delgado Jordan

Dentro de la Matemática, se conoce como relaciones transitivas a aquellas en las que siempre que un elemento se relaciona con otro y este último con un tercero, entonces el primero se relaciona con el tercero. Es la que el profesor no explicaba diciendo, por ejemplo, que si “a” es igual a “b” y “b” es igual a “c”, entonces, “a” es igual a “c”.

En Lengua, mientras tanto, se llaman verbos transitivos, a aquellos donde la acción recae en forma directa en alguien o algo diferente de quien realiza la acción. Por ejemplo, “Eligieron a su empresa”.

Etimológicamente originada en el vocablo latino “transitivus”, la palabra transitivo alude a aquello que transita, o sea que pasa de uno hacia otro. La que incursionó primero en el uso político del término fue la mandamás de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, quien allá por mediados de 2016, a raíz de un “posible” conflicto de intereses en relación al Ministro de Energía Juan José Aranguren esgrimió: “Tener acciones de una empresa no es necesariamente un conflicto de intereses. Por eso le pedimos a todos los funcionarios que no tomen ninguna decisión, que deleguen la firma hacía arriba o hacia abajo”. Con esto, la señora que vela por la limpieza de los actos de los funcionarios de gobierno, blanqueó ante la opinión pública que la Ley de Ética Pública tiene un carácter transitivo negativo que permite eludirla:

Si Pepito trabaja para el Ministro y si el Ministro trabaja para la Empresa Privada. Pepito NO trabaja para la Empresa Privada y puede firmar lo que el Ministro le diga”.

Esta declaración que generó numerosas críticas públicas pero ninguna enmienda y que se sigue dando naturalmente, afecta solo a lo que daríamos en llamar, una relación transitiva directa, de sencilla visualización dado lo acotado de los implicados: “a”, “b” y “c” o Pepito, Ministro y Empresa Privada.

¿Pero qué sucede cuando las letras llegan hasta la “z” o aún más? ¿La cantidad de sujetos intervinientes en la operación diluye la responsabilidad ética de los integrantes? Antes de adentrarnos en dar respuesta a estas preguntas debemos adentrarnos en el análisis de la conformación de la burocracia gobernante de Cambiemos.

Ya en algunos artículos previos hemos abordado dicho tema. A mediados de 2016, en el libro de investigación Los Primos sentamos las bases para su estudio: allí hacíamos mención a que los funcionarios del gobierno de Cambiemos componen “una compleja red de redes” tendiente a controlar, dirigir y acrecentar los negocios de sus miembros y de aquellos a los que representan. Decíamos entonces: “Nombramiento tras nombramiento, fueron ingresando al Estado un sinnúmero de hombres y mujeres vinculados a las antiguas familias Patricias argentinas (relacionadas principalmente al negocio agropecuario) que dominaron el siglo XIX y junto a ellos, otro sector perteneciente a las familias empresarias y comerciantes que lo hicieron el en siglo XX. Con un lento “trabajo” de alianzas matrimoniales, ambos grupos se fusionaron constituyendo el segmento que muchos autores denominan como “Los Dueños de la Argentina”: poseen no solo el “ilustre apellido”; además, son propietarios del campo, del aparato financiero y de la industria nacional.

Una pregunta que muchas veces se hace es cómo puede ser que un determinado grupo socioeconómico que representa un pequeño porcentaje del electorado se imponga en elecciones limpias ante una inmensa mayoría a la cual, dicho grupo, no representa con las medidas que va a adoptar. Una de las múltiples respuestas que se puede esgrimir apunta a afirmar que, tomando el concepto de Lucha de Clases, los integrantes de la clase alta, a diferencia de los de la media y la baja, poseen un grado de identificación prácticamente total con la clase de la cual forman parte. Son clase alta y quieren ser clase alta, mientras que los estamentos inferiores, muchas veces, son clases aspiracionales: quieren formar parte de la clase inmediata superior; subir un escalón. Por ende, muchos integrantes reniegan de lo que son y en su intención, consciente o inconsciente de ascender, traicionan los principios de sustento de su propia clase, llevándolos muchas veces a respaldar modelos que no solo perjudican al grupo que conforman sino que, en reiteradas ocasiones, produce el efecto contrario al deseado alejándolo aún más de su objeto de deseo.

Por el contrario, la clase alta, más allá de ciertas rispideces que pueden tener sus integrantes entre sí, conforman un grupo homogéneo en el sentido de que, sus miembros, tienen plena conciencia de que el beneficio del grupo que integran repercute en el beneficio particular de sus miembros. Y es ahí entonces, cuando la relación transitiva indirecta entra en acción para el logro del objetivo primordial del grupo, eso que lo alimenta y lo une: latransferencia de ingresos de los sectores populares a sus bolsillos.

Supongamos que A, B y C son funcionarios y A´, B´y C´sus respectivos parientes y/o amigos. A su vez, “a”, “b” y “c” los asistentes de cada Ministro.

Supongamos también, entonces, que “c” contrata para determinada tarea a la empresa de B´. ¿Existe conflicto de intereses? No. ¿Se viola la ley de ética pública? Tampoco.

¿Y qué sucedería si, simultáneamente, “b” contrata a la Empresa de A´ y “a” a la de C´? Tampoco habría conflicto de intereses ni violación de Ley alguna. Si Laura Alonso con su “Metodología de Delegación” anuló en su concepción de hecho corrupto la violación de la Ley cuando el hecho en cuestión se da de manera vertical, qué más puede argumentarse cuando los hechos se dan presentan horizontalmente y se diluyen entre múltiples actores.

Si el hermano de un Director del Ministerio de Desarrollo Social obtiene un contratopor 240 millones de pesos por parte del Ministerio de Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires no hay delito.

Si el amigo del Presidente obtiene contratos por 285 millones en cinco días tampoco hay delito.

Si Aerolíneas Argentinas contrata los hoteles del primo del Jefe de Gabinete tampoco lo hay.

Si estas realidades se multiplican por cien, o por mil, tampoco lo hay. Por más que se muestren una y mil veces las relaciones transitivas, ningún Juez condenaría por hechos como estos a nadie. Y es que los mismos son solo manifestaciones de una clase social que sabe que hace siglos viene ganando una batalla y que en el horizonte no vislumbra derrotas ante una oposición que reniega de su condición y donde el mensaje impuesto del sueño americano, repleto del individualismo que marca el “salvate a ti mismo”, es su mejor arma.

Pues, como decía el Martín Fierro, “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera”.

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